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Síndrome de Asperger

Los afectados suelen alcanzar un nivel de formación alto y ser excelentes profesionales, por lo que el trastorno pasa desapercibido

Trastorno social

El niño es inteligente y tiene una gran memoria; es afectuoso, pero en el recreo está solo porque tiene problemas para relacionarse con sus compañeros; ante cualquier frustración se enfada mucho y llora; no cesa de hablar sobre aquellos temas que le interesan especialmente y los profesores se quejan porque no está atento, además le suelen tachar de maleducado. Este es el perfil de un niño que padece el síndrome de Asperger.

Si el especialista diagnostica que el niño lo padece y describe sus síntomas (dificultades en la comunicación no verbal, expresión oral peculiar, adaptación social pobre, intereses específicos restringidos, torpeza motora, problemas de conducta…), los padres suelen asociar de inmediato la conducta de su hijo con este mal, explica Rogelio Martínez Maciá, presidente de la Asociación Asperger España.

Pilar Martín Borreguero, psicóloga clínica especialista en autismo y trastornos generalizados del desarrollo (TGD) y directora del Centro Cavendish de Madrid, explica que el síndrome de Asperger (SA) es actualmente reconocido por la Organización mundial de la Salud (OMS) como un trastorno generalizado del desarrollo infantil, “estrechamente relacionado” con la condición del autismo y que tiene consecuencias adversas, “aunque variables”, para el desarrollo social, emocional y conductual del niño.

Para Martín Borreguero, autora del libro “El síndrome de Asperger: ¿excentricidad o discapacidad social?”, el SA es esencialmente un trastorno de la relación social que afecta a la capacidad del individuo para adaptarse a las demandas sociales de la sociedad. “Se dan cuenta de su dificultad, suman fracasos en las relaciones sociales porque están interesados en ellas pero no poseen las armas necesarias para mantenerlas… En función del grado de actividad que muestren, pueden tener comportamientos más agresivos. Todos acumulan mucho estrés y en la adolescencia, dependiendo de la sensibilidad de cada uno, este trastorno puede derivar en problemas de autoestima, depresión o ansiedad”, describe el presidente de la Asociación Asperger España.

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