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Montse García, directora de la expedición Polo Sur Sin Límites

Los discapacitados quieren transformar la pena en admiración

Imagen: CONSUMER EROSKI

El 20 de enero de 2009 será una fecha mágica para ellos. Ese día, llegaron al Polo Sur. Son la primera expedición formada por personas discapacitadas que lo consigue sin ayuda externa. Antes hubo que entrenar: horas de encierro en cámaras frigoríficas, un viaje al lago helado Mosvatnet de Noruega y otra escapada a Groenlandia, donde se sometieron a la prueba definitiva. Eric Villalón, Xavier Valbuena, Jesús Noriega e Iria González-Dopeso tienen una gran historia que contar y, para que no se pierda detalle, le han dado forma de libro. La directora del proyecto, Montse García (Barcelona, 1972), capitaneó esta aventura desde el principio y consiguió sacarla adelante. “Los límites -destaca- sólo están en la mente”. Ahora ya piensa en el próximo reto.

¿Cuántas veces intentaron disuadirle de llevar a cabo este proyecto?

Muchísimas. Además, lo intentaron de formas diferentes. Expertos en este tipo de expediciones decían que era imposible, que no teníamos ninguna posibilidad de éxito, pero hemos demostrado que, con confianza, conocimiento y trabajo, los límites están en nuestras mentes y en nuestros corazones.

“Expertos en este tipo de expediciones decían que era imposible, que no teníamos ninguna posibilidad de éxito”

¿Llegó a dudar sobre la conveniencia de realizarlo?

Nunca. Sólo me planteé parar cuando varios factores comprometieron la seguridad de mis compañeros. Sin embargo, ellos tomaron la iniciativa en ese momento y solucionaron la situación. Una vez que tuvimos seguro que el proyecto respondería a las expectativas, continuamos el trabajo con fuerza e ilusión.

¿Cuál ha sido el principal reto que les ha planteado la expedición?

En realidad, el principal reto era convencer al resto de personas de que éramos capaces de culminar con éxito esta aventura. Nosotros lo sabíamos porque nuestro trabajo era riguroso y profesional, pero algunas personas lo veían como una locura abocada al fracaso. Otra proeza fue conseguir un gran resultado con muy pocos recursos. Durante meses dormimos poco y tuvimos que financiar parte de la expedición con nuestro propio dinero.

La expedición no ha defraudado, todos los componentes han sido un ejemplo de superación. ¿Qué ha aprendido usted como directora del proyecto?

He aprendido que, como siempre dice Albert Espinosa, “si crees en los sueños, ellos se crearán”. Yo creí, entre todos trabajamos para hacerlo realidad y lo conseguimos. Siempre hay personas que te escuchan y, a pesar de estar muy ocupadas, te ofrecen ayuda y todo su apoyo para que el proyecto salga adelante.

Han tenido que trabajar en equipo ¿con qué dificultades se han encontrado?

Lo más difícil ha sido trabajar con personas que no podían garantizar una dedicación exclusiva al proyecto. Una vez que se tiene clara la estructura, cuesta mucho que funcione como debería. En nuestro caso, la participación de personas procedentes de orígenes tan dispares hizo que la organización fuera un puzzle, aunque una vez que lo terminamos, la satisfacción fue inmensa.

“Los límites los marcamos nosotros mismos”

El equipo de expedicionarios estaba compuesto por una persona a la que le falta una mano, un amputado femoral, un deficiente visual y una amputada tibial. Ello no impide que sean activos e, incluso, grandes deportistas. ¿Dónde están los límites?

Los límites los marcamos nosotros mismos. Tenemos que transformar el “no puedo” en un “quiero”. Eso buscan las personas con discapacidad. Quieren transformar la pena en admiración.

Es la primera vez que una expedición formada por personas discapacitadas alcanza el Polo Sur sin ayuda externa. Tuvieron que caminar sobre la nieve siete horas al día durante 12 días, con 20 grados bajo cero. ¿Cómo fue el entrenamiento?

Optamos por un entrenamiento dirigido por el fisioterapeuta Rafa Nadal. Los ejercicios se basaron en actividades en la piscina, gimnasia, arrastre de ruedas con arneses en la playa y horas en las cámaras de refrigeración del Instituto de Ciencias del Mar del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Fue un entrenamiento muy duro, que se completó con varias salidas a la montaña y preparativos en Noruega y Groenlandia.

“El momento más duro coincidió con la gastritis de uno de los integrantes, que nos propuso su evacuación”

A pesar de todo, el dolor físico fue inevitable, ¿recuerda el momento más duro?

El momento más duro que recuerdo coincidió con la gastritis que sufrió Eric Villalón, uno de los integrantes de la expedición. En una de las conexiones por satélite propuso su evacuación “por el bien del grupo”. Consultamos al equipo médico y confirmó que el cuerpo de Eric resistiría. Así que le animamos a seguir adelante. Nuestro objetivo era llegar todos juntos, al final, y lo conseguimos.

¿Le han hablado también de los momentos más gratos?

Por supuesto. Todos recuerdan como el mejor momento del día las conexiones que realizaban con las escuelas al despertar. Estaban en el fin del mundo y oían los aplausos de cientos de niños y sus preguntas llenas de curiosidad. Dicen que era un momento mágico.

“El mundo no tendría que ser adaptado, sino inclusivo, porque todos formamos parte de la sociedad”

Esas conexiones formaban parte del proyecto educativo.

Sí. Tenía claro que el proyecto debía ser social y deportivo, pero vinculado a un proyecto educativo. Algunos escolares siguieron la expedición por satélite y entendieron mejor que nadie el mensaje que queríamos explicar. Además, han conocido la Antártida, un continente que no constaba en el programa curricular. Ideamos recursos específicos para los estudiantes y hace poco hemos diseñado un juego de mesa, en colaboración con la ONCE, que podrán utilizar todas las personas. Será pionero y enseñará que el mundo no tendría que ser adaptado, sino inclusivo, porque todos formamos parte de la sociedad.

El proyecto tenía también un propósito científico. Querían tomar muestras de hielo para estudiar la presencia de metales pesados contaminados, los microorganismos y la textura de la nieve. Sin embargo, a pesar de que el 90% de todo el hielo que hay en la Tierra se encuentra en la Antártida, no lo encontraron. ¿Cómo resolvieron este contratiempo?

La Antártida es un gran desierto de hielo. Sin embargo, las últimas nevadas lo habían cubierto. Consultamos con Josep María Gili y decidimos perforar un agujero de un metro y medio de profundidad, que era justo la capa de nieve que se había depositado desde hacía más de una década. Para Eric Villalón y Jesús Noriega, otro de los expedicionarios, fue una experiencia muy dura porque el frío hizo mella en ellos. Además, para Eric, con un 5% de visión, fue difícil manipular las bolsas de pruebas, transparentes y con cierre blanco.

Ha mencionado a Josep María Gili, profesor de investigación del departamento de Biología Marina del Instituto de Ciencias del Mar. Él se ha ocupado de la supervisión y coordinación de los proyectos científicos y didácticos asociados a la expedición. ¿Cómo valora su aportación?

Ha sido definitiva. Sin él no hubiéramos conseguido la credibilidad necesaria. Nos ha apoyado y ha empujado con fuerza este proyecto. Es un gran científico con un currículo muy extenso. Haber trabajado con él ha sido un gran premio.

“La percepción que se tiene de la discapacidad puede cambiar”

¿Cómo definiría la experiencia en general?

Ha sido muy dura, pero maravillosa a la vez. Hasta ahora, hemos visitado a unos 6.000 escolares y hemos acudido a varios centros de día y asociaciones. El trato cercano ha sido lo mejor, aunque también hemos aprendido que la percepción que se tiene de la discapacidad puede cambiar.

¿La repetiría? ¿Ha pensado ya en el próximo reto?

El reto más importante es conseguir que nuestro trabajo llegue a la sociedad, pero como no queremos tener límites, además de varios proyectos de carácter social, realizaremos la Barcelona World Race. Eric Villalón intentará dar la vuelta al mundo sin escalas, con un proyecto científico y educativo realizado junto con el Instituto de Ciencias del Mar. La fórmula anterior ha sido un éxito: deporte, sociedad, divulgación y ciencia. ¿El resultado? Un mundo para todos.

Trabajo en equipo

En el apartado de agradecimientos, Montse García no quiere olvidar a nadie porque reconoce que, sin su ayuda, el proyecto no se hubiera convertido en realidad. Xavier Gabriel, Víctor Murillo y Anna Hernández son sólo algunos de los nombres que menciona. “Cuando parecía que todo se hundía, dieron un golpe de timón y respaldaron el proyecto sin dudar”. Pero los grandes protagonistas son Eric, Xavier y Jesús, que llegaron al Polo Sur y culminaron con éxito una hazaña sin precedentes. No pudo acompañarles Iria, expedicionaria de reserva, porque el viaje estaba pensado para tres personas.

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Eric Villalón (Girona, 1973). “Superamos el gran reto de llegar caminando hasta los 90ºS”, el mismo punto donde “la mítica expedición de sir Ernest Shackleton había tenido que abandonar justo un siglo atrás”. Eric rememora así su llegada al Polo Sur. Es deficiente visual desde nacimiento, apenas tiene un 5% de visión, pero esto no le supone ninguna traba. Es un triunfador en el deporte: técnico deportivo de esquí alpino, medalla de oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, campeón paralímpico de esquí alpino en cinco ocasiones, subcampeón en tres y bronce en una, campeón de la Copa del Mundo en 2004 y campeón del absoluto el mismo año.

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Xavier Valbuena, 44 años. “Quizás lo que me gustaría hacer, y no lo he hecho todavía, es poder ir en moto de nuevo”. Xavier perdió su pierna derecha, por encima de la rodilla, en un accidente de moto en el año 2000. Desde entonces, ha vuelto a viajar en este vehículo, “pero de paquete”. Esta experiencia le ha dado fuerza. Él es profesor de ciencias en una escuela de educación secundaria, capitán de yate y autor de diversos cortometrajes. Está convencido de que, tras culminar el proyecto con éxito, es capaz de superar “cualquier cosa”.

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Jesús Noriega (Madrid, 1971). “creo que cada uno de nosotros teníamos un desafío, más allá del reto físico”. Jesús nació sin mano derecha, algo que siempre trató de ocultar hasta participar en la expedición. Mostrar esta discapacidad le ha servido, asegura, para superar una barrera personal. Es responsable de marketing de producto en una multinacional y practica “todo tipo de deportes”: montaña, buceo, esquí alpino y acuático.

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Imagen: CONSUMER EROSKI

Iria González-Dopeso (Santiago de Compostela, 1976). No pudo acompañar a sus compañeros. Sólo había tres plazas y se quedó en la reserva. Desde el principio se vio más débil, pero nunca tuvo miedo de perder. A Iria le amputaron la pierna derecha cuando tenía 13 años. Una tarde de julio, mientras disfrutaba de unos días de vacaciones en un campamento, fue embestida por un coche. “Tuve mucha suerte porque llevaba una mochila que me protegió la espalda”. Licenciada en Biología, Iria es también una estupenda deportista. Practica piragüismo, natación, submarinismo, senderismo, montaña y le gusta utilizar la bicicleta con frecuencia.


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