Tétanos

Las heridas más pequeñas pueden presentar una mayor complicación
Por Azucena García 7 de noviembre de 2005

La enfermedad del tétanos está lejos de ser erradicada; la vacuna preventiva no llega aún a todos los países y las esporas de la bacteria causante de esta patología pueden permanecer en el suelo y ser infecciosas durante más de 40 años. En España, el número de casos detectados cada año apenas llega a la veintena y la cifra de muertes es aún inferior, apenas una cuarta parte de los infectados. Sin embargo, en los países asiáticos se cuentan por miles los infectados cada año y la mortalidad se acerca o puede superar el 50% de los casos. Los médicos aconsejan extremar las precauciones ante cualquier herida, por muy insignificante que sea, ya que a veces las más pequeñas son las que presentan una mayor complicación, precisamente, por la falta de atención que les prestamos.

Origen de la enfermedad

En los países europeos y en Estados Unidos la incidencia y el índice de mortalidad producida por el tétanos es bajo. Los infectados apenas alcanzan varias decenas -en España en el año 2003 se produjeron 24 casos, y en el 2004 un total de 16-, y la enfermedad se extiende sobre todo entre quienes desempeñan trabajos considerados de riesgo como ganaderos o jardineros. Por el contrario, en los países asiáticos se cuentan por miles los infectados cada año y la mortalidad se acerca o puede superar el 50% de los casos, por darse sobre todo en zonas con escaso desarrollo económico y sanitario, higiene deficitaria y ausencia de vacunaciones preventivas.

Origen de la enfermedad

Explica Rafael Soller, miembro de la Sociedad Española de Microbiología, que “si el enfermo es atendido de los síntomas en el hospital, no hay problema para superar la enfermedad”, causada por un microorganismo denominado Clostridium Tetani, la sustancia más tóxica conocida después de la toxina botulínica. Según el doctor Javier Lavilla, especialista en nefrología de la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra, este patógeno es capaz de resistir años en el exterior, gracias a que adquiere una forma esporulada silente (esporas) y debido a su capacidad para sobrevivir sin oxígeno”. “Por ello -añade-, suele estar presente en ambientes sucios o contaminados con excrementos de origen animal”.

En cuanto a la infección de la enfermedad, esta patología afecta al sistema nervioso central y no se transmite por contagio de persona a persona, sino que sólo es causada por la toxina tetanospasmina. Ésta llega al interior del organismo a través de una herida que ha estado en contacto con tierra o instrumentos infectados, y actúa sobre el sistema nervioso central, mediante las esporas de la bacteria Clostridium tetani. Hay que tener en cuenta que la enfermedad puede tardar en desarrollarse varios días o incluso semanas desde que se produce la herida, por tratarse de una toxina que resiste mucho tiempo fuera del alcance de la luz y en condiciones extremas. Es así como puede habitar en el intestino de los animales por años y contaminar a través de las heces.

Tipos y síntomas

Según la fuente de infección, existen diversas clases de tétanos que van desde el tétanos adquirido a través del contacto por una herida (generalizado), hasta el que se contrae por contagio en el momento del parto (neonatal), sin que se conozca la causa (espontáneo) o en una parte concreta del organismo (localizado). Para el doctor Lavilla, la gravedad de la enfermedad depende de la intensidad de las manifestaciones, así como de la rapidez en aparecer y desarrollarse, de la fuente de infección, el grado de contagio y de las circunstancias del infectado, “siendo más letal cuando se manifiesta en varios días”.

En este sentido, el tétanos neonatal es el que reviste peores consecuencias, con una mortalidad que se acerca a las dos terceras partes de los infectados, ya que afecta a los recién nacidos y son éstos quienes ofrecen menos resistencia. “El tétanos neonatal es muy peligroso, pero está prácticamente erradicado en el mundo occidental”, explica Rafael Soller. Generalmente, se produce dentro de los 12 primeros días de vida, como consecuencia de una infección de la herida umbilical. El bebé es contagiado por la toxina a través del corte del cordón que le une a la madre con un instrumento sucio, por lo que es más probable en partos en los que no se dan las condiciones higiénicas adecuadas. Como consecuencia de la enfermedad, el recién nacido tiene dificultad para llorar y alimentarse debido a la rigidez que experimenta en los músculos faciales.

No obstante, tal y como reconoce el Coordinador del Grupo de Trabajo en Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Interna, el doctor Regino Serrano Heranz, el tétanos más frecuente es el tétanos generalizado, que tarda en desarrollarse entre siete y catorce días: “Cuanto menos tiempo transcurre entre el momento de producirse la lesión y la aparición de los primeros síntomas, peor es el pronóstico”,

Cuanto menos tiempo transcurre entre el momento de producirse la lesión y la aparición de los primeros síntomas, peor es el pronóstico

asegura Serrano Heranz.

En este caso, el enfermo presenta dificultad para abrir la boca (trismo); una contractura generalizada y dolorosa de los músculos de la cara, conocida como risa sardónica; rigidez de nuca, contractura de la región dorsal y de las extremidades; asfixia por espasmo de la glotis, dificultad para ingerir alimentos y líquidos, y retención urinaria. Además, estos síntomas pueden ir acompañados de taquicardia, sudoración profusa y alteración en las cifras de presión arterial, si bien en ningún momento hay alteración en el nivel de conciencia.

Respecto al tétanos localizado puede presentarse en la cabeza (tétanos cefálico), en el tronco o en las extremidades, aunque se produce de manera menos frecuente y con un mejor pronóstico. La infección por esta toxina suele limitarse a espasmos musculares en la extremidad en la que se produce la entrada de esporas, ya que su pronóstico es bueno, excepto en el caso del tétanos cefálico, en el que hay trismo y afectación de la musculatura de los nervios craneales. “En algunas ocasiones, puede ser la manifestación clínica inicial de un tétanos generalizado”, advierte Regino Serrano Heranz.

Heridas más peligrosas

Desde la Sociedad Española de Microbiología, Rafael Soller reconoce que “se han dado casos de tétanos con todo tipo de heridas”, aunque las más peligrosas son siempre las heridas que sangran poco y las punzantes, como las producidas por un clavo, sobre todo, si la lesión se produce al aire libre y en ambientes sin oxígeno, ya que es ahí donde más se desarrollan las esporas y donde aumentan las posibilidades de que la toxina entre en el organismo y comience su invasión.

Rafael Soller aconseja en estos casos concretos “abrir la herida y tratarla con agua oxigenada, aunque sea una herida producida por la espina de una rosa y no se le de importancia”, puesto que la infección por tétanos se produce cuando el tejido muere porque falta oxigenación y la colocación de una tirita o una venda impide, precisamente, que la herida respire. “En un accidente de tráfico el destrozo es importante y la posibilidad de resultar infectado por el tétanos es mayor, ya que suelen ser heridas en las que el tejido muere y falta oxigenación”, apostilla.

Por su parte, Javier Lavilla manifiesta también que las heridas producidas en el campo o que sufren las personas que trabajan en ambientes sucios o manejan excrementos animales presentan un riesgo importante. “Principalmente si la herida es tortuosa o amplia, con pérdida de sustancia o una importante superficie de abrasión, como ocurre muchas veces cuando se maneja maquinaria agrícola o ganadera, o durante una excursión”, matiza.

La conclusión, por lo tanto, es que no existe herida buena ni mala, ya que ninguna está exenta del riesgo de ser infectada por el tétanos.

Ninguna herida está exenta del riesgo de ser infectada por el tétanos

Por ello es necesario prestar mucha atención a cualquier corte o lesión, puesto que, aunque en un principio el germen se introduce de forma inactiva o esporas, cuando encuentra las condiciones adecuadas comienza a germinar y adquiere una forma activa. Es entonces cuando empieza a crecer e invadir el tejido, al que secreta una toxina muy perjudicial para el sistema nervioso.

Tratamiento

Cuando se contrae el tétanos, el enfermo puede recibir como “solución temporal” una inyección de suero antitetánico, cuyo efecto, precisa Soler, apenas dura diez o quince días. En realidad, se trata de una sustancia que sirve para proteger y cuya inyección “no conviene repetir”. También es necesario realizar una limpieza cuidadosa de la herida y, según la gravedad de la infección, administrar medicamentos para controlar los espasmos, inyectar antitoxina tetánica y realizar una traqueotomía (colocar un tubo en la tráquea mediante intervención quirúrgica), si se producen serias dificultades para respirar.

Por su parte, Regino Serrano Heranz recomienda que, cuando se trate de tétanos generalizado, el paciente sea ingresado en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para el control de sus funciones vitales y el tratamiento sintomático: sedación, bloqueo neuromuscular, protección de la vía aérea, nutrición, fisioterapia, etc. “Las heridas deben limpiarse de forma precoz y lo más ampliamente posible, eliminando el tejido muerto y todos los cuerpos extraños visibles y, además de administrar antibióticos como penicilina o metronidazol, se aplicará una dosis de gammaglobulina antitetánica”, agrega.

Respecto al tétanos neonatal, como describe el doctor Javier Lavilla, “si un recién nacido adquiere la enfermedad en una aldea sin posibilidad de asistencia sanitaria tiene muchas posibilidades de fallecer”. Si hay posibilidad de asistir a un centro sanitario, deben analizarse de forma individual las circunstancias por las que se ha producido, porque pueden ser muy diferentes, asegura. El objetivo es eliminar el foco de origen de la toxina para frenar la extensión de la enfermedad.