Entrevista

Anna Sabatés, bióloga del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC)

«En el Mediterráneo noroccidental se está viendo la disminución y desaparición de especies de aguas frías»
Por Mercè Fernández 2 de septiembre de 2005
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El calentamiento global está provocando cambios en la distribución de organismos marinos como los peces. Recientemente, la revista Science alertaba que en el Mar del Norte diversas especies, como el bacalao, se desplazan hacia el norte a causa del aumento de temperatura del agua. En España, investigadores como Anna Sabatés, bióloga del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, estudian el fenómeno en el Mediterráneo.

El último trabajo dado a conocer de Anna Sabatés, bióloga del Instituto de Ciencias del Mar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), revela que la alacha, especie subtropical de apariencia similar a la sardina aunque sin su valor gastronómico, muy abundante en las aguas del Mediterráneo sur, se está desplazando hacia el norte y es cada vez más abundante en el sector noroccidental. Los datos son claros y es fácil aventurar que se dará una «redistribución geográfica» de los recursos pesqueros, aunque todavía es demasiado para decir cómo será.

Ustedes han explicado que la alacha ya estaba en nuestras costas, sólo que más al sur. ¿Qué ha cambiado ahora?

La alacha siempre ha estado presente en el Mediterráneo, aunque con una distribución limitada a zonas con temperaturas relativamente altas en el Mediterráneo sur y Oriental. Hace 20 años se podía hallar en el Delta del Ebro y ocasionalmente en Barcelona. Ahora ya la encontramos en Blanes. Más al norte, la temperatura es más baja y aunque la hemos visto ocasionalmente en algún punto, en l’Escala, los registros de huevos y larvas de esta especie son muy escasos, lo que quiere decir que no se ha establecido.

El límite, entonces, lo marca la temperatura.

Esta especie se reproduce en aguas donde la temperatura superficial supera los 24ºC. Además, la alacha no sólo es de aguas relativamente cálidas sino que su periodo de reproducción depende mucho de la temperatura. En el Mediterráneo sur, donde las temperaturas son relativamente elevadas, el período reproductor es prolongado, mientras que al norte, en la costa catalana, la reproducción se limita a los meses estivales cuando se alcanzan las temperaturas adecuadas para la reproducción, próximas a los 24ºC.

Su trabajo muestra que ese desplazamiento es debido al aumento de la temperatura del agua, algo de lo que se viene hablando desde hace tiempo. ¿De cuántos grados hablamos?

En los últimos 30 años se ha observado un incremento medio de un grado en la temperatura de superficie del Mediterráneo occidental. Pero también se ha constatado un aumento de 0,12 grados a 400 metros de profundidad, donde las condiciones ambientales son relativamente estables. Esta es una señal evidente del incremento de temperatura en el Mediterráneo.

La alacha es parecida a la sardina y a la anchoa. ¿Puede tener consecuencias sobre esas especies, en el sentido de que una especie desplace a otra?

Estas especies están disminuyendo debido a la sobrepesca y esto es independiente de los factores ambientales. Otra cosa es si estas especies ya están debilitadas y además cambian las condiciones ambientales y entra otra especie en competencia. Habrá que ver cómo se reestructuran las comunidades. Sin embargo, el factor principal sigue siendo la sobrepesca.

Si hay especies que amplían su zona, también habrá especies que desaparecen.

De hecho es más fácil detectar la presencia que la no presencia pero sí, aquí en el Mediterráneo noroccidental también se está viendo la disminución y desaparición de especies de aguas más frías. Está el caso del espadín, una especie boreal que, según datos de la FAO, antes de los años 80 se pescaba en las costas españolas y francesas. Hoy prácticamente ha desaparecido.

¿Hay más ejemplos?

«En los últimos 30 años de ha observado un incremento medio de un grado en la temperatura de superficie del Mediterráneo occidental y de 0,12 grados a 400 metros de profundidad»

Se está viendo lo mismo con la caballa, de la que hay dos especies en el Mediterráneo, la caballa (Scomber scombrus) y el estornino (Scomber japonicus). La caballa está más valorada comercialmente, se reproduce en invierno y es de aguas frías, mientras que el estornino se reproduce en verano y es más habitual de aguas cálidas. Pues bien, en estos últimos años la abundancia de estornino ha aumentado notablemente en el Mediterráneo occidental. Hemos observado cambios en la distribución de otros peces de aguas cálidas como la anjova (Pomatomus saltatriz), muy valorado en pesca deportiva. Y también el «fadrí», un lábrido de pequeño tamaño y coloración muy vistosa cuya distribución se limitaba, a principios de la década de los 80, prácticamente a las islas Baleares y Mediterráneo oriental. Ahora se encuentra en abundancia en la costa catalana y además se reproduce en la zona. En otros lugares, en el Mar del Norte, por ejemplo, se ha visto que especies de aguas frías, como el bacalao, se han desplazado más hacia el norte. Hay voces alarmistas que dicen que habrá una pérdida de hábitat para esta especie. Pero todavía es pronto para saber qué pasará.

¿Puedo preguntarle por el mero?

Es una especie de aguas relativamente cálidas, que en el Mediterráneo norte antes no se reproducía y ahora sí. Este es un caso curioso porque su presencia se ha incrementado. Se ha observado la reproducción de la especie en las áreas marinas protegidas de las islas Medes y Banyuls, en Francia. Esto podría ser consecuencia del aumento de temperaturas, pero también del establecimiento de áreas marinas protegidas que han permitido el incremento de las poblaciones en estas zonas y, por tanto, de una densidad mínima de individuos, condición necesaria para que pueda tener lugar la reproducción en esta especie. En realidad es difícil desligar los dos efectos, la temperatura y el incremento de las poblaciones.

¿Hay alguna forma de prever estos desplazamientos?

Para prever el fenómeno deberíamos disponer de series largas y continuadas de muestreos, que desgraciadamente no tenemos. El sistema de ciencia español no favorece este tipo de estudios porque la financiación se resume a proyectos de tres años de duración. Nosotros hemos trabajado con datos de capturas de pesca comercial, ya que desde los años 80 las cofradías de pescadores están recopilando esos datos de forma constante, y con información complementaria de otros proyectos de investigación que, esporádicamente, han recolectado muestras de huevos y larvas de peces en la costa catalana.

UN ESTUDIO BRITÁNICO ALERTA SOBRE EL MAR DEL NORTE

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Según investigadores de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, en los últimos 25 años hasta 18 especies han abandonado sus hábitats y sus zonas de desove en el mar del Norte, para desplazarse a más de 100 kilómetros en dirección al Ártico. Entre ellas, especies tan amenazadas ya por la sobrepesca como el bacalao. El estudio sobre la alacha del equipo de Anna Sabatés demuestra que esta especie se ha «movido» unos 214 kilómetros hacia el norte en 20 años.

Las estimaciones del estudio británico es que para el 2050 algunas especies como la bacaladilla o la acerina ya no vivirán el Mar del Norte y, a cambio, lo que se hallará en esta agua serán más especies de aguas cálidas. La causa de estos desplazamientos está en el aumento de la temperatura del agua.

Lo que queda por contestar, y probablemente esto no se verá hasta que pasen unos cuantos años, es si estos desplazamientos serán meramente eso, desplazamientos, o si las consecuencias implicarán la desaparición de especies a favor de otras. Para Sabatés es fácil aventurar que sí se dará una reestructuración entre las especies, aunque otra cosa es de qué forma.

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