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Camilo Fuster, miembro de la Sección de Ecografía de la Sociedad Española de Medicina General

En las mujeres más jóvenes, la ecografía es más útil que la mamografía

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: martes 25 mayo de 2010

Imagen: CONSUMER EROSKI

La ecografía es más útil que la mamografía para estudiar la mama de las mujeres jóvenes y distinguir diferentes tipos de lesiones. Los médicos de atención primaria, bien formados y con suficiente tiempo, podrían realizar esta exploración. Sin embargo, la técnica todavía no está muy extendida en los centros de salud, aunque poco a poco se implanta en distintas autonomías. La patología benigna de la mama y todas las cuestiones relativas al uso de la ecografía para su diagnóstico son el eje temático de esta entrevista a Camilo Fuster, miembro de la sección de Ecografía de la Sociedad Española de Medicina General (SEMG) y médico titular de atención primaria en Polop de La Marina (Alicante).

¿Es muy frecuente la patología benigna de la mama?

Es probable que más del 50% de las mujeres, y hasta el 70%, desarrollen durante su vida algún tipo de patología o molestia en la mama, como nódulos (bultos pequeños), dolor o mastitis. En ocasiones, también pueden tener secreciones por el pezón, inflamaciones o problemas en la piel, pero lo más común es el dolor y los bultos.

¿Son más habituales estos problemas en alguna etapa de la vida?

Las molestias más frecuentes se registran, sobre todo, entre los 25 y los 50 años, en la época fértil de la mujer. Empiezan en la pubertad y la menarquia (primera menstruación). La patología más frecuente en la etapa juvenil son los fibromas pequeños, mientras que, a partir de los 30 ó 35 años, son más frecuentes los quistes.

¿A qué se debe la patología benigna de la mama?

“Es probable que más del 50% de las mujeres desarrollen durante su vida algún tipo de patología o molestias en la mama”

La mayoría se relaciona con los cambios hormonales originados por la ovulación y la menstruación. Esa proporción entre hormonas (estrógenos y progesterona), que durante el ciclo menstrual cambia, tiene una repercusión en la mama que se traduce en forma de nódulos o dolor.

De la misma forma que la lactancia materna parece tener un efecto protector del cáncer de mama, ¿es posible que también preserve de la patología benigna?

Algunos estudios indican que las mujeres que dan de mamar tienen menos riesgo de padecer cáncer, aunque la lactancia materna genera otro tipo de problemas, como las retenciones o las mastitis. En cuanto a la patología benigna, no hay evidencia científica.

¿Hay algún perfil de mujer más propenso a la patología benigna de la mama?

“Las mujeres fumadoras son más propensas a desarrollar patología benigna de mama”

No hay ningún perfil respecto a la patología benigna ni maligna. Las mujeres fumadoras son más propensas, pero tampoco está demostrado con estudios de entidad suficiente ni con un número apto de personas. Hoy por hoy, no hay un perfil aceptado o reconocido por el que podamos asegurar que una mujer de un grupo étnico o características sea más propensa a padecerla.

¿Se tarda en diagnosticar la patología benigna de la mama?

Se tarda demasiado, tanto en el diagnóstico de la patología benigna como maligna. La patología de la mama es un aspecto del que el médico general no se ocupa porque no tiene medios a su alcance para poder estudiarla. Si una paciente acude a la consulta porque tiene dolor en la mama, segregaciones por el pezón o un bulto, el médico se limita a palparle la mama, pero no sabe si tiene un quiste o un tumor maligno en desarrollo. La opción a su alcance es derivar a esta paciente al ginecólogo o a unidades de la mama y pedir una mamografía, una prueba que es de utilidad después de la menopausia, pero que antes pierde datos y no permite observar bien qué ocurre dentro de la mama, de forma que da una falsa tranquilidad.

Entonces, ¿qué hay que hacer?

“El tejido conjuntivo es difícil de visualizar con la mamografía”

En las mujeres más jóvenes, la ecografía es más útil que la mamografía, ya que permite distinguir las lesiones sólidas de las líquidas, entre los tejidos que componen la mama. Las mujeres jóvenes tienen más cantidad de tejido conjuntivo y fibroso y, por eso, tienen el pecho más turgente y duro. A medida que avanza la edad, a los 30 años, su estructura sufre determinados cambios. Después, con la menopausia, este tejido conjuntivo, que estaba tenso, se vuelve más graso y blando y el pecho se descuelga. El tejido conjuntivo es difícil de visualizar con la mamografía, mientras que con la ecografía se pueden ver también los lóbulos y conductos que forman la mama. Sin embargo, para sacar el máximo rendimiento de esta prueba, el estudio ecográfico debe hacerse lóbulo a lóbulo.

¿Se hace así en la actualidad?

No, por ello creo que hay que aprovechar más este recurso. El sistema de la ecografía empezó entre los años ochenta y noventa gracias al radiólogo Michelle Teboul, un investigador de la mama que descubrió que los conductos de cada lóbulo se visualizan con la ecografía, si se orientan bien las ondas y se colocan de forma perpendicular sobre ellos, de manera que el tejido esté longitudinal. En cambio, si se realiza un barrido con la ecografía, el resultado es el mismo que con una mamografía. Es mejor realizar esta exploración lóbulo a lóbulo y conducto a conducto, aunque el médico tiene que emplear más tiempo (esta exploración tarda de 30 a 40 minutos e, incluso, hasta una hora) y es un proceso mucho más lento y más exhaustivo porque cada mama tiene de 15 a 20 lóbulos y, dentro de estos, están los conductos.

¿Se ha implantado ya la ecografía en los centros de atención primaria?

Se empieza a utilizar en los centros de atención primaria de varias comunidades como Andalucía, Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Aragón. Si se extendiera a todo el territorio, cualquier paciente con dolor, molestias o un bulto, que acudiera a su médico de familia, podría salir con un diagnóstico. Con la ecografía, podría discernir entre una lesión líquida, sólida, alteraciones u otros signos de alarma. Genera mucha angustia tener un bulto en la mama. Cuando se registra un caso de cáncer en una comunidad de vecinos, en la familia o lo padece alguna persona conocida, las mujeres empiezan a palparse las mamas con más detenimiento y es fácil que les ronde por la cabeza que ellas también podrían estar afectadas. Cuando acuden a una revisión, a menudo, tardan semanas o meses hasta que les entregan el resultado. Este largo proceso incide en su calidad de vida.

¿Cuáles son los retos en el diagnóstico de la patología benigna de la mama?

“Los quistes y los fibromas tienen un bajo riesgo de conversión en patología maligna”

Ante todo, conocer bien la anatomía de la mama porque, a pesar de que se estudia en la carrera de medicina, el médico no llega a dominarla. Después, aprender a realizar la ecografía y a utilizarla en atención primaria. Los ecógrafos son los ojos del médico. Es una tecnología que nos permite ver qué ocurre dentro del cuerpo humano. Hace 2.500 años, desde la época de Hipócrates, que se empezaron a aplicar la palpación y la percusión. Hipócrates miraba e inspeccionaba a sus enfermos. Hemos seguido igual hasta hace 200 años, cuando se comenzó a utilizar la auscultación. Desde entonces, el médico ha usado el fonendoscopio hasta hoy, cuando disponemos del ecógrafo, que permite visualizar qué ocurre dentro del cuerpo. A pesar de que ha sido un camino largo, hay que insistir en que se instaure en la atención primaria.

¿Es una prueba inocua?

Completamente inofensiva. La mamografía utiliza los rayos X, por lo que tiene limitaciones de uso, mientras que la ecografía se aplica incluso a embarazadas, sin ningún perjuicio o efecto secundario. En el caso de la mamografía, quizá se ha magnificado demasiado, desde su utilidad hasta su inocuidad.

¿Es aconsejable que la mujer se realice una ecografía de la mama cada cierto tiempo?

“En el caso de la mamografía, quizá se ha magnificado demasiado, desde su utilidad hasta su inocuidad”

Siempre que tenga alguna molestia y siempre que la mujer lo solicite. Es como ir al dentista: se acude por alguna molestia, pero hay que hacerse también revisiones de manera sistemática. Los hallazgos de la ecografía por los que hay que estar más agradecidos son esos que no se esperan. A una persona se le realiza una ecografía abdominal por problemas intestinales y se descubre que tiene un aneurisma de aorta, entidad en que la rotura es el primer síntoma. Por eso, una exploración en algún momento de la vida es útil, más que de manera sistemática, es recomendable de vez en cuando.

ORIGEN DE LA PATOLOGÍA BENIGNA Y MALIGNA

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Imagen: Wikimedia

¿Puede la patología benigna de la mama convertirse en patología maligna? La respuesta es afirmativa, aunque se desconoce la razón, según Camilo Fuster. “En el estudio de la mama es fundamental conocer bien su anatomía para reconocer los cambios que se generan en ella”, afirma. La mama es una glándula que segrega leche, formada por alrededor de 12, 15 ó 17 pequeñas glándulas (el número es variable) o saquitos denominados lóbulos y separados entre sí. Cada uno de ellos contiene un sistema de canales. “Podríamos pensar en la mama como en una margarita, formada por el pezón, en el centro, y alrededor de éste unos pétalos, que en vez de ser planos, tienen volumen. Así serían las glándulas donde están los conductos galactóforos, que segregan la leche materna”, explica de forma gráfica Fuster.

En su mayoría, ya sea benigna o maligna, la patología se origina en los lóbulos y en los conductos galactóforos, que se congestionan durante el ciclo menstrual y, en ocasiones, originan secreciones que se reabsorben y no salen al exterior. En algunos casos, éstas se vuelven muy duras y pueden obstruir y dilatar los conductos que, cuando se palpan, son pequeños tubos dilatados (como en forma de gusano). Otras veces, esas dilataciones ocurren en uno de los lobulillos, que se obstruyen, se dilatan y se forman los quistes, rellenos de líquido. Las hiperplasias de la mama ocurren porque salen nuevas capas de células (2, 3 ó 5 capas) que aumentan su espesor.

Las hiperplasias pueden causar patologías benignas y malignas. Otros tipos de lesiones, como los quistes, las estasis y los fibromas, tienen un bajo riesgo de conversión en patología maligna, mientras que los papilomas, pequeñas verrugas en las paredes de los ductos lácteos (o conductos galactóforos) y los lobulillos, pueden dar lugar a hiperplasias más focales (con forma de cabeza de alfiler), que tienen más riesgo de malignización.


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