Bebedores precoces

Algunos jóvenes de entre 14 y 18 años beben sin moderación los fines de semana
Por miren 4 de septiembre de 2002

Es la sustancia legal más consumida por los españoles y, junto con el tabaco, la que más problemas de salud ocasiona. El alcohol es la causa número uno de muertes de jóvenes en Europa. Se ha convertido en un estilo de vida para la juventud y en un quebradero de cabeza para las instituciones. La edad de inicio se sitúa antes de los 14 años y las borracheras se multiplican por tres cuando se llega a los 16. Es en la población escolar (14-18 ) donde el consumo está más generalizado. El 40% de este segmento afirma haberse emborrachado por lo menos una vez en su vida. Las chicas empiezan a beber tanto como los chicos y el fin de semana se ha convertido en cita obligada para todos ellos. El botellón trae en jaque a los gobiernos y la juventud lo ve como una forma más de divertirse y relacionarse entre los de su edad.

Un problema social

El año pasado, representantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), reunidos en Suecia, presentaron un estudio sobre el impacto del alcohol. 55.000 jóvenes han muerto en Europa por causas relacionadas con el consumo de esta sustancia desde 1999. Según el organismo internacional, una de cada cuatro muertes en los grupos de edad entre 15 y 19 años se produce por el alcohol; bien en un accidente, en una agresión o en un homicidio. En algunas zonas de Europa del Este, la cifra asciende a una de cada tres.

En el caso de España, es la sustancia más consumida en todos los segmentos de edad. Pero es la juventud y, concretamente, los menores de edad, la que más se está habituando a su consumo. El 76% de los jóvenes en edad escolar (14-18 años) bebe; de ellos, un 43% lo hace exclusivamente durante el fin de semana y un 15% todos los días. Estos datos fueron recogidos de diversas encuestas realizadas sobre drogas y fueron presentados el pasado mes de febrero en Madrid, en el Congreso “Jóvenes, Noche y Alcohol”, organizado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD).

Las cifras hablan por sí solas y reflejan cómo el consumo de alcohol en los jóvenes, especialmente entre los menores de edad, se ha convertido en un problema social de primera magnitud.

“España es uno de los países donde el consumo de alcohol y los problemas relacionados con él adquieren una mayor importancia, entre otros aspectos, por la elevada prevalencia de su consumo y el amplio arraigo social que este hábito tiene en nuestra sociedad”. Así de rotundo se manifestaba el delegado del Gobierno para el PNSD, Gonzalo Robles, quien remarcó que “alrededor de un millón de personas se emborracha al menos una vez al mes”, según los datos recogidos en la última Encuesta Domiciliaria sobre el Consumo de Drogas.

Edades tempranas

La edad es un fiel indicador de la situación. Con el incremento de los años, crece el número de consumidores y de situaciones etílicas; sin embargo el control es mayor y decrece el consumo compulsivo. Asimismo, a edades más tempranas, existe una mayor probabilidad de consumos problemáticos. En torno a los 15 años, es cuando más se bebe; así, entre los 14 y los 16, se duplica el consumo habitual de alcohol (del 30% al 65%) y las borracheras habituales se multiplican por tres (del 8% al 24%). Es decir, que al año y medio del primer contacto con el alcohol (situado en los 13,6 años de media), el problema ha crecido más del doble. Por eso, los expertos del Plan Nacional sobre Drogas destacan la importancia de retrasar las edades de inicio al consumo.

Las conclusiones del citado estudio hablan también de la influencia de los horarios y el alcohol en los más jóvenes. Las 12 de la noche es la hora clave en la que se dispara el consumo habitual y las borracheras de los escolares. Así, el 41% de los menores de edad admiten haberse emborrachado alguna vez y el 24% durante el último mes.

De estos datos y de los relativos a la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar del año 2000, se deduce que la hora de regreso a casa y las borracheras están intrínsecamente relacionadas. De hecho, en los jóvenes de 14 años, el riesgo de incremento de consumo habitual se incrementa en un 50%, y las borracheras en un 90%, en los que vuelven a casa después de las 12 de la noche.

Las chicas ganan terreno

En cuanto al sexo, el estudio señala que, aunque los chicos beben mayor cantidad de alcohol que las chicas, estas últimas lo hacen con mayor frecuencia.

El mal llamado sexo débil está cobrando protagonismo en el consumo de bebidas alcohólicas. Las jóvenes europeas están ganando terreno a los hombres, aunque aún se observan grandes diferencias en los patrones de consumo, siendo el porcentaje de abstemios el doble en las mujeres que en los hombres.

Los datos estadísticos reflejan la paridad entre los dos sexos. Según manifestó el responsable del PNSD, en una reunión de expertos el pasado mes de mayo, entre los años 1995 y 1999 el porcentaje de mujeres de entre 15 y 19 años que afirmaron haber consumido alcohol en los últimos 30 días subió en más de 13 puntos; pasando del 37,7% al 50,9%. Mientras que en la misma franja de edad, en los chicos descendió del 56,8% al 54,9%.

Estas cifras tan parejas se pueden extrapolar a los países de la Unión Europea, donde las diferencias entre chicos y chicas se están invirtiendo. En algunos lugares son las jóvenes europeas las que beben más que los varones.

Legal y fácil de conseguir

Una de las raíces del problema está en la legalidad. Beber alcohol en la calle hasta altas horas de la madrugada no está tipificado como delito. Sin embargo, consumir drogas está penado. “Entre la marihuana y la cerveza, seguramente es más peligrosa la cerveza” afirmaba el ex director del Programa de Alcohol, Drogas y Tabaco de la OMS, Cees Goos, en el seminario Alcohol y Jóvenes, celebrado el pasado mes de julio en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en Santander.

A la legalidad hay que unir la facilidad de acceso al alcohol. Los puntos de venta se multiplican por la geografía nacional. Los menores de edad tienen un fiel aliado en aquellos establecimientos comerciales o pequeñas tiendas de alimentación que hacen su agosto todos los fines de semana. Los jóvenes acuden en oleadas a estos lugares de acceso público, que no ponen ninguna traba a la venta de bebidas alcohólicas. Los grupos de chicos cargados con bolsas de plástico por las calles forman ya parte del paisaje urbano de los fines de semana.

Y donde hay una demanda, surge una oferta. Así, pequeñas empresas han convertido este fenómeno social en fuente de ingresos. Existen ciudades en España en las que funcionan negocios como el telecopa o el telebotellón, donde con una simple llamada de teléfono llevan la consumición al lugar en el que se encuentre el cliente. De esta forma, si uno dispone en esos momentos de un móvil (la inmensa mayoría de los menores tiene uno), aparece un motorista que le sirve la copa en el momento. El sector de la venta a domicilio de las empresas de fast food (comida rápida), tiene aquí su versión de “bebida rápida”.

Más barato

Al aspecto legal y a la facilidad de conseguir alcohol, hay que sumar el precio. Los jóvenes reclaman que el precio al que se venden bebidas alcohólicas en los locales públicos es muy caro. De hecho, aquellos jóvenes con dependencia familiar y sin trabajo -concretamente los menores- cuentan con poco presupuesto para hacer frente a una noche de juerga. Tomarse una copa en un pub, un combinado de refresco más alcohol, puede costar entre cuatro y cinco euros. Existen ciudades donde es más barato y, también, locales de moda que cobran a partir de 6 euros la consumición. Algunos cuentan con menos de 12 euros para toda la noche y tienen que pagar transporte de vuelta a casa.

Por ello, existen establecimientos comerciales y pequeñas tiendas de alimentación que ofrecen un pack completo al módico precio de unos 9 euros. El producto más común y que más se vende contiene: botella de Coca Cola de 2 litros, whisky escocés o cualquier marca desconocida, vasos de plástico formato tubo y hielo. El precio varía algún euro de más si el alcohol es de marca. Con una oferta así, ¿quién se puede resistir?

Industria y publicidad

A todo ello hay que unir que el alcohol genera una potente industria a su alrededor y mueve importantes beneficios económicos. La producción, elaboración y comercialización de bebidas alcohólicas constituye todo un negocio para muchas de estas empresas. “En los últimos 10 ó 15 años hemos observado que los jóvenes se han convertido en diana del marketing de los productos alcohólicos. Cada vez es más difícil crear una actitud sana y equilibrada frente al alcohol si grandes recursos del marketing están dirigidos a influir en el comportamiento de la juventud”. Así de rotunda se mostraba la doctora Gro Harlem Brundtland, directora general de la OMS, el año pasado en la reunión de Estocolmo.

La producción de bebidas alcohólicas genera un importante porcentaje del producto nacional bruto (PNB). Así, Europa es el continente con más alto consumo, producción y exportación de alcohol. En 1998, España ocupaba el décimo lugar en producción mundial de cerveza (Estados Unidos es el primero) y el tercero en vino, por detrás de Francia e Italia, según los datos correspondientes al año 1998 publicados por la World Drink Trends, un organismo internacional que analiza las tendencias en el consumo de bebidas.

Un elemento que contribuye a los altos índices de consumo es la publicidad, según se afirma desde el Ministerio de Sanidad y Consumo. La industria invierte cada año cantidades billonarias en la promoción de sus productos a través de la publicidad en los medios, el patrocinio de distintos acontecimientos (deportivos, musicales, viajes, sorteos, premios, etc.)

A diferencia de lo que ocurre con el tabaco o los medicamentos, la publicidad de bebidas alcohólicas no incluye mensajes claros sobre los riesgos que produce en la salud su consumo y abuso. La aparición de mensajes del estilo de “es tu responsabilidad”, “lejos de ser una advertencia dan a entender que las empresas fabricantes no tienen ninguna responsabilidad sobre el tema”, denuncian desde la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por ello, desde este organismo internacional se propone en su Decálogo Joven ante la Publicidad de Alcohol (Organización Mundial de la Salud, 2002) “introducir en la publicidad de las bebidas alcohólicas advertencias claras y contundentes sobre los efectos del consumo y del abuso”, (por ejemplo: “el alcohol mata”).

La industria se defiende

Los fabricantes de alcohol, por su parte, defienden su negocio con cinco argumentos (Fuente: Centro de Estudios sobre Promoción de la Salud, Ministerio de Sanidad y Consumo):

  1. Si es legal la venta de alcohol, debe ser legal su promoción.
  2. La publicidad va dirigida únicamente a personas adultas, ya consumidoras, para redistribuir al mercado. No se dirige a niños y adolescentes.
  3. La publicidad ofrece información sobre el producto. Su prohibición limitaría la libertad de elección.
  4. La publicidad de bebidas alcohólicas respeta el Código de la Sociedad Española de Anunciantes de la Publicidad de Bebidas Alcohólicas.
  5. Las estrategias de promoción no son publicidad indirecta. Las empresas productoras quieren participar en la promoción social y cultural.

Cosecuencias del consumo excesivo

Accidentes de tráfico

El alcohol está directamente relacionado con los accidentes en carretera. Conducir bajo sus efectos, puede traer consecuencias negativas para el que está detrás del volante y/o acompañantes, y para los peatones.

Desde el Ministerio de Sanidad y Consumo se recuerda que los accidentes de vehículos a motor constituyen la primera causa de defunción entre las mujeres de hasta 34 años, y entre los hombres de hasta 24. Con independencia del grupo de edad, las tasas específicas son siempre más altas en hombres que en mujeres, registrándose en ambos casos un momento de especial riesgo entre los 15 y los 24 años.

Esta distribución, similar a la descrita en otros países, señala a los jóvenes -sobre todo los varones- como el grupo de mayor riesgo de sufrir una lesión fatal por accidente en carretera. Precisamente la Dirección General de Tráfico (DGT), indica desde su revista en Internet, que “el alcohol es un factor decisivo en la producción de accidentes de tráfico”. Tanto es así que está presente en más del 40% de los conductores fallecidos. La DGT asegura que el consumo de esta sustancia provoca el deterioro de las funciones psicomotoras y las capacidades conductivas e incrementa el riesgo de que se produzca un accidente y lesiones.

La DGT dispone de una web de carácter divulgativo, e-entérate, para concienciar al público de los peligros que supone el consumo de alcohol para la conducción. Desde esta página, el organismo da una serie de consejos. El alcohol se encuentra entre las causas que condicionan un accidente de tráfico. La DGT recuerda:

  1. El alcohol disminuye la capacidad de conducción afectando a la visión, al cálculo de distancias y a la capacidad de reacción.
  2. La alcoholemia suele alcanzar su punto máximo una hora después de haber tomado la última copa.

Conducta y salud

Los problemas derivados del consumo de alcohol en los jóvenes son diferentes a los del adulto. En los adolescentes, las consecuencias negativas suelen hacer referencia a alteraciones de las relaciones con la familia, compañeros y maestros; bajo rendimiento escolar, agresiones, actitudes violentas, alteraciones del orden público y conductas de alto riesgo, como conducir tras haber bebido; actividades sexuales de riesgo que conllevan embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.

Por otro lado, otra de las conclusiones a las que se llegó en el Congreso Jóvenes, Noche y Alcohol fue que los menores copian las conductas de sus padres. De hecho, los adolescentes con padres que abusan del alcohol cuentan con más posibilidades de padecer el problema. Es, por tanto, un fenómeno de carácter hereditario. Según cifras del Plan Nacional sobre Drogas, se calcula que el 65% de los hijos procedentes de progenitores que beben habitualmente, seguirá sus pasos.

Las consecuencias pueden agravarse dependiendo de si el consumo es ocasional o frecuente; en este último caso, se trataría de una enfermedad que se conoce con el nombre de alcoholismo. Cuanto más se consume, mayor es el riesgo de mortalidad o de sufrir enfermedades como la cirrosis hepática, cánceres, consecuencias en la salud del feto…, que pueden llevar finalmente a la muerte. En este sentido, el delegado para el Plan Nacional sobre Drogas, Gonzalo Robles, reveló el pasado mes de febrero que “12.000 personas mueren cada año a causa del alcohol, lo que representa el 3% total de las defunciones”. Asimismo, en ese mismo Congreso sobre Jóvenes y Alcohol, el profesor Javier Álvarez, de la facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid, resaltó que la media de años perdidos debido a esta sustancia tóxica es de 9,8; 10,6 en el caso de los varones y casi cinco puntos menos en el caso de las mujeres.

El caso europeo

Al igual que en España, en el resto de los países europeos el consumo de alcohol en los más jóvenes ha crecido muy rápidamente. De hecho, en una encuesta presentada el pasado año por la OMS en Estocolmo, revela que más de un menor de cada dos ha vivido lo que es una borrachera. Por lugares, los estados de embriaguez más acusados se dan en los países más septentrionales del continente europeo y en las islas británicas. Alrededor del 30% de los daneses menores de edad, con edades comprendidas entre los 15 y 16 años y casi el 25% de los irlandeses y jóvenes británicos reconocen haberse emborrachado por lo menos tres veces en el mes anterior a ser preguntados.

Según el informe, presentado en el Congreso sobre alcohol y drogas entre los jóvenes europeos y convocado por la OMS y la Unión Europea, la gran mayoría de los adolescentes de 16 años han bebido alcohol alguna vez en su vida; el 83% a lo largo del año y, en cuanto a sexo, los hombres ganan a las mujeres bebiendo.

A estos escalofriantes datos hay que añadir los presentados en el Plan Europeo de Actuación sobre Alcohol 2000-2005 (PEAA), aprobado en septiembre de 1999 en la ciudad italiana de Florencia. Los productos alcohólicos son los responsables de alrededor del 9% de la carga total de enfermedades dentro de Europa, según la Oficina Regional de la OMS para Europa. El alcohol está relacionado con los accidentes de tráfico y actos de violencia, y es el responsable de la reducción de la esperanza de vida en los países de la antigua Unión Soviética en la década de los 90. Entre el 40 y el 60% de todas las defunciones en Europa, incluidas las lesiones intencionadas y no intencionadas, son atribuibles al consumo de alcohol.

A pesar de todo, desde 1980 a 1998, se bebe un 25% menos, debido a la reducción del consumo de vino, según la World Drink Trends.

Cultura bebedora

Sin embargo y, a pesar de la fría estadística, lo cierto es que para muchas personas beber forma parte de sus vidas. Es el caso de las islas británicas, con sus pubs, e Irlanda, donde las tabernas son lugares de culto, a las que acuden sus ciudadanos de forma masiva. Allí se canta, se baila, se juega a las cartas y, por supuesto, se bebe. “El alcohol está profundamente enraizado en la cultura y la vida social de muchas sociedades”, manifestaba el doctor Marc Danzon, director regional de la OMS para Europa.

En España, ocurre lo mismo, con la diferencia de que sus ciudadanos tienen la costumbre de beber en la calle. Sucede, sobre todo, en aquellas zonas del país donde la climatología acompaña, como es el caso del Sur. Existen zonas en Andalucía, donde la cerveza es como una religión. Esta cultura se ha ido pasando de padres a hijos y son ahora los jóvenes los que constituyen un grave problema para los gobiernos.

Las últimas Encuestas Nacionales de Salud (ENS), realizadas entre 1993 y 1997, señalan que más del 60% de la población española de más de 15 años declara consumir habitualmente alguna cantidad de alcohol, aunque tan sólo un 4% son bebedores de riesgo, es decir, que beben más de la cuenta. Además, más de la mitad de los jóvenes adolescentes considera que tomarse seis copas seguidas no es un problema.

Ley seca versus botellón

Beber en la calle hasta altas horas de la madrugada es sinónimo de fiesta para unos y un verdadero problema para otros. El conocido como botellón es un fenómeno centrado en los fines de semana y en el que se ven involucrados cientos de miles de jóvenes en España.

Tras las reiteradas presiones de las comunidades de vecinos que denunciaban los ruidos y molestias ocasionados por los jóvenes, el Gobierno decidió el pasado mes de febrero poner fin al consumo de alcohol de menores en la vía pública. Así lo anunció, el por entonces, ministro del Interior, Mariano Rajoy, durante el Congreso “Jóvenes, Noche y Alcohol”, celebrado en Madrid. Una nueva normativa regulará y controlará el consumo y la venta de alcohol en España. La Ley de Prevención del Consumo de Alcohol, popularmente conocida ya como ley seca, prohibe:

  • Beber en la calle y la venta de bebidas alcohólicas en horario nocturno. El consumo en la vía pública se sancionará con 600 euros.
  • El acceso al alcohol a menores de 18 años de edad.
  • La venta, distribución y consumo de alcohol a menores.
  • Limita la publicidad y promoción de bebidas alcohólicas.
  • Endurece las sanciones a los establecimientos que expendan alcohol a menores y adolescentes. Las multas oscilan entre 3.000 y 135.000 euros.

El anteproyecto de ley, aprobado ya en Consejo de Ministros, que ha encendido la polémica entre ciertos sectores de la opinión pública, añade que no se podrá vender ni consumir alcohol en “lugares, vías o transportes públicos cuando se altere la tranquilidad ciudadana o el derecho a la libre circulación de personas”. De esta forma, el Gobierno convertirá el botellón de un fenómeno social a un asunto ilegal.

Si, a pesar de la prohibición, un menor organiza un botellón tendrá que realizar “trabajos de interés social en beneficio de la comunidad”, durante un período que oscilará entre 4 y 24 fines de semana. Además, la infracción será comunicada a los padres o tutores del joven.

Pero los mayores de 18 años tampoco están exentos de reprimendas, ya que se les impondrá una multa de entre 100 y 600 euros o un importe que podrá ser el triple de los daños que haya ocasionado por culpa de una borrachera.

Y eso no es todo. La norma reguladora del consumo de alcohol en España prevé la posibilidad de retirar seis meses el carné de conducir.

A pesar de todas estas medidas preventivas que se prevén adoptar en la futura ley, el responsable del Plan Nacional sobre Drogas, insiste en que “no se trata de una ley seca, sino una normativa contra el abuso y lo que vulgarmente se conoce como ‘botellón’”

En el resto de Europa, el botellón no es tan común, no está tan extendido como en España. Aunque eso no quiere decir que no haya menores de edad bebiendo en algún momento en la calle. Pero no constituye un fenómeno social como ocurre con la juventud española. “En otros países de Europa, no se vive la noche como aquí. No tenemos elementos comparativos, sencillamente porque el fenómeno no es el mismo en España que en otros países”, señala una portavoz del Instituto de la Juventud (INJUVE).

“Los jóvenes consumen básicamente en grupo, de forma compulsiva, buscando colocarse para la fiesta, obviamente nocturna y de fin de semana; o haciendo del consumo uno de los aspectos básicos de la diversión”. Con estas palabras, el sociólogo Javier Elzo, resumía en la Conferencia celebrada el pasado mes de febrero, qué es lo que realmente está sucediendo en las noches.

Las medidas que el Gobierno pretende poner en funcionamiento con la aplicación de la citada ley, ya han tenido respuestas en algunos organismos. Es el caso del Consejo Económico y Social (CES) que emitió el pasado mes de junio un dictamen, en el que, si bien “valoraba positivamente” la voluntad de intervenir en la prevención del “consumo indebido de alcohol”, echa en falta “un diagnóstico de la situación que permitiera determinar con claridad el alcance de los problemas generados por ese consumo”. Además, dicho informe “llama la atención sobre el predominio del enfoque sancionador en el anteproyecto por encima de los principios pedagógicos y culturales que deberían informar una Ley de naturaleza preventiva”.

Sea como fuera, lo cierto es que la puesta en funcionamiento de una ley tiene sus efectos. Un ejemplo es la relación que se ha producido en la implantación de la legislación que prohibe la publicidad de tabaco y el descenso en el consumo de este producto en algunos países:

NoruegaLey de Julio de 1975descenso 26%
FinlandiaLey de Marzo de 1978descenso 37%
Nueva Zelanda   Ley de Diciembre de 1990descenso 21%
FranciaLey de Enero de 1993descenso 14%

Otras medidas preventivas

Además de la citada norma reglamentaria, grupos de expertos estudian mecanismos para combatir el consumo abusivo de alcohol en los más jóvenes. Así, en el Congreso “Noche, Jóvenes y Alcohol”, celebrado el pasado mes de febrero en Madrid, se insistió en la importancia de la educación en la familia y en fomentar medidas de ocio alternativas al alcohol. Entre éstas cabe destacar las siguientes:

  • Promover la educación, en marcos tales como la familia, la escuela, organizaciones juveniles y comunidades locales
  • Crear oportunidades, fomentando y favoreciendo alternativas
  • Fomentar medidas de reducción de daños y riesgos para la salud
  • Retrasar la edad legal de acceso al alcohol
  • Limitar la publicidad directa e indirecta dirigida a menores
  • Evitar que los fabricantes utilicen para la promoción de bebidas alcohólicas elementos y lenguajes propios de la cultura infantil y juvenil.

Enlaces de interés

Plan Europeo de Actuación sobre Alcohol 2000-2005. Auspiciado por la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa

Leadership to Keep Children Alcohol Free (Liderazgo para Mantener a los Niños Libres del Alcohol. Iniciativa norteamericana que engloba a gobernadores, agencias federales y organizaciones públicas y privadas de los Estados Unidos. Se trata de una campaña para prevenir el uso del alcohol por niños de 9 a 15 años.

Las preguntas más frecuentes acerca del Abuso de Alcohol y Alcoholismo. National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA)