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La tartamudez

Ocasiona mucho sufrimiento y puede llevar al aislamiento a quienes la padecen

Actividades cotidianas como llamar por teléfono, ir de compras o a acudir a un restaurante pueden convertirse en una verdadera pesadilla para las personas que tartamudean, el 2% de los de adultos y el 5% de los niños en el mundo. Esto se traduce en aproximadamente 800.000 personas en España. Sin embargo, el 80% de los casos de tartamudeces crónicas que hoy sufren miles de adultos podrían haberse evitado de haber sido tratadas antes de los 6 años de edad.

Diferentes causas

No es una enfermedad. Pero sí una dificultad que ocasiona mucho sufrimiento y puede llevar al aislamiento a las personas que la padecen. La tartamudez surge en la infancia, por lo general entre los 2 y los 5 años, durante el proceso de aprendizaje del idioma. Se presenta como una interrupción o falta de fluidez en el lenguaje; la persona sufre trabas involuntarias al hablar, repite sonidos, sílabas o palabras, o tiene bloqueos mientras dialoga.

Se desconoce a ciencia cierta cuáles son las causas de la tartamudez. Recientes estudios sugieren que se produce como consecuencia de una interrelación entre factores biológicos, psicológicos y sociales. “No es un problema exclusivamente fisiológico, ya que los tartamudos no tartamudean siempre con la misma palabra y, cuando hablan solos o con una mascota, prácticamente no tartamudean”, dice José Antonio García Higuera, doctor en Psicología y autor del libro Terapia Psicológica en el Tartamudeo.

Lo que sí es indudable es la importancia de los componentes psicológicos en la tartamudez. Y dentro de ellos destaca la ansiedad. “Se sabe que la ansiedad influye de manera determinante en el habla y que cuando el tartamudo está nervioso se bloquea mucho más”, señala García Higuera. “El problema se complica cuando el propio tartamudeo se convierte por sí mismo en fuente adicional de ansiedad, ya sea por miedo a la reacción adversa de los demás, o porque se tiene la sensación de haber perdido el control de los propios actos. Entonces se entra en un círculo vicioso en el que se tartamudea porque se está nervioso y se está nervioso porque se tartamudea”, concluye.

Algunas pautas educativas poco correctas también pueden ser causantes de la tartamudez. “Por ejemplo obligarle al niño a que preste mucha atención sobre los errores que comete al hablar, o presionarlo para que hable sin que se ponga nervioso”, señala Alfonso Salgado Ruiz, profesor asociado del Departamento de Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid. “Este tipo de actitudes son perjudiciales para los niños y si se dan otras variables pueden favorecer la aparición de la tartamudez”, agrega.

Diferentes estudios indican que la estructura de los tejidos en una región del hemisferio izquierdo del cerebro es significativamente diferente en los tartamudos. “Esto no quiere decir que tengan un cerebro defectuoso”, asegura Salgado Ruiz. “Pero además, el problema es que no se sabe si esa diferencia en el cerebro es la causa de la tartamudez o una consecuencia”, añade.

Desde hace tiempo – explican los expertos- se sabe que existe una cierta predisposición genética a la tartamudez. Sin embargo, también hay tartamudos que no tienen antecedentes familiares conocidos de este problema. “Es muy frecuente encontrar niños tartamudos cuyos padres, tíos o abuelos han tenido el mismo trastorno”, señala Salgado Ruiz.

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