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AVA-ASAJA alerta del ataque del “miraguano” a los naranjos valencianos

La falta de control en las importaciones de especies foráneas puede poner en peligro a la vegetación autóctona, incluso llegar a desplazarla

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 13 agosto de 2009
La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) ha dado la voz de alarma ante la vertiginosa propagación de plantas invasoras en el campo valenciano. Alertan, en especial, del peligro que conlleva el "miraguano" ("Araujia sericifera"), una trepadora que puede alcanzar los ocho metros. Esta especie rivaliza con el naranjo y le usurpa los nutrientes, el agua y la luz, de modo que provoca mermas en las cosechas, e incluso puede llegar a amenazar la vida de los frutales.

El "miraguano" es una mala hierba que se caracteriza por su vertiginosa capacidad de reproducción, ya que genera centenares de semillas que el viento y el agua esparcen por los alrededores rápidamente. Además, presenta una enorme capacidad de adaptación a las condiciones de vida de los cítricos, y su erradicación es muy compleja, ya que no existe un herbicida con eficacia demostrada para llevarla a cabo. "Germina a la sombra del naranjo, junto al tronco, y cuando el agricultor la descubre, ya le ha dado tiempo a enredarse entre las ramas, apretándolas, y a empezar a cubrir la copa del árbol", explica el presidente de AVA-ASAJ, Cristóbal Aguado.

Esta trepadora procede de Sudamérica, y llegó a España para ser utilizada en jardines. Sin embargo, su masiva reproducción y su rápido crecimiento la convierten en un feroz enemigo para los agricultores del litoral valenciano. En este sentido, Aguado denuncia que la importación de plantas foráneas "sin los suficientes conocimientos ni precauciones" puede tener perversas consecuencias, ya que en unos pocos años "son capaces de desplazar a la vegetación autóctona y poner en peligro la viabilidad de las explotaciones citrícolas".

Por otra parte, casos como el del "miraguano" son una evidencia más del peligro y del deterioro ambiental que comporta el cierre de explotaciones en el medio rural. "Los campos no cultivados son un foco de dispersión de malas hierbas que se convierten en nido de ratas y conejos, y en potenciales núcleos de incendios", apunta el presidente de los agricultores valencianos.

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