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“La medicina moderna no es sostenible sin antibióticos y eso implica un uso responsable de estos medicamentos”

José Miguel Cisneros, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas, Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla

La penicilina está considera por muchos como el medicamento más importante jamás descubierto. Se estima que ha salvado más de 100 millones de vidas. Su hallazgo por Alexander Fleming en 1928 marcó el inicio de la era de los antibióticos que permitieron el control de las infecciones bacterianas y, neutralizado ese riesgo, facilitaron el desarrollo de muchas ramas de la medicina, como los trasplantes. Sin embargo, el abuso de estos medicamentos pone en jaque el progreso de la ciencia médica. José Miguel Cisneros, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas, Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, alerta en esta entrevista del peligro de no dar a este problema la importancia que entraña para la salud pública.

España juega el campeonato del mundo de consumo de antibióticos. ¿Somos más vulnerables a las bacterias o los empleamos mal?

Hacemos un mal uso de estos medicamentos. No hay ninguna justificación epidemiológica ni clínica que diga que los españoles somos más vulnerables a las infecciones que los suecos, por ejemplo, que registran consumos mucho más bajos. Tampoco se conoce una predisposición genética que avale que tengamos más frecuencia de infecciones y más necesidad de antibióticos que otros países.

¿Qué importancia tiene la resistencia a los antibióticos y cómo afecta a los pacientes?

Es un problema muy grave. Diversas estimaciones, entre ellas una realizada por la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) en 2018 y 2019, estimaba que en esos años morirían en España en torno a 30.000 personas con infecciones por bacterias multirresistentes a los antibióticos. De seguir así, en Europa habrá en 2050 un millón de muertes por esta causa cada año.

¿Las bacterias están ganando la batalla a la medicina?

En la guerra biológica entre la especie humana y las bacterias disponemos de un arma maravillosa, los antibióticos, que han salvado millones de vidas. Pero las bacterias se defienden generando resistencias, haciéndose fuertes frente a estos medicamentos. A mayor uso de antibióticos, mayor riesgo de resistencias. Eso ha conducido a esta paradoja: tenemos más antibióticos que nunca, pero se hace difícil tratar a algunos pacientes por las resistencias que se han generado.

¿Si sigue esta deriva, algunas de las enfermedades que ahora conocemos, como la neumonía, pueden ser intratables?

Lo son ya. Las ocasionadas por Klebsiella pneumoniae registran una mortalidad del 50 %, que es un porcentaje de la era preantibiótica. Por eso es tan importante actuar con determinación. Sin embargo, por las medidas que se han tomado, no parece que hayamos conseguido trasladar la magnitud del problema.

¿Quiénes son los responsables de esta situación?

Aquellos ciudadanos que los consumen mal o recurren a ellos sin tener que hacerlo, algunos farmacéuticos que los dispensan sin receta, los médicos que los prescriben inadecuadamente y los políticos que no sitúan el problema en la agenda política.

¿Funciona mucho el autoconsumo?

Es uno de los hábitos que nos ha llevado a esta situación. Hay personas que se dejan llevar por la recomendación de un familiar: “Tómate esto, que a mí me fue bien”. Por otra parte, algunos pacientes incumplen el tratamiento prescrito. Si el médico les ha indicado que tomen el antibiótico durante cinco días, por ejemplo, dejan de tomarlo a los dos si ven que ya han mejorado. Cada vez que una persona hace esto, aumenta el riesgo de que su intestino genere resistencias a ese antibiótico, y luego, al excretarlo, pasen al medio ambiente y se extiendan.

En las farmacias ya es excepcional que se dispense un antibiótico sin receta, pero ¿qué responsabilidad tienen los médicos?

Somos los mayores responsables porque los prescribimos y podemos hacerlo bien o mal. El volumen de conocimiento que se ha generado en las últimas tres décadas sobre nuevas infecciones, huéspedes y mecanismos de transmisión es de tal magnitud que a muchos profesionales les resulta difícil estar al día y eso conduce a una prescripción inadecuada.

¿Influye de alguna manera que España sea el único país de Europa sin especialidad médica en enfermedades infecciosas?

Mucho, porque los infectólogos son los especialistas en antibióticos y tienen una contribución transversal a la formación de sus compañeros en el manejo de las infecciones. Es increíble que no se haya creado todavía esta especialidad porque abarca un área de conocimiento tan grande como la de la cardiología. No se ha creado a pesar de que en 2010 y en 2019 desde el Ministerio de Sanidad se aseguró que era inminente.

¿Cómo se puede revertir esta situación?

La medicina moderna no es sostenible sin antibióticos y eso implica un uso responsable de estos medicamentos. No se puede hacer un trasplante, curar una leucemia o hacer cualquier cirugía compleja sin antibióticos. Pero, como sucede con los problemas más comunes, acaban incorporándose a la normalidad y es necesario difundir mensajes de alerta.

¿Hay algún plan para mejorar el uso de antibióticos?

La Unión Europea instó en 2011 a los países miembros a poner en marcha planes de mejora de su uso y de lucha contra las resistencias. En España vio la luz en 2014 con diversas líneas de actuación tanto en humanos como en animales. Pero el ritmo de aplicación ha sido muy lento para un problema tan agudo. No hay financiación específica para ponerlo en marcha y reclamamos que la haya.

Las resistencias bacterianas, una amenaza mundial

El mensaje suena apocalíptico, pero responde a un riesgo contrastado del que vienen alertando los especialistas desde hace años. “La Organización Mundial de la Salud eligió en 2018 y 2019 las resistencias bacterianas entre las diez mayores amenazas para la salud pública”, recuerda José Miguel Cisneros.

El problema, apunta el especialista, puede controlarse, y pone como ejemplo la reducción de los accidentes de tráfico que se ha producido en España y en otros países en las últimas décadas. Requiere voluntad política, dinero para aplicar las medidas sugeridas por los especialistas y apuesta por la investigación para desarrollar nuevos antibióticos. “La UE ha puesto en marcha proyectos bien financiados de colaboración público-privada para acelerar el desarrollo de nuevas moléculas con el objetivo de poder disponer de antibióticos para las bacterias contra las que ya no hay ninguno disponible”, apunta el doctor Cisneros.


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