El aumento de los envases de plástico
Cada vez se venden más alimentos envasados, entre otras cosas, debido a la creciente oferta de comida lista para consumir. Pero no solo eso, porque los envases también acompañan a muchos alimentos frescos: tomates cherry, judías verdes, brócolis, zanahorias…
No es un capricho. Los envases permiten comercializar los alimentos de forma más sencilla y, sobre todo, los protegen frente a golpes y elementos externos: luz, oxígeno, humedad, contaminación… De manera que ayudan a preservar sus características y a prolongar su vida útil, reduciendo así el desperdicio alimentario.
El inconveniente es que el uso masivo de envases plásticos se ha convertido en un importante problema medioambiental, sobre todo, porque muchos de esos materiales no se reciclan y tardan mucho en degradarse, así que permanecen durante largo tiempo en el medioambiente.

Para tratar de resolver este problema se han propuesto diferentes medidas, como el uso de plásticos reciclados en la elaboración de envases. Ahora bien, esto plantea una serie de riesgos relacionados con la seguridad alimentaria que es necesario controlar, tal y como indica la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en un informe publicado recientemente.
Los retos que plantea el reciclaje de envases plásticos
Reciclar un material plástico es complejo debido a las dificultades que plantea desde el punto de vista tecnológico y de la seguridad alimentaria. Con respecto a este último punto hay que tener en cuenta que un material de este tipo puede contener diferentes tipos de sustancias.
- Algunas se incorporan de forma intencionada (intentionally added substances o IAS) para conferir al material unas propiedades determinadas; por ejemplo, plastificantes, lubricantes, colorantes, antioxidantes, estabilizantes, etc.
- Otras, en cambio, pueden estar presentes de forma no intencionada (non-intentionally added substances o NIAS) debido a diferentes motivos. Por ejemplo, pueden aparecer como resultado de la degradación de los materiales o incorporarse como contaminantes cuando utilizamos esos envases, cuando los tiramos a la basura o durante el proceso de reciclaje.
Aquí nos encontramos precisamente con una de las principales dificultades porque no siempre es posible conocer el historial del material que se pretende reciclar: un envase puede haber contenido anteriormente alimentos, pero también productos de limpieza (geles, detergentes, etc.), cosméticos u otras sustancias no comestibles. También puede haberse mezclado con otros materiales que no estaban destinados al contacto con alimentos.

Sustancias que migran
Por eso un plástico reciclado puede presentar una composición más compleja y variable que un material fabricado directamente a partir de una materia prima virgen.
Una de las principales preocupaciones en estos casos es que algunas de esas sustancias podrían migrar desde el envase hacia el alimento y llegar a suponer un riesgo para la salud, dependiendo de la sustancia, la cantidad y la exposición.
Ahora bien, esto no significa necesariamente que los envases de plástico reciclado sean inseguros. Lo que quiere decir es que existen riesgos que hay que conocer y evaluar para poder controlarlos y conseguir así que no supongan un problema para la salud.
Conocer los riesgos para poder controlarlos
Para lograr que los plásticos puedan ser reciclados de forma segura, es importante controlar la materia prima que se utiliza en el proceso.
Para ello es necesario establecer sistemas de recogida, clasificación y trazabilidad que permitan saber qué materiales entran en el circuito de reciclaje y así poder evitar, en la medida de lo posible, los materiales que hayan estado en contacto con sustancias potencialmente peligrosas o que no procedan de circuitos destinados a materiales en contacto con alimentos.
De todos modos, no siempre es posible garantizar que no exista contaminación en la materia prima. En esos casos se puede recurrir a procesos de limpieza y descontaminación para retirar los compuestos indeseables que pudieran estar presentes.
La eficacia de estos procesos puede evaluarse mediante ensayos de descontaminación en los que se utilizan contaminantes modelo para comprobar hasta qué punto el proceso de reciclaje es capaz de eliminarlos.
Otra estrategia consiste en utilizar una barrera funcional en el envase elaborado a partir de plásticos reciclados. De este modo, el material reciclado no está en contacto directo con el alimento, sino que se coloca entre ellos una capa que actúa como barrera para reducir o evitar la migración de sustancias indeseables.
El posible problema de los microplásticos
Hay otra cuestión que preocupa cada vez más y de la que se habla mucho en los últimos años: los microplásticos y nanoplásticos.
Los materiales plásticos pueden liberar partículas de pequeño tamaño durante las distintas etapas de su vida: fabricación, uso, degradación o reciclaje. No hablamos de trozos, sino de partículas tan pequeñas que muchas ni siquiera se aprecian a simple vista.
El problema es que todavía existen importantes incertidumbres: no sabemos con precisión en qué medida estamos expuestos a estas partículas ni cuáles pueden ser sus posibles efectos sobre la salud. También existen dificultades para detectarlas y caracterizarlas mediante métodos analíticos suficientemente validados y armonizados. Así que es necesario seguir investigando sobre ello.

¿Es mejor utilizar otros materiales?
Los inconvenientes asociados a los plásticos, como su persistencia en el medioambiente y sus posibles efectos sobre la salud han llevado a muchas personas a demonizar este material y a demandar otras alternativas, como los envases elaborados a partir de fibras vegetales o los materiales que se conocen como “bioplásticos”.
En este sentido conviene tener presente que no todos los plásticos son iguales ni representan los mismos problemas para la salud o el medioambiente. Existen numerosos tipos, cada uno de los cuales tiene unas características diferentes, en función de su materia prima principal y de los aditivos que se utilicen en su elaboración (polietileno, polipropileno, tereftalato de polietileno, etc.).
Por otra parte, el hecho de que un material sea de origen vegetal no significa necesariamente que sea seguro. Por ejemplo, podría contener sustancias contaminantes (residuos de pesticidas, contaminantes ambientales, etc.) o presentar riesgos específicos (por ejemplo, proteínas capaces de causar reacciones adversas en personas alérgicas).
Es decir, si se desean emplear materiales alternativos, también es necesario realizar una evaluación de su seguridad.
Entonces, ¿plástico reciclado sí o no?
En su informe, la FAO no indica que debamos renunciar al plástico reciclado para la elaboración de envases alimentarios. Al contrario: aumentar el reciclaje puede contribuir a reducir el impacto ambiental de los residuos plásticos. Pero debe hacerse teniendo muy en cuenta la seguridad alimentaria.
Para ello será necesario realizar importantes cambios, entre ellos, mejorar los sistemas de recogida y clasificación de residuos, la trazabilidad de los materiales y los procesos de limpieza y descontaminación.
También habría que desarrollar criterios internacionales que permitan armonizar la regulación de los materiales reciclados y sus riesgos, así como avanzar en el conocimiento sobre las sustancias que pueden estar presentes en estos materiales, especialmente las denominadas NIAS, y sobre los microplásticos y nanoplásticos, su caracterización y análisis, nuestra exposición a ellos y sus posibles efectos sobre la salud.
En definitiva, el uso de plástico reciclado para elaborar envases alimentarios podría ser una buena estrategia para reducir el impacto ambiental, pero para ello es imprescindible tomar medidas para no comprometer la seguridad alimentaria.


