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Isabel Rodríguez, autora del libro ‘Goundi. Unas vacaciones diferentes’

Nadie está preparado para ver morir a un niño

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: sábado 26 diciembre de 2009

“Descubrí unas vacaciones diferentes en 1992, cuando fui con Mario, mi marido, al hospital de Goundi en Chad”. Así comienza Isabel Rodríguez el relato de una aventura, ya cotidiana en su vida. ‘Goundi. Unas vacaciones diferentes’ (Plataforma Editorial, 2009) es la historia de una pareja que aprovechó su tiempo libre para dedicárselo a los demás y descubrió que los otros tenían mucho más que ofrecerles a ellos. Cada dos años, Isabel y Mario permanecen en Goundi durante dos meses -el tiempo que duran sus vacaciones- para atender a las personas enfermas que ingresan en el hospital. El resto del tiempo, compaginan su vida diaria con la organización de actividades e iniciativas de recaudación para financiar y mantener abiertas las puertas del centro.

De Barcelona a Chad, ¿cómo se decidieron a viajar miles de kilómetros hasta Goundi?

Fue casual. Ese año tenía que volver al Congo Brazaville para culminar una segunda acción de cooperación sanitaria junto a mi marido, pero justo se había desatado en la zona una revuelta militar. El cónsul nos advirtió para que no acudiéramos y entonces ofrecimos nuestros servicios a Intermón Oxfam. Allí conocimos al padre Lluis Magriña, quien nos presentó al padre Angelo Gherardi, fundador de la Misión de Goundi en Chad. Él se encontraba de visita en Barcelona y, de una breve conversación, salió nuestro compromiso para sustituir cada dos años el trabajo de cirugía, traumatología y ginecología que desempeñaba el padre Francesc Cortadellas en Goundi. De este modo, nosotros tendríamos unas vacaciones diferentes y él podría descansar.

Viajó con su marido, Mario Ubach, ¿qué misión tenía cada uno?

“Tuve que espabilar de un día para otro porque el volumen de enfermos era importante”

Mario se encargó de las urgencias, cirugía programada, yesos, curas ambulatorias y curas de hospitalización, mientras yo ayudaba en las tareas que podía. En quirófano, le facilitaba los instrumentos necesarios para las operaciones y en el dispensario, colaboraba en las curas. Todavía no tenía el título de enfermera, carecía de experiencia y tuve que espabilar de un día para otro porque el volumen de enfermos era importante.

Tras atender su primera urgencia recién llegada -una mujer embarazada con problemas en el parto-, relata cómo se enfrentó al trabajo en Pediatría, con siete niños en coma que habían ingresado por meningitis palúdica. Los siete murieron ese día. ¿Está preparada alguna persona para vivir esta situación?

Nadie está preparado para algo así, se resiste porque estamos allí para dar un servicio y nos necesitan, no podemos desfallecer y el cuerpo aguanta, pero queda registrado en el alma y en el subconsciente, no sólo por los niños, sino también por el dolor de las madres y la impotencia ante la fatalidad. Es muy doloroso ver morir.

Los efectos de la malnutrición en los niños son patentes. En un momento del libro narra que, mientras trataba a un bebé de dos años que pesaba 5,6 kilos, una amiga desde Barcelona le envió un correo electrónico para contarle que su hijo, de 18 meses, pesaba ya 12,8 kilos. ¿Qué papel cumplen los centros nutricionales?

No tengo experiencia en centros nutricionales, tan sólo en el de Goundi. Allí se acoge a los bebés malnutridos, de bajo peso y quienes quedan huérfanos después del parto. Estos últimos permanecen hasta que cumplen tres años y pasan a vivir con un miembro de la familia. En total, el Centro Nutricional de Goundi alimenta a un promedio de 60 niños al mes. El Chad es uno de los países con una tasa de mortalidad infantil más alta, alcanza el 50% en total y un 20% de los niños no llega a los cinco años de edad. El centro protege y vela por la vulnerabilidad de los niños en sus primeros años de vida.

Las creencias ocupan un lugar destacado en la sociedad africana. Una de ellas, defiende la ablación de las mujeres, a veces todavía niñas, que incluso la desean y solicitan. Sin embargo, ¿qué consecuencias tiene?

Implica riesgo de infección, complicaciones en los alumbramientos, fístulas vesicovaginales, frigidez e, incluso, la muerte por anemia debido a la cantidad de sangre que pierden.

En este primer viaje en 1992 le impresionaron además las alcantarillas, las canalizaciones taponadas por la basura, plásticos entre el barro que no dejaban ver las aceras. ¿Ha mejorado esta estampa desde entonces? ¿Qué consecuencias tienen estas condiciones de vida para la población?

La mayor parte de la capital, N’Djamena, sigue sin alumbrado público, ni servicio de recogida de basuras, conducciones de agua potable y residual. Excepto el barrio donde se ubica el Palacio Presidencial. Esta situación favorece las enfermedades digestivas derivadas del uso de agua contaminada y las enfermedades de la piel, por falta de higiene de la población.

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¿Fue fácil integrarse en un ambiente tan distinto a su entorno habitual? ¿Qué echo más en falta y que aprendió a valorar?

“Descubrí que lo sencillo me hacia feliz, que con menos también se vive”

Fue fácil porque el ambiente, aunque distinto, desprendía amor y entrega. Descubrí que lo sencillo me hacia feliz, que con menos también se vive, y valoré el gran ejemplo recibido al convivir junto a los misioneros y monjas.

Abrir un grifo y que salga agua potable o pulsar un interruptor y que se encienda una luz es un lujo. En su lugar, en Goundi el agua está en su mayoría contaminada y la corriente eléctrica sólo funciona de cinco a siete y media de la tarde. ¿Qué se aprende cuando se vive en estas condiciones?

Se aprende el significado del día a día de quienes viven allí, sus dificultades para todo: acarrear leña para combustible, extraer agua de los pozos, desplazamientos a pie. Precisan mucho tiempo para resolver situaciones que para nosotros son instantáneas y sin esfuerzo alguno, así que se aprende a valorar muchísimo todo.

Ha escrito sobre pequeños poblados con casas de barro y techos de hojas, sobre niños desnudos en las calles pero siempre alegres. ¿Cuál es el secreto de su felicidad, mientras despiertan compasión en los países del Norte?

Diría que su realidad, no su secreto, es otra. Al no tener nada y desconocer otras cosas, no ambicionan, no atesoran, no son dependientes de nada. Viven el momento y el ahora. Son libres y, a su modo, son felices. Despiertan compasión en los países del Norte porque los vemos con los ojos del consumismo, del confort, de la denominada calidad de vida que nos hemos creado.

Al referirse al verano de 2009 señala que ha sido “algo distinto” ya que su marido ha tenido bajo su tutela, para iniciar en la cirugía, a tres estudiantes de cuarto curso de la Facultad de Medicina Le Bon Samaritain de N’Djamena. ¿Qué ha supuesto esta experiencia para los jóvenes?

Para ellos supuso la oportunidad de practicar y aprender durante las 24 horas del día con un profesor experimentado en cirugía. Para Mario, mi marido, fue una experiencia inolvidable. La capacidad e interés demostrada por los estudiantes fue increíble, una actitud poco o nada habitual en nuestro mundo occidental.

Según su experiencia como cooperante, ¿cómo describiría el trabajo de estos profesionales?

“Despiertan compasión en los países del Norte porque los vemos con los ojos de la denominada calidad de vida que nos hemos creado”

Los cooperantes son personas que realizan un trabajo remunerado, a diferencia del voluntario que lo hace de manera gratuita. Pero ambos actúan bajo la dirección de una organización local, estatal u otra, en todo tipo de ámbitos. Remunerado o no, su trabajo no tiene precio, porque dejan el país propio, la familia y el confort para ir lejos a entregar conocimiento y disponibilidad.

¿Cuentan con la seguridad, protección y garantías necesarias?

En nuestro caso, no contamos con ninguna seguridad, protección o garantía ya que ni siquiera hay representación diplomática en Chad. En la capital, N’Djamena, se encuentra el cónsul honorario español, que canaliza las actuaciones que se deben seguir, a través del consulado francés o a través del consulado español en Camerún y disponemos de un seguro de repatriación privado.


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