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Orejas de “soplillo”

Este problema es el origen de muchos traumas infantiles, aunque se resuelve con una sencilla operación

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  • Fecha de publicación: miércoles 4 mayo de 2005

Orejotas, Dumbo, Pepe Soplillo… Estos son algunos de los calificativos que soportan los niños cuyas orejas se encuentran especialmente separadas de la cabeza. Se conocen como orejas de “soplillo” y provocan verdaderos traumas infantiles a los menores con este defecto. Las bromas crueles por parte de compañeros de colegio desde edades tempranas tienen graves consecuencias psicológicas, aunque una sencilla operación de dos horas y media puede corregir el problema.

Los menores, los más vulnerables

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Los niños no sólo son frágiles desde el punto de vista físico, sino que también son vulnerables ante un comentario que les ridiculice acerca de un defecto, como pueden ser las denominadas orejas de “soplillo”. En ocasiones, el insulto continuado acaba teniendo consecuencias psicológicas en el menor, por lo que los padres optan por someter a sus hijos a una operación quirúrgica que acabe con el problema.

De cada 10 personas que son intervenidas por esta deformidad de las orejas, siete son menores de edad, lo que demuestra que esta corrección, denominada otoplastia, es la más demandada por los niños en lo que a cirugía plástica y reparadora se refiere. El presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre), José Manuel Pérez-Macías, explica que se consideran orejas de “soplillo” aquellas cuya separación del cráneo es mayor a 20 milímetros. Se trata de un problema que, en la mayoría de los casos, afecta a ambas orejas a la vez.

Los expertos no recomiendan que la operación se lleve a cabo antes de los siete años

Los expertos no recomiendan que la operación se lleve a cabo antes de los siete años, ya que hasta esa edad todavía no se ha completado el desarrollo de la oreja y no se puede determinar con exactitud la forma que tendrá en un futuro el pabellón auricular. La edad más común para someterse a esta intervención oscila entre los siete y los 13 años, momento en que el niño empieza a ser consciente de su imagen exterior.

Los médicos aconsejan que sea el propio niño el que pida ser operado, para que así se sienta parte de la solución. La mayor parte de las intervenciones, en torno al 60%, se realiza en varones, y es que, aunque el problema se da por igual en ambos sexos, las niñas lo disimulan más con el pelo largo. A partir de los 20 años, la situación se equilibra y aparecen más mujeres; en este caso, sin embargo, la intervención no responde tanto a un deseo de integración social, que es lo que ocurre con los menores, como a una cuestión estética.

No obstante, Pérez-Macías defiende que, en general, esta operación no es sólo un tratamiento estético, sino que puede solucionar problemas de autoestima e integración social. En el caso de los niños, contribuye a que se desarrollen psicológica y emocionalmente bien, por lo que el presidente de la Secpre recomienda pasar por el quirófano.

De igual modo se pronuncia Manuel Jiménez, profesor de Psicopatología Infantil y Juvenil en la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga (UMA), quien reconoce que cada vez es más frecuente el rechazo debido a un problema físico. A su juicio, si la sociedad actual dispone de medios correctores es lícito utilizarlos, porque “nadie duda en llevar al niño al odontólogo para corregirle la mala posición de los dientes. Si con una intervención desaparecen los problemas de autoestima y los demás dejan de meterse con el niño, hágase; lo ideal sería que no hubiera rechazo, pero eso nunca dejará de ser un deseo”, manifiesta el psicólogo, quien subraya la conveniencia de que el pequeño esté motivado y sobre todo que la operación no responda a una moda pasajera.

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