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Vegetales verdes contra las cataratas

La luteína y la zeaxantina podrían contribuir a reducir el efecto de los rayos ultravioleta y prevenir la aparición de cataratas

Los tan reivindicados beneficios de la luteína y la zeaxantina sobre la salud ocular han conseguido la primera evidencia científica de laboratorio. Desde hace tiempo se argumenta que estos antioxidantes, presentes en alimentos de hoja verde como las espinacas, la col rizada, la berza o la lechuga, son protectores frente a la degeneración macular y las cataratas, trastornos de la vista que suelen aparecer con el envejecimiento.

Hay algunas evidencias epidemiológicas que sustentan la hipótesis y de hecho ya hay fabricantes de vitaminas y suplementos alimentarios que ofrecen productos con luteína y zeaxantina añadida. Sin embargo, todavía no está plenamente demostrado que efectivamente estos antioxidantes sean protectores, o de que retarden o eviten estas alteraciones.

Un equipo de científicos de la Ohio State University (EE.UU) publica este mes de diciembre en la revista Journal of Nutrition los resultados de un experimento de laboratorio que aportaría, afirman, la primera evidencia bioquímica del efecto protector de estos compuestos. Los investigadores han trabajado sobre cultivos de células humanas del cristalino del ojo que fueron tratadas con diferentes concentraciones de luteína, zeaxantina y vitamina E. Después del tratamiento, sometieron a las células, junto con otras no tratadas, a radiación solar ultravioleta beta (UVB) en varias dosis de 10 segundos (se cree que uno de los principales desencadenantes ambientales de las cataratas es la exposición a esta radiación).

Hasta un 60% menos de daño celular

Nadie duda que una dieta sana debe incluir vegetales y frutas, muchos de los cuales, también, aportan luteína y zeaxantina El resultado es que, comparadas con los cultivos de células sin tratar, las células que incorporaban luteína y zeaxantina tienen una reducción de los daños de entre el 50% y el 60%. Por su parte, en las células tratadas con vitamina E la reducción en los daños es de entre un 25% y un 32%. Los investigadores afirman además que se necesita menos luteína y zeaxantina que vitamina E (sobre unas 10 veces menos) para obtener el efecto protector.

No obstante, la investigación no da respuesta a una de las incógnitas de estos antioxidantes. Se sabe que la luteína y la zeaxantina se acumulan en la retina y en el cristalino del ojo, pero los investigadores desconocen de qué forma llega hasta ahí. «Estos compuestos viajan a través del torrente sanguíneo, pero el cristalino no recibe sangre», explica Joshua Bomser, uno de los autores del trabajo.

La luteína y la zeaxantina, al igual que otros carotenos antioxidantes, están presentes en alimentos vegetales, aunque especialmente en vegetales de hojas verdes oscuro. Algas, guisantes, puerros, arándanos, brócoli, yema de huevo, espinacas, acelga, repollo, col, maíz, tomate, plátano, perejil, apio, flor de calabaza y naranja son algunas de las fuentes alimentarias de estos antioxidantes. También los pétalos de caléndula es una fuente habitual de la luteína que se usa como pigmento en la industria alimentaria.

Hipótesis sin demostrar

Los estudios que sugieren los beneficios de estos compuestos sobre la salud coinciden con una época en la que también se evidencia una disminución en el consumo de vegetales, lo que ha impulsado el interés por incrementar el consumo de estos carotenos en la dieta. Sin embargo, los expertos saben que todavía faltan evidencias para demostrar la hipótesis. El ejemplo de la luteína es interesante porque da cuenta de la prudencia que se debe tomar frente a suplementos alimentarios cuando no se conocen los mecanismos biológicos de actuación que realmente demostrarían los beneficios que se reivindican.

El quid de la cuestión está en que sí, se ha observado que a mayor concentración de luteína y zeaxantina menor incidencia de cataratas pero eso no necesariamente vincula el uno con el otro como causa y efecto.

Además, estos estudios sobre diferentes grupos de población podrían estar sesgados o podrían tener otros factores ocultos, como por ejemplo que las personas con mayor nivel de luteína y zeaxantina, también tienen un estilo de vida saludable y una dieta que, por supuesto, incluye productos ricos en carotenos (verduras y frutas).

De algún modo, explicaba Julie A. Mares-Perlman, de la Universidad de Wisconsin, en un simposio de la American Society for Nutritional Sciences, respecto a los beneficios protectores de estos compuestos sobre la vista «la evidencia epidemiológica es consistente» pero «se necesitan evidencias científicas para demostrar que el resultado es debido específicamente al consumo de luteína y zeaxantina» y no a otros factores.

Otro problema al que se enfrenta la investigación en la búsqueda de esas evidencias científicas, explicaba Perlman, es la falta de modelos animales que tengan la anatomía del ojo igual o similar a la humana, lo que permitiría estudiar in vivo o en cultivos celulares.

El encuentro, celebrado en Orlando bajo el título de «¿Puede la luteína proteger contra enfermedades crónicas?», estaba dedicado especialmente al tema y a la existencia, en unos casos, y falta, en otros, de evidencias científicas. Por otra parte, la luteína, al igual que otros carotenos, ha sido relacionada con efectos protectores frente a enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras enfermedades relacionadas con el sistema inmunológico, aunque son hipótesis muy poco estudiadas y adolecen de los mismos problemas. De lo que nadie duda, sin embargo, es que una dieta sana debe incluir vegetales y frutas, muchos de los cuales, también, aportan luteína y zeaxantina.

NUMEROSOS TRABAJOS, UN MISMO OBJETIVO

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La relación de carotenos como la luteína y zeaxantina con enfermedades que tienen una gran incidencia en la sociedad no hacen más que impulsar la proliferación de investigaciones científicas. Las hay que buscan la evidencia científica que falta, las que buscan más datos epidemiológicos y las que buscan las mejores fuentes naturales de carotenos, así como su metabolización y biodisponibilidad en el cuerpo humano.

Un ejemplo de los últimos meses es el de la revista Phytochemistry, que en octubre de 2004 publicaba un trabajo del Instituto Nacional de Floricultura de Japón en el que se revelaba el tipo y concentración de carotenoides en las hojas de crisantemo. Las flores son una fuente conocida de carotenos: los pétalos de caléndula es una fuente habitual de luteína para la industria.

El pasado agosto, un trabajo de Jean Mayer, de la Tufts University de Boston (EE.UU) publicado en el Journal of Nutrition, afirmaba que la biodisponibilidad de la luteína de la yema del huevo es mayor que la luteína de otras fuentes como las espinacas o suplementos, lo que podría, afirmaba el trabajo, tener implicaciones en las recomendaciones dietéticas. El estudio se hizo siguiendo la dieta a un grupo de hombres adultos.

Y un mes antes, el pasado de julio, un trabajo de la Universidad de Wageningen (Holanda) en el British Journal of Nutrition, aportaba datos que apoyan el papel de los carotenoides luteína, zeaxantina o licopeno, entre otros, con una mayor fortaleza del sistema inmunológico. En concreto, los investigadores compararon en un grupo de ancianos los niveles de carotenoides en sangre y la tasa de infecciones respiratorias, y vieron que la incidencia de estas infecciones era menor en aquellos que tenían más carotenoides.

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