Entrevista

“En el párkinson hay un cambio radical: ahora buscamos tratamientos para frenar su progresión, no solo para tratar los síntomas”

Beatriz Tijero, neuróloga de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital de Cruces en Barakaldo (Bizkaia)
Por Francisco Cañizares de Baya 11 de abril de 2022
Beatriz Tijero neuróloga Cruces
Imagen: Hospital Universitario de Cruces
El párkinson es, tras el alzhéimer, la enfermedad neurodegenerativa más frecuente. Siete millones de personas conviven con ella en el mundo, entre 120.000 y 150.000 en España. El médico británico James Parkinson la describió en 1817 con el nombre de “parálisis temblorosa”. Dos siglos después, el abordaje de la enfermedad se encuentra en un momento clave: el tránsito hacia tratamientos que frenen su progreso. Con motivo del Día Mundial del Párkinson, que se celebra cada 11 de abril en conmemoración de la fecha del nacimiento de su descubridor, la neuróloga Beatriz Tijero explica el futuro y el presente de la enfermedad. Uno de los avances incorporados en las últimas décadas y del que pueden beneficiarse algunos pacientes es una intervención quirúrgica para tratar los síntomas motores. La doctora Tijero, de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Universitario de Cruces (Bizkaia), responde a la entrevista minutos antes de entrar al quirófano.

¿En qué pacientes con párkinson está indicada la intervención quirúrgica?

Los requisitos es que estén cognitivamente bien, no tengan pérdidas de memoria y hayan transcurrido cinco años desde el diagnóstico. Los pacientes con párkinson tienen falta de dopamina en unos circuitos neuronales y el tratamiento convencional consiste en proporcionársela a través de un tratamiento oral, pero en ocasiones no surte efecto. Entonces, tenemos que dar más medicación y aparecen efectos secundarios, por ejemplo, fluctuaciones en el estado motor. Ahí es donde entra en juego la estimulación cerebral profunda mediante la colocación de unos electrodos que corrigen esos problemas.

Un paciente puede preguntarse «por qué me ha tocado a mí». ¿Conocemos los factores que predisponen a la enfermedad?

Todavía no. Sí conocemos que hay factores genéticos predisponentes. Hay un subgrupo de pacientes que tienen mutaciones en determinados genes que les confieren mayor riesgo de padecer la enfermedad, pero la causa fundamental subyacente no se conoce.

En enfermedades como el cáncer ha habido grandes adelantos en los últimos años. Sin embargo, parece que en las neurológicas hay cierto estancamiento. ¿Es una impresión o responde a la realidad?

Igual no son tan llamativos como en el cáncer, pero en el párkinson también hay muchos avances. Se investiga mucho y ahora estamos en un paso cualitativo muy importante. En el párkinson hay un cambio radical: ahora buscamos tratamientos para frenar su progresión, no solo para tratar los síntomas. Es un paso clave porque el objetivo es evitar que se vayan degenerando más neuronas.

¿Qué puede aportar el conocimiento cada vez mayor de la genética del párkinson?

Gracias a él sabemos mucho más de esta patología. Ya no hablamos de una enfermedad, sino de subtipos de párkinson asociados a mutaciones y de tratamientos más individualizados.

¿El estrés desempeña algún papel en la evolución, empeora los síntomas?

El estrés influye en la progresión de todas las enfermedades porque con frecuencia hace que nos abandonemos y nos prestemos menos atención a nosotros mismos. Eso conduce a comer peor o a dejar el ejercicio físico, aspectos tan importantes en muchas patologías. En relación con el párkinson, el estrés por sí mismo no va a producir una mayor degeneración neuronal.

¿Por qué hay cada vez más casos?

No creo que la incidencia esté aumentando, sino que conocemos mejor la enfermedad y la diagnosticamos mejor. Los pacientes identifican ahora con más facilidad los síntomas.

¿Qué importancia tiene un diagnóstico precoz?

Es importante, sobre todo, para poner en marcha estrategias para abordar mejor la enfermedad, además de comenzar cuanto antes el tratamiento farmacológico. En el párkinson es importante el ejercicio físico, los hábitos regulares o una alimentación equilibrada. En centros como el Hospital de Cruces el diagnóstico precoz nos permite también proponer a algunos pacientes que participen en ensayos clínicos con fármacos que buscan parar la progresión de la enfermedad. No les podemos ofrecer un tratamiento que esté comercializado, pero sí ensayos.

¿Esos hábitos regulares de los que habla incluyen también un cumplimiento terapéutico exhaustivo?

Por supuesto, es clave. Tomar de manera ordenada la medicación y seguir la pauta terapéutica hace que se minimice el riesgo de complicaciones a largo plazo.

El ejercicio físico ha pasado a ser un componente básico en el tratamiento de muchas enfermedades. ¿Qué efectos tiene en el párkinson?

Es una patología con muchas manifestaciones motoras, rigidez muscular, lentitud y torpeza de movimientos. El ejercicio físico hace que los pacientes mantengan mucho mejor su aparato locomotor, y además, durante la actividad se liberan endorfinas que proporcionan un sentimiento de bienestar. No hace falta correr una maratón. Un ejercicio de intensidad media, regular y reglado ha demostrado mejorías muy claras.

¿Cuál es el pronóstico de un paciente al que hoy se le diagnostica párkinson y cómo ha evolucionado en los últimos 20 años?

Es difícil establecerlo porque no hablamos de una enfermedad. Hay distintos subgrupos y los pacientes evolucionan de manera muy diferente. Ahora se está estudiando por qué hay pacientes en los que el avance es más rápido y otros presentan síntomas más leves. El párkinson no te va a matar, tienes que convivir con él y el objetivo es que lo hagas de la mejor manera posible.

¿Cómo pueden ayudarle en eso los equipos multidisciplinares de profesionales?

El trabajo en equipo es fundamental para que mejoren los síntomas que están perjudicando la calidad de vida de un paciente. Además de las manifestaciones motoras, como problemas para caminar o lentitud, hay un montón más: problemas de memoria, emocionales… El abanico es tan amplio que en su abordaje es bueno que participen fisioterapeutas, rehabilitadores, psiquiatras o piscólogos. Por otra parte, en la cirugía es imprescindible un equipo multidisciplinar compuesto por especialistas en neurocirugía, radiología, neurofisiología, anestesia, urología, etc.

¿Qué retos supone para la familia del enfermo? ¿Pesa mucho esa mochila de un familiar con párkinson?

La enfermedad altera la calidad de vida y muchos pacientes se ven limitados y necesitan la ayuda de un cuidador. Es muy importante que se les preste atención al entorno familiar, en especial que se le proporcionen cuidados desde el punto de vista psicológico. En este aspecto las asociaciones de pacientes son fundamentales. Forman y ayudan en la convivencia diaria, saben cómo hacerlo, algo que se nos escapa a los profesionales de la medicina.

Optimismo contenido sobre la posibilidad de una vacuna contra el párkinson
Gracias a las vacunas, numerosas enfermedades han desaparecido y otras muchas, como la covid-19, han sido controladas. El ejemplo más llamativo de una infección borrada del mapa es el de la viruela. La mortalidad en adultos alcanzaba el 30 % y entre los niños se elevaba hasta el 50 %. Sin embargo, gracias a una vacuna, la Organización Mundial de la Salud la declaró oficialmente erradicada en 1979.

¿Podría ocurrir lo mismo en unos años con el párkinson? Es una de las vías de investigación más prometedoras. Su mecanismo de acción no difiere del de otras muchas vacunas. “Utiliza un anticuerpo que va contra una sustancia que se está propagando en las neuronas para intentar frenarla”, explica la neuróloga Beatriz Tijero.

Los investigadores y los clínicos son optimistas, pero es un optimismo moderado. La razón es que no quieren levantar expectativas que luego se vean defraudadas, como señala la especialista del Hospital de Cruces: “Las investigaciones hay que tomarlas con mucha precaución porque en otra enfermedad neurodegenerativa, el alzhéimer, la vacuna no ha sido lo exitosa que se esperaba”.