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Linfedema

Definido como edema provocado por obstrucción linfática o por ausencia de vasos linfáticos, puede afectar a cualquier persona de cualquier edad

  • Autor: Por

  • Fecha de publicación: martes 19 diciembre de 2006
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El desorden en la función del sistema linfático da como resultado linfedema, una inflamación y tumefacción a largo plazo y de forma crónica de una parte del cuerpo o de su totalidad. Esta enfermedad, que aún no tiene tratamiento curativo, se estima que afecta a 1,3 entre 1.000 habitantes en el Reino Unido e incide gravemente en la calidad de vida.

Desorden linfático

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El sistema linfático, formado por vasos, ganglios y el tejido linfático, cumple tres funciones básicas en nuestro organismo: mantener el equilibrio osmolar en el espacio intercelular, formar y activar el sistema inmunológico y recoger quilo del contenido intestinal. Es un sistema de vasos que actúa como sistema accesorio para que los líquidos de los espacios intersticiales puedan retornar a la sangre. Cuando este sistema no funciona correctamente aparecen adenopatías (inflamación de los ganglios) y una forma de edema conocido como linfedema.

Los últimos estudios de epidemiología de esta afección han evidenciado que existen muchos pacientes que sufren linfedema y otras formas de edema crónico, que son desconocidos por los sistemas de salud que determina que no reciban el tratamiento adecuado. Se estima que la prevalencia global es del 1,3 por 1.000 en la población británica, donde sí hay datos concretos, con una proporción de 6,5/1.000 mayores de 65 años y 10/1.000 de 80 años. Estos datos revelan que el linfedema tiene la misma prevalencia que las heridas crónicas en las extremidades inferiores, reconocidas como problema importante de salud. Además, debido a la creciente esperanza de vida, se le supone un crecimiento progresivo relacionado.

Tipos de linfedema

El linfedema primario o idiopático, como su nombre indica, no tiene una causa conocida. Se divide en tres tipos según el momento de aparición: congénito, si aparece en el momento del parto o durante la niñez como consecuencia de la ausencia de vasos linfáticos. Este tipo de linfedema representa menos del 10% de todos los casos de linfedema primario. El linfedema recibe el nombre de precoz si se presenta entre la pubertad y los 30 años de edad. Es el tipo más habitual y su prevalencia es tres veces superior en las mujeres que en los hombres. Esta anomalía se produce si en el momento del nacimiento existen algunos linfáticos funcionantes, pero su número es escaso cuando el individuo crece. Si aparece más allá de los 30 años se clasifica como tardío.

El tratamiento generalizado del linfedema se basa principalmente en el cuidado de la piel, disminución de los riesgos potenciales y el ejercicio

El linfedema secundario o adquirido se produce por una obstrucción de las vías linfáticas debida a una presión externa, como pueden ser tumores, lesión traumática, eliminación o alteración quirúrgica de los linfáticos (mastectomía o disección inguinal) o radiación. De hecho, la forma más conocida de linfedema es la que se produce en el brazo después de una mastectomía como secuela del tratamiento. Los datos revelan que un 40% de los pacientes con ulceración venosa secundaria a trombosis venosa profunda (TVP) desarrollan linfedema.

El linfedema en una o dos piernas también puede aparecer tras una linfadenectomía inguinal o ilíaca después de la extirpación total de próstata, que se realiza cuando existe cáncer de próstata o de los ganglios linfáticos. También la repetida exposición al parásito filarias en zonas endémicas termina por provocar infección grave con inflamaciones importantes que llegan a convertirse en linfedema y fibrosis con una fase final conocida como elefentiasis de las extremidades inferiores y los genitales.

Pocas evidencias

En el último congreso nacional organizado por el Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas celebrado el pasado mes de noviembre, Christine Moffatt, directora del Centre for Research and Implementation of Clinical Practice de la Thames Valley University, en Londres (Reino Unido) abogaba por, antes que nada, «reconocer la importancia de este trastorno con campañas de concienciación». La experta británica cree que «los gobiernos y sistemas sanitarios deben crear un área específica para esta patología porque no existen servicios que faciliten el diagnóstico y el tratamiento a todos los afectados». Y no son situaciones que se resuelvan únicamente con la administración de diuréticos.

En úlceras de pierna provocadas por enfermedad venosa en las extremidades, un paciente puede perder hasta tres litros de líquido al día, con toda la problemática que ello conlleva. Según Moffatt hay que continuar investigando para conseguir una metodología meticulosa y rigurosa basada en la mejor evidencia disponible. «Hacen falta centros para tratar de forma especializada a estos pacientes», reconoce la experta, para la que un factor fundamental es la identificación de los pacientes de riesgo y su valoración de forma precoz.

La evaluación debe ser precisa para un diagnóstico certero, asegurándose que no existe trombosis venosa profunda aguda, ni artritis o artrosis, o presencia o recurrencia que darían pistas sobre un carcinoma primario. También hay que descartar enfermedades sistémicas que pudieran ser la causa como patología renal o hepática, hipoproteinemia, fallo cardíaco con insuficiencia venosa, tratamientos médicos como la administración de esteroides.

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