La «píldora» que detecta sangrado intestinal: ¿una alternativa a la colonoscopia?

La colonoscopia es la técnica más eficaz e indicada para localizar pólipos y prevenir el cáncer colorrectal, pero un equipo de investigadores trabaja en una “píldora” que identifica el sangrado en el intestino
Por Sonia Recio 16 de febrero de 2026
colonoscopia
La detección precoz de patologías intestinales suele depender de pruebas invasivas o poco agradables como la colonoscopia. Por eso, en la última década, varios grupos científicos han explorado alternativas menos molestas, como el uso de bacterias modificadas genéticamente que actúan como biosensores capaces de reaccionar ante señales químicas asociadas a lesiones internas. El problema es que administrar estas bacterias por vía oral no resulta sencillo: muchas no sobreviven al ácido del estómago, pueden alterar la microbiota o generan dudas de seguridad. Para sortear estas limitaciones, se ha diseñado un sensor ingerible que las protege durante su paso por el aparato digestivo. A continuación te contamos más acerca de esta “píldora”.

Detectar el cáncer colorrectal a tiempo: la importancia de los cribados

Según las estimaciones de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), en 2026 se diagnosticarán en España cerca de 302.000 nuevos casos de cáncer. De estos, casi una cuarta parte (73.903 casos) tendrán origen en el aparato digestivo. Entre todos los tumores, el cáncer colorrectal seguirá siendo el más frecuente, con 44.132 nuevos diagnósticos.

Uno de los principales problemas del cáncer colorrectal es que no suele causar síntomas en sus fases iniciales, lo que retrasa el diagnóstico y reduce las opciones de tratamiento. Por eso los programas de cribado son esenciales: permiten detectar lesiones antes de que aparezcan señales de alarma.

cómo se previene el cáncer de colon
Imagen: iStock

En España, todas las comunidades autónomas ofrecen a la población a partir de los 50 años la posibilidad de participar en estos programas mediante el test de sangre oculta en heces (TSOH). Es una prueba sencilla e indolora, que puede realizarse en casa y se recomienda repetir cada dos años. Si el resultado es positivo, se aconseja la realización de una colonoscopia.

¿Cuándo se prescribe una colonoscopia?

La colonoscopia permite examinar el interior del colon y el recto y se utiliza para:

  • Prevenir el cáncer colorrectal, detectando y extirpando pólipos.
  • Investigar sangrados digestivos cuyo origen podría estar en el colon.
  • Estudiar alteraciones persistentes del ritmo intestinal, como diarrea crónica o estreñimiento prolongado.
  • Analizar anemias por déficit de hierro, cuando se sospecha una pérdida de sangre oculta.
  • Realizar seguimiento en personas con antecedentes de pólipos o cáncer.
  • Explorar dolores abdominales crónicos sin causa clara.
  • Confirmar hallazgos anómalos en radiografías, ecografías o TAC.

¿Cómo se realiza una colonoscopia?

La colonoscopia permite obtener información que otras pruebas, como radiografías o ecografías, no siempre ofrecen. El procedimiento suele durar entre 20 y 60 minutos y, por lo general, se lleva a cabo con sedación intravenosa para que el paciente no sienta molestias.

Para que la exploración sea eficaz, el intestino debe estar completamente limpio. En los días previos se recomienda una dieta específica y, el día anterior, evitar los alimentos sólidos y tomar un laxante que vacíe el colon. 

como se hace una colonoscopia
Imagen: PonyWang / iStock

Durante la prueba, el médico introduce por el ano un colonoscopio: un tubo fino y flexible con una cámara en su extremo. El dispositivo recorre el intestino grueso y parte del delgado, enviando imágenes en directo a un monitor. Además de observar, el médico puede tomar biopsias o retirar pólipos en el mismo acto.

Nuevas vías para diagnosticar sin recurrir a una colonoscopia

En la actualidad, no existe ninguna prueba que pueda reemplazar completamente a la colonoscopia para confirmar o descartar lesiones en el colon. Sin embargo, como es una técnica molesta, los investigadores llevan tiempo buscando métodos menos invasivos que permitan detectar problemas intestinales sin necesidad de introducir un endoscopio.

En los últimos años, varios equipos científicos han explorado el uso de bacterias modificadas genéticamente como biosensores vivos, capaces de detectar señales químicas asociadas a lesiones internas. El principal problema radica en su administración por vía oral: muchas no sobreviven al ácido del estómago, pueden interferir con la microbiota o plantean dudas de seguridad.

Para superar estos obstáculos, un equipo de la Universidad de Ciencia y Tecnología del Este de China ha desarrollado MagGel-BS, un sensor ingerible que encapsula bacterias modificadas en un hidrogel magnético. Esta especie de “píldora” está diseñada para identificar marcadores vinculados a enfermedades gastrointestinales, como el hemo, un componente de los glóbulos rojos cuya presencia indica sangrado interno. 

Hasta ahora, el dispositivo se ha probado únicamente en ratones. En estos experimentos, las microesferas fueron capaces de detectar hemorragias en cuestión de minutos tras su excreción. Además, en animales sanos, el sistema demostró ser biocompatible y no provocó efectos adversos, un aspecto fundamental para su posible desarrollo futuro en humanos.

¿Puede la “píldora” reemplazar a la colonoscopia?

Aunque los resultados iniciales son prometedores, por el momento esta técnica aún no puede sustituir a la colonoscopia. Según los autores del estudio, el dispositivo presenta limitaciones importantes: no se ha probado en humanos, solo detecta señales indirectas —como sangre oculta— y no permite visualizar lesiones, tomar biopsias ni extirpar pólipos, funciones esenciales de la colonoscopia.

El avance es preliminar y está lejos de su aplicación clínica, pero muestra el potencial de estas tecnologías como complemento futuro. “Proporciona un nuevo paradigma para la detección rápida y no invasiva de enfermedades gastrointestinales”, afirma Ying Zhou, coautor del estudio. Los investigadores confirman además que, modificando las bacterias, podría ser posible diseñar sensores para otros biomarcadores relacionados con inflamación crónica, daño del epitelio intestinal o incluso tumores.

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