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Terapia ecuestre

Montar a caballo, además de ser una práctica deportiva, es una de las terapias más beneficiosas para discapacitados físicos y psíquicos

La práctica de ejercicios con caballos se ha consagrado como una alternativa terapéutica en el mundo desde mediados de los años 50, a raíz de la participación de una amazona afectada de poliomielitis, Liz Hartel, en los Juegos Olímpicos de Helsinki. A finales de los años 80 se comienza a utilizar en España para aplicar técnicas reeducadoras sobre personas disminuidas, inadaptadas o discapacitadas. Las características del caballo, su carácter y el modo de relacionarse con el hombre permiten, según los expertos, trabajar aspectos físicos y psicológicos con el paciente de forma única. Es un complemento a las terapias tradicionales, un tratamiento alternativo cuyos beneficios eran ya conocidos en la antigua Grecia.

En expansión desde hace más de 50 años

Los griegos aconsejaban practicar equitación para mejorar el estado anímico de los enfermos incurables. Hipócrates, en el año 460 antes de Cristo ya hablaba del “saludable trote de los caballos”, según indica Javier Alonso Zaldívar, presidente de la Asociación de Zooterapia de Extremadura. En el siglo XVII se utilizaba para combatir la gota, y en 1875 el neurólogo francés Chassiagnac descubrió que el movimiento del caballo era capaz de mejorar el equilibrio, el movimiento articular y el control muscular de sus pacientes y concluyó que montar mejoraba su estado de ánimo y era beneficioso para los pacientes con trastornos neurológicos. Su consagración como alternativa terapéutica no llegó, sin embargo, hasta mediados de los años 50, a raíz de la participación de una amazona afectada de poliomielitis, Liz Hartel, en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Su actuación en las Olimpiadas, por la que obtuvo la Medalla de Plata en Doma Clásica, “abrió los ojos al personal médico sobre los beneficios de la monta a caballo”, comenta Sònia Romera, maestra de Educación Especial y Psicomotricista, y directora del Centro Hípico Adaptado Mas Aragó, en Tarragona. Esta terapia alternativa empezó su implantación en España a finales de los años 80 y actualmente se encuentra en expansión. En el resto de Europa (Italia, Francia, Alemania, Portugal?) es un método de gran tradición, que incluso está subvencionado por el Gobierno.

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¿Pero por qué utilizar el caballo y no otro animal? La respuesta, según Alonso Zaldívar, es muy sencilla: este animal ofrece el único tratamiento por medio del cual el paciente está expuesto a “movimientos de vaivén muy similares a los que realiza el cuerpo humano al caminar”. La terapia con caballos utiliza este movimiento como herramienta terapéutica, y el paciente se ve obligado a reaccionar frente a una serie de estímulos producidos por el trote del caballo. Sònia Romera explica que la principal diferencia entre la terapia asistida por caballos y la terapia asistida por otros animales, que aportan también múltiples beneficios, pero que no ofrecen la particularidad de que el paciente se pueda montar en ellos, se halla en tres principios que se dan simultáneamente a lomos de un caballo

  • La transmisión del calor corporal del cuerpo del caballo al jinete: El calor corporal del caballo es de 38ºC y una vez ejercitado puede llegar a alcanzar 38, 8ºC. Como el cuerpo del caballo genera más calor que el del ser humano podemos beneficiarnos de él como si fuera un instrumento calorífico que ayuda a relajarse y distender la musculatura espástica (excesivamente rígida).
  • La transmisión de impulsos rítmicos: El caballo transmite al cuerpo del jinete, a través de su dorso, de 90-110 impulsos rítmicos que estimulan reacciones de equilibrio y producen una agradable sensación por su efecto mecedora, lo que contribuye también al bienestar psíquico y emocional del jinete.
  • La transmisión de un patrón de locomoción similar al de la marcha humana: La biomecánica del paso del caballo es muy similar a la del ser humano. Cuando eleva los miembros posteriores por debajo del centro de gravedad, la grupa y el lado del dorso en el que el posterior está elevado descienden ostensiblemente. Esto sucede de forma alterna al paso en 4 tiempos y al trote en 2. Este movimiento se transmite a la pelvis del jinete y es como “si anduviera sentado”.

No hay una única terapia ecuestre para que un enfermo se beneficie de este movimiento, sino varias técnicas que se aplican en función de las necesidades de cada enfermo, explica Pedro Lechuga Mallo, desde la Fundación Carriegos, que cuenta con uno de estos centros hípicos adaptados en León.

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