Entrevista

«Cada vez se entiende mejor que no se prescriba un antibiótico para tratar muchas infecciones»

Juan González del Castillo, coordinador del Grupo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES)
Por Francisco Cañizares de Baya 3 de noviembre de 2023
Juan González del Castillo
Imagen: SEMES
En marzo de 2024 se cumplirán 80 años de la llegada a España del mayor descubrimiento del siglo XX, la penicilina, que abrió la era de la antibioterapia y cambió radicalmente la medicina. Cuatro años después, en 1948, su descubridor, Alexander Fleming, aprovechaba su visita a Madrid para hablar de lo que denominó «el uso irreflexivo» del medicamento en el tratamiento de infecciones que no lo requerían. Las sociedades científicas y las autoridades sanitarias intentan hoy atajar las consecuencias de ese uso irreflexivo durante décadas, «una amenaza de salud pública», en palabras de Juan González del Castillo, coordinador del Grupo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) y jefe del Servicio de Urgencias del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.
¿Qué consecuencias tiene emplear de forma inadecuada los antibióticos?

La consecuencia fundamental es que fomenta la aparición de resistencias a los antibióticos. Hay que tener en cuenta que cuando prescribimos cualquier medicamento conseguimos un efecto sobre el paciente, sin embargo, cuando prescribimos un antibiótico tenemos un efecto sobre el paciente, pero también sobre la flora comunitaria, un efecto global. Además, el mal uso de un antibiótico da lugar a que el paciente no obtenga beneficio y sí pueda obtener las secuelas derivadas de un mal uso. Los antibióticos, como cualquier medicamento, tienen efectos adversos y afectan de forma importante en la flora intestinal del paciente.

Si los antibióticos supusieron un salto adelante enorme en el avance de la medicina, ¿cómo puede incidir en ese progreso que dejen de ser un arma terapéutica efectiva?

A principios del siglo XX las infecciones bacterianas eran la principal causa de muerte y, actualmente, a raíz del desarrollado de la antibioterapia, eso ha cambiado radicalmente: la mayor mortalidad corresponde a las enfermedades cardiovasculares y al cáncer. Es un hecho a tener en cuenta porque no disponer de antibióticos adecuados puede conducirnos a tiempos pretéritos. 

¿Es algo previsible a medio plazo?

Está lejos de que ocurra, pero es cierto que cada vez hay más pacientes con bacterias multirresistentes difíciles de tratar. Se calcula que en Europa mueren por esta causa 33.000 personas al año y en España 4.000. El número de afectados alcanza los 300.000 en Europa. Por tanto, el problema no es que nos vayamos a quedar sin herramientas terapéuticas, sino que cada vez sean más frecuentes las infecciones multirresistentes y tengamos más pacientes con malos resultados clínicos en términos de mortalidad o de discapacidad.  

¿Hay grupos de población más vulnerables que otros a las bacterias multirresistentes?

Sí, los pacientes que tienen ingresos hospitalarios repetidos, aquellos que pasan por varios ciclos de antibioterapia o los que sometemos a terapias inmunosupresoras, por ejemplo, para tratar un cáncer. También son más vulnerables los portadores de dispositivos, como los marcapasos o las válvulas cardiacas, o las personas con prótesis de rodilla, cadera u otras. Todos estos elementos se emplean en personas normalmente de edad avanzada y acumulan comorbilidades (varias patologías) que hacen que tengan un mayor riesgo. 

La Unión Europea instó en 2011 a los estados miembros a implantar planes de lucha contra las resistencias bacterianas. ¿Cómo ha evolucionado la situación desde entonces?

En España, el Plan Nacional Frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) dependiente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha estado trabajando mucho y bien en fomentar el adecuado uso de antibióticos. Ha desarrollado los programas de optimización del uso de estos medicamentos que se han instaurado tanto en los hospitales como en los centros de atención primaria. 

¿Seguimos siendo campeones de Europa en echar mano de los antibióticos como si fueran caramelos?

En los últimos años se ha avanzado mucho y se ha logrado una reducción importante en el uso inadecuado de terapias antibióticas. Estábamos a la cabeza de Europa y ahora ocupamos el séptimo lugar. No obstante, queda mucho camino por recorrer. 

¿Qué recomendaciones incluye el PRAN?

Tiene indicaciones sobre el buen uso de los antibióticos en dos sentidos fundamentalmente. En primer lugar, no utilizarlos para tratar patologías infecciosas no producidas por bacterias porque no producen beneficios. El objetivo es minimizar el uso donde la etiología (origen) de la infección es un virus. Y en segundo lugar, si es bacteriana, el plan incluye recomendaciones para estrechar el espectro lo más posible. Es decir, en la medida de lo posible, evitar el uso de antimicrobianos de amplio espectro, que fomentan las resistencias, cuando no es necesario en el paciente. 

¿Han surtido efecto las campañas sobre el uso responsable de antibióticos dirigidas a la población general? 

En general, sí. La población está cada vez más concienciada de que el antibiótico no siempre es necesario y que hay patologías infecciosas que no lo requieren. Es verdad que en la práctica clínica todavía tenemos que dar explicaciones exhaustivas a muchas familias y pacientes en este sentido. Me da la sensación de que la percepción de la población ha cambiado mucho y cada vez se entiende mejor la no prescripción de un antibiótico para tratar muchas infecciones.

¿Ha ayudado que en las farmacias no se dispensen sin receta?

Sin duda. Que se faciliten sin receta es algo muy excepcional porque la dispensación de medicamentos está sometida a una regulación muy estricta. Es muy difícil tener acceso a antibióticos sin receta. El uso inadecuado se produce más porque un paciente puede acumular dosis en casa sobrantes de otros episodios y eso invita al autoconsumo.

Los médicos son los encargados de prescribir los tratamientos. ¿Prescriben antibióticos inadecuadamente? 

Los médicos siempre estamos aprendiendo e, indudablemente, como en todo campo de la medicina, los hay más expertos en unas cosas que en otras. En atención primaria o en urgencias somos médicos generalistas donde vemos cualquier tipo de patología y eso hace que a veces se pierda finura en llegar al último detalle. Por eso es importante disponer de algún especialista con quien consultar en los casos más complicados. 

¿Disponen de ese recurso de forma habitual?

Sí, tanto en los hospitales como en los centros de atención primaria existen equipos PROA integrados por distintos profesionales, entre ellos farmacéuticos. Estos equipos son fundamentales en el manejo de pacientes graves o en aquellos que requieren antimicrobianos especiales, porque aportan conocimiento a los médicos asistenciales que están en primera línea. Permiten elegir el mejor antibiótico para tratar una infección grave o complicada y determinar la posología a utilizar.

¿Tiene la impresión de que los médicos generalistas son una especie de superhéroes a los que se exige estar al tanto de lo último?

Es muy importante tener a los médicos formados en las últimas novedades y concienciados en el buen uso de estos medicamentos. Por eso es importante hacer cursos de formación continuada y libros, así como actualizar los protocolos. La ciencia médica evoluciona sin parar y es bueno hacer recordatorios a los médicos generalistas sobre aspectos más específicos con respecto a las enfermedades que tratan.

En el peor de los escenarios, que las resistencias hagan ineficaces estos medicamentos en un paciente, ¿hay alguna alternativa terapéutica?

Al final siempre encontramos un recurso con algún antibiótico modificando la dosis o la forma de administración, pero los resultados clínicos son peores cuando tratamos bacterias multirresistentes

En algunas áreas terapéuticas hay avances continuos. ¿Por qué se investiga menos en nuevos antibióticos?

En los últimos años sí ha habido bastante desarrollo de nuevos antimicrobianos, pero ha sido menor que en otros medicamentos. Tiene que ver con que la industria farmacéutica, que es quien los desarrolla, necesita un retorno económico. Estamos hablando de tratamientos que se emplean en la fase aguda de una enfermedad, y no son tan rentables desde el punto de vista económico como los que se usan en enfermedades crónicas que el paciente va a tomar durante mucho tiempo.

¿Hay tratamientos médicos que ayudan a prevenir las resistencias antibióticas?

Las vacunas ayudan a prevenir las infecciones virales y estas, a veces, se complican con infecciones bacterianas, sobre todo, en pacientes con más comorbilidades. En ese sentido, reduciendo la incidencia de las infecciones virales con vacunas reducimos indirectamente las complicaciones bacterianas que puedan aparecer. 

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