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Isabel Palomera, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC en Barcelona

«La abundancia de anchoa y sardina ha disminuido en la pesquería de Cataluña desde el año 90»

La evaluación de la biomasa de peces es lo que se hace en el Cantábrico con la anchoa desde hace años. En opinión de Isabel Palomera, investigadora del Instituto de Ciencias del Mar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), esta labor debería hacerse en otras partes y con otras especies. Así, afirma, «tendríamos datos para poder aconsejar a la Administración».

Isabel Palomera ha trabajado durante años con especies como la anchoa. En 1990, su grupo de investigación aplicó por primera vez en el Mediterráneo un método para averiguar la biomasa de anchoas en la zona del Mar Catalán. Localizaron zonas de puesta de huevos y analizaron la fecundidad de las hembras. A partir de ambos datos «pudimos establecer por primera vez en el litoral catalán la biomasa de anchoa, así como las zonas, el tiempo y el momento más importante para la puesta de esta especie». Ahora, esta experta acaba de participar con sus compañeros en la 29 Conferencia Internacional sobre larvas de peces celebrada en Barcelona, en la que han presentado sus trabajos sobre anchoas y factores ambientales que las afectan.

¿Cómo eran las cifras de biomasa de anchoa en 1990?

Encontramos valores de abundancia importantes, aunque en realidad tampoco teníamos con qué comparar, porque nunca antes se había evaluado en esta zona. Por eso, solicitamos otro proyecto de investigación para evaluar la biomasa de anchoa en todo el Mediterráneo noroccidental. Obtuvimos entonces una cifra media de unas 30.000 toneladas de anchoa adulta en toda esa zona.

¿Han seguido con los muestreos?

Puntualmente, no lo hacemos cada año por falta de financiación. Lo ideal sería hacer un seguimiento porque así tendríamos datos de cómo evolucionan las poblaciones de esta especie, para poder aconsejar a la Administración. Es lo que hacen en el País Vasco, que controlan la biomasa de anchoas en el Cantábrico desde 1988 y eso les ha permitido tener datos en los que basar sus decisiones, como, por ejemplo, la más reciente de cerrar los caladeros del golfo de Vizcaya.

Este año también se está pescando poca anchoa en el Mediterráneo.

Por datos del Instituto Español de Oceanografía, de evaluaciones por métodos acústicos, sabemos que la biomasa ha bajado, pero no sólo de anchoa sino también en el caso de la sardina. Estos datos nos permiten comparar las cifras con las del año 90. La biomasa de la anchoa ha disminuido a la mitad, pero es que en el caso de la sardina la disminución es más acentuada: hay cinco veces menos sardina que en el año 90.

¿Puede poner eso en números?

En 1990 había 5 toneladas de sardina por kilómetro cuadrado y 2 de anchoa; en cambio, en el año 2003 había una tonelada de sardina y algo menos de una tonelada de anchoa. Hay que decir que estas cifras son de la zona de pesca de la plataforma continental del Delta del Ebro, una zona donde suele haber gran abundancia de anchoa y sardina.

Es un descenso muy acusado. ¿Quiere eso decir que la evolución va a ser peor en los próximos años?

Ya se están dando problemas graves en las capturas desde 1995. Pero hay que tener en cuenta que las cosas pueden cambiar en pocos años, porque tanto la anchoa como la sardina son especies de vida corta (la anchoa puede vivir una media de cuatro años, y la sardina seis) y dependen mucho de los reclutamientos anuales. Son especies que ponen muchos huevos como estrategia de supervivencia y que incluso en condiciones favorables sus larvas tienen una mortalidad muy elevada, ya que son más sensibles a factores ambientales que las afectan. Si la biomasa de reproductores disminuye, disminuirá el número de huevos y larvas en el mar, lo que a su vez aumentará la posibilidad de que la población colapse ante condiciones extremas.

¿Como cuáles?

La temperatura, por ejemplo. El año 2003 fue extremadamente caluroso y hubo un calentamiento muy rápido de las aguas superficiales del mar. En un estudio que estábamos realizando en aquel momento pudimos comprobar que, en sólo quince días, la abundancia de larvas disminuyó de forma anormal.

¿El calor afecta también a las sardinas?

No tenemos evidencias directas de ello. En el caso de la anchoa, tal como acabamos de describir en un trabajo, el efecto es indirecto. La hipótesis es que el calor afecta a la abundancia de plancton, del cual se alimentan las larvas de anchoa, las cuales no tienen suficiente alimento y mueren. En realidad es una combinación de factores. Es muy probable que el cambio climático, por ejemplo, acabe afectando a estas especies.

Se habla de que sólo un aumento de un grado en el agua del mar puede tener efectos muy importantes.

«En 1990 había 5 toneladas de sardina y 2 de anchoa por kilómetro cuadrado; en el año 2003, esas cifras han bajado a una tonelada de sardina y algo menos de una tonelada de anchoa»

Sí, porque puede afectar a los procesos biológicos de las especies. Por ejemplo, la sardina se reproduce en invierno, en la época de más frío, de noviembre a marzo. Si la temperatura aumenta, su periodo de reproducción podría reducirse, pongamos que podría acabar antes, en febrero. Obviamente eso afectaría a la biomasa. De hecho, ya se están detectando efectos del aumento de la temperatura en el mar, porque hay especies de características tropicales que están ampliando su distribución el Mediterráneo.

Hay quien dice que si no hay una especie, pues habrá otra.

Se trata de prevenir y de que no desaparezcan especies, es muy importante mantener la biodiversidad para proteger el equilibrio los ecosistemas. En el caso de las especies de consumo, se deberían tomar medidas para prevenir su desaparición. Se estaba ultimando un Reglamento de Pesca del Mediterráneo por parte de la Unión Europea. Los científicos teníamos esperanzas en que las nuevas medidas contribuyeran a la protección de numerosas especies pero finalmente el ese reglamento se ha convertido en humo. Por ejemplo, en el caso de la anchoa: la talla legal de captura es de 9 centímetros de longitud. Se recomendaba aumentar esa talla a 11 centímetros, que es la talla en que el animal empieza a reproducir, pero la UE no lo ha aprobado. ¡Estamos pescando animales que no han llegado a reproducirse! Lo mismo con la sardina, de la que se permite capturar ejemplares de 11 centímetros, cuando el animal no alcanza la madurez hasta los 13.

Sucede lo mismo con la merluza, para la cual creo que además se quería incluso rebajar la talla legal de pesca.

Lo de la merluza es increíble. La talla legal de captura, 20 centímetros, está muy por debajo de la que alcanzan al llegar a la madurez y reproducción, 32 centímetros. En Europa hay algunos países, que quieren «proteger» a los pescadores garantizándoles la pesca a toda costa. Pero podrían protegerles de otra forma, buscando alternativas y no dejar que la sobrepesca continúe, porque al final los recursos se agotarán. Creo que en ese sentido en España hay más concienciación.

¿Se tomarán medidas en el Mediterráneo para la anchoa?

Una de las cosas que se acaba de conseguir en Cataluña, a propuesta de la Generalitat a la Subsecretaría de Pesca (MAPA), es que se delimite un área protegida de la pesca durante el verano, para la protección de los reproductores, en una zona donde sabemos que las anchoas hacen la puesta. También se ha ampliado otra zona protegida, durante el otoño, para los juveniles.

¿Peligra el futuro de la sardina igual que el de la anchoa?

Es probable, aunque es un caso diferente al de la anchoa porque ésta es una especie objetivo, cosa que no es la sardina. Al ser más apreciada comercialmente, los pescadores prefieren pescar anchoa y en la época de más abundancia, que coincide con el periodo reproductor, las capturas se dirigen a ella. Esto quiere decir que tiene una presión pesquera mucho mayor, por tanto, las medidas de protección deben ser mayores.

DESARROLLO LARVARIO EN ANCHOA Y SARDINA

Img sardina

La sardina y la anchoa son especies con una amplia distribución en todas las aguas de la península ibérica, pero en los últimos años hay evidencia de grandes variaciones en las capturas. Aparte del hecho indiscutible de los efectos negativos de la presión pesquera, la comunidad científica sabe que hay factores que afectan a los peces en los estadios iniciales de sus vidas (es decir, cuando son huevos y larvas) y que pueden acarrear un alto nivel de mortalidad.

Si se conocieran las condiciones ideales para su desarrollo y qué factores les resultan perjudiciales, se podrían establecer zonas y periodos de protección y, asimismo, prever posibles variaciones interanuales en la población debidas a cambios ambientales.

Esa es la idea de SAVOR, un proyecto multicéntrico en el que participan equipos de investigadores de la Universidad de Vigo, como coordinador, el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, el Instituto Oceanográfico Español, la fundación AZTI y la Universidad del País Vasco.Una de las tareas, explica Isabel Palomera, participante de SAVOR, es la comparación de la ecología larvaria de la anchoa y de la sardina del Mediterráneo, del Cantábrico y del Atlántico (con hábitats y zonas de puesta que tienen condiciones muy dispares). Han visto, por ejemplo, que «las larvas del Mediterráneo», explica esta experta, «tienen un crecimiento más rápido que las del Cantábrico, aunque eso no quiere decir que sean más viables».

La influencia de factores ambientales no es algo nuevo. En años anteriores, por ejemplo, el equipo de Palomera demostraba que la ‘pluma’ de agua dulce que el Ebro aporta al mar en la zona del Delta es un factor clave para la reproducción y la supervivencia de la anchoa. Y que el trasvase, al disminuir ese aporte de agua al mar, habría tenido efectos negativos en la reproducción de estos animales.


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