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Mayores que comparten vivienda

La Fundación Conex lidera este proyecto para combatir la soledad y reducir el gasto en alquiler

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El proyecto “Hogares compartidos” busca resolver el problema de la vivienda y la soledad en las personas mayores. Una solución doble para atender las necesidades de una parte de la sociedad que va en aumento. En concreto, está enfocado a quienes la pensión no les llega para afrontar en solitario el coste de un alquiler y aquellos para los que la vida en modo individual apenas tiene ventajas.

Compartir piso no es una cuestión exclusiva de los jóvenes. Hay ocasiones en las que la necesidad lleva también a las personas mayores a tomar esta decisión ¿Pero por dónde empezar? Las ofertas para encontrar un compañero mayor de 60 años no abundan. Por ello, la Fundación Privada Conex ha puesto en marcha el programa "Hogares compartidos".

Hasta ahora, esta iniciativa se desarrolla en la provincia de Barcelona, aunque Conex busca entidades dispuestas a implantarla en otros puntos de la geografía. "Nos gustaría ayudar a otras fundaciones que quieran hacer lo mismo. Les ofrecemos asesoramiento e información sobre todo lo que necesiten", explica Manuel García, responsable de Conex.

Procedimiento

La mayoría de los inquilinos llegan a esta entidad a través de los servicios sociales. Se trata de personas jubiladas cuya pensión no alcanza para alquilar un piso, aunque sus capacidades físicas les permiten valerse por sí mismas. "Cuando llegan a Conex, son atendidos por profesionales en psicología y asistencia social, que actúan como filtros para formar los grupos", indica García. Es importante asegurar que los nuevos compañeros conectan entre sí para evitar conflictos en el futuro.

Es necesario contar con ingresos mensuales fijos y aportar una parte para el alquiler y los gastos de mantenimiento

Respecto a los ingresos, es necesario que sean mensuales y fijos (pensión por jubilación o invalidez), ya que cada residente debe entregar una parte de estos para el mantenimiento de la vivienda. El coste del alquiler se reparte en función de las dimensiones del dormitorio, mientras que el resto de gastos se dividen en partes iguales.

Siempre se intenta alquilar un piso que se adapte a las necesidades y posibilidades de los residentes, en el barrio o zona que decidan entre todos. "Una vez escogido el piso y pactadas las condiciones con el propietario, lo comunican a la Fundación para que se formalice el contrato", detalla la entidad.

Normas de convivencia

Los pisos son mixtos. En ellos residen hombres y mujeres. La idea es que las personas que lo deseen puedan convivir unidas, “como una familia de hecho, si cumplen las condiciones adecuadas”. Los requisitos implican compartir el coste de mantenimiento de la vivienda, así como las labores del hogar. Cada persona ha de encargarse de la limpieza de su dormitorio y utilizar sus propias sábanas y toallas, además de los utensilios de cocina y comedor. En la nevera, cada uno tiene un estante con su comida y, en caso de necesitar algo de otro compañero, “simplemente, debe pedirlo antes que cogerlo sin avisar”.

El grupo decide la frecuencia de las visitas en las zonas comunes y personales

En cuanto a las visitas, el grupo decide la frecuencia de éstas en las zonas comunes y personales. Cualquier discrepancia en este aspecto, u otro, ha de solucionarse entre todos. Los compañeros de piso deben reunirse para aprobar modificaciones en las normas o cambios puntuales. Cuando se considere oportuno, una persona voluntaria de Conex acudirá al hogar para ayudar a encontrar una solución.

Precisamente, dos voluntarios de la Fundación establecen contactos telefónicos con los inquilinos y asisten periódicamente a los pisos para supervisar la convivencia y detectar posibles conflictos. Según cada caso, las visitas suelen ser semanales y, en ellas, se aprovecha para comprobar la situación personal de cada residente. Se escuchan sus inquietudes y se trata de resolverlas.

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