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La timidez en la adolescencia

La ansiedad y la falta de confianza en uno mismo, los principales obstáculos

¿Recuerda sus primeras conversaciones con el sexo opuesto? ¿No se atrevía a dar el primer paso? La timidez afecta con mayor frecuencia y de forma más intensa a los adolescentes, un segmento de edad que atraviesa en esos años grandes cambios. Se hacen nuevos amigos y se inician nuevas relaciones. Los expertos aseguran que esta reacción de inseguridad se vence gracias al aprendizaje. Conozcamos la opinión y el consejo de cinco psicólogos sobre este tema tan consultado y al mismo tiempo tan sencillo de solucionar, según los especialistas.

Motivos de su aparición

La timidez es un rasgo de la personalidad que todos tenemos en mayor o menor grado y que se muestra de manera más acusada en ciertos momentos. “Es una reacción de inseguridad que aparece cuando la persona entra en contacto con situaciones que implican relación con otros”, indica la psicóloga Almudena Porres Salces. Suele afectar en mayor medida a determinados tipos de personalidad, por ejemplo, es más habitual cuando coinciden “la introversión, un cierto grado de hermetismo y dificultades de comunicación, o cuando en la infancia ha faltado confianza y afecto por parte de los padres”, señala Teresa Pont, vicepresidenta de la comisión deontológica del Colegio de Psicólogos de Cataluña.

Los adolescentes constituyen uno de los grupos más afectados por la timidez, según Antonio Cano Vindel, profesor titular de la Universidad Complutense de Madrid y Presidente de la Sociedad Española para el estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). “En esta etapa se agudizan los problemas de la timidez por tres motivos”:

  • Porque se ha dejado de ser un niño y no se tienen bien aprendidos los nuevos roles sociales.
  • Debido a los cambios que experimenta el propio cuerpo, hecho que puede llegar a provocar problemas de aceptación de la nueva imagen corporal.
  • A causa de los cambios hormonales, que se encuentran relacionados con las emociones. Por esta razón se da una mayor incidencia de la vergüenza y de la irritabilidad.

Tanto la predisposición genética como el entorno social de los primeros años de vida son determinantes en el origen de la timidez, expone Cano Vindel. “En la timidez pueden influir factores genéticos -como la introversión- o factores del aprendizaje, ya que desde pequeños se van aprendiendo una serie de comportamientos en el entorno del niño y no es lo mismo tener padres introvertidos que extrovertidos. También aparecen emociones propias del aprendizaje social, como la vergüenza. Nos socializan, y aunque siendo bebé no hubiera importado estar desnudo, a un niño de 7 u 8 años le puede dar vergüenza”.

Respecto al origen de la timidez, cada vez más expertos coinciden en destacar que la influencia del entorno es mayor. Explican que si el niño vive en un entorno acogedor, tendrá menos posibilidades de ser tímido. “En las experiencias precoces de la vida, si la criatura percibe que es deseada, querida y recibe una base de estabilidad afectiva y seguridad en sus necesidades básicas, tendrá una mayor confianza en sí misma”, argumenta Pont.

Las causas de la timidez en la adolescencia suelen ser distintas que en otras etapas de la vida. Incide por igual tanto en chicos como en chicas. “Por ejemplo, en el adolescente se produce una desconfianza en uno mismo porque la personalidad todavía no está conformada; o temores porque todavía no se han adquirido demasiadas habilidades sociales”, explica Porres Salces.

En líneas generales, la timidez puede surgir por “una sobreprotección familiar, debido a un ambiente familiar autoritario, una situación escolar en la que los niños se sientan menospreciados o por una circunstancia social en la que se sientan infravalorados por sus iguales. Estas experiencias provocan en la persona una sensación de bloqueo que les impide enfrentarse a situaciones sociales”, explica la psicóloga Mónica Elorza.

La timidez no es sinónimo de introversión. Las personas introvertidas son personas que se concentran en su mundo interior y que no necesitan relacionarse con los demás. “La diferencia fundamental es que el tímido no sabe cómo relacionarse con los demás y el introvertido no lo necesita, es decir, no busca relacionarse con el resto”, señala Elorza.

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