Organizar actos accesibles para personas con discapacidad

Se deben atender las necesidades concretas de cada persona y eliminar cualquier obstáculo físico o ambiental
Por Azucena García 21 de mayo de 2008
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Imagen: schipulites

¿Es necesario ayudar siempre a una persona con discapacidad o sólo cuando lo pide? ¿Qué criterios hay que seguir en la organización de un acto si se prevé la asistencia de invitados en silla de ruedas? ¿Cómo deben diseñarse los espacios? ¿Qué pautas hay que seguir en la elección del mobiliario? ¿Se debe contar siempre con los servicios de un intérprete de Lengua de signos? Éstas y otras cuestiones surgen, o al menos deberían surgir, cada vez que se organiza un congreso, convención o jornada. Recién aprobada la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas Discapacitadas, es hora de poner en práctica los principios que defiende para garantizar la accesibilidad a todas las personas en igualdad de condiciones y en todos los ámbitos. Aún hoy, según un estudio de CONSUMER EROSKI, ni siquiera la accesibilidad en las ciudades está garantizada.

Elegir la sede

Según datos de la Asociación de Palacios de Congresos de España (APCE), el pasado año se celebraron, en los 35 centros a los que representa, más de 6.600 actos que congregaron a más de 4.500.000 personas. Esta cifra supone un aumento cercano al 9%, con respecto a los eventos organizados el año anterior. Congresos, convenciones y jornadas son cada vez más habituales, pero, a la hora de organizarlos ¿se tiene en cuenta la asistencia de personas con necesidades especiales?

En España hay contabilizadas algo más de 3,5 millones de personas con alguna discapacidad: Un 9% de los ciudadanos. A ellos se suma la población que, “como consecuencia del envejecimiento, puede llegar a una merma en sus capacidades de movilidad”, recuerda la Fundación ONCE. “Una de las características importantes de las barreras arquitectónicas es que sólo se aprecian cuando tienes un problema físico. Cualquier accidente, la edad o una enfermedad nos puede llevar a descubrir un mundo repleto de limitaciones”, advierte el Comité de Entidades Representantes de Personas con Discapacidad de Aragón (CERMI-Aragón).

Hay que analizar la circulación dentro del local, las medidas de seguridad, la elección del mobiliario o las pautas de trato, comunicación y acompañamiento

Cada vez que se organiza un acto, público o privado, debe buscarse la participación en igualdad de condiciones. La no discriminación. Cada persona es diferente y tiene unas necesidades concretas, lo que exige seguir unos criterios específicos, en primer lugar, al elegir la sede en la que se celebra el acto. Hay que analizar cómo habilitar la accesibilidad, la circulación dentro del local, las medidas de seguridad, la elección del mobiliario o las pautas de trato, comunicación y acompañamiento de las personas con discapacidad, además de otras cuestiones puntuales respecto a la señalización, documentación o logística.

Con este objetivo, la responsable de protocolo de la delegación territorial de la Fundación ONCE en Andalucía, María José Flujas Leal, publicó hace un año el libro “Protocolo Accesible para Personas con Discapacidad”. En él, se recogen los criterios que se deben tener en cuenta para conseguir que un acto sea accesible. Se aportan los “elementos y recursos” necesarios para dar respuesta a los diferentes tipos de accesibilidad, “en definitiva, para utilizar todas las dependencias en las que se desarrollen actos”.

Requisitos

La prioridad de cualquier recinto en el que se celebra un acto debe ser la ausencia de barreras arquitectónicas o ambientales. El paso ha de ser libre, sin obstáculos, para entrar, salir, subir o bajar sin impedimentos. Hay que analizar los accesos, tanto externos (entorno urbanizado) como internos, la iluminación, la existencia de pavimentos antideslizantes y, si el local dispone de felpudos, hay que asegurarse de que están insertados en el pavimento para no tropezar con ellos. Asimismo, si hay bordillos, en ningún caso deben superar los 3 centímetros.

La ausencia de barreras arquitectónicas o ambientales es una prioridad

Otros aspectos que se deben analizar son la existencia de puntos de información señalizados adecuadamente, rampas o rebajes para salvar posibles desniveles, pasillos con una anchura mínima de l,20 metros y ángulos de giro nunca inferiores a 90 centímetros. Además, no deben instalarse papeleras u objetos que limiten el espacio, hay que evitar las aristas o superficies punzantes y, en los vestíbulos, se debe acondicionar la megafonía con bucles magnéticos y amplificadores de campo magnético para mejorar la audición a los discapacitados auditivos que utilicen audífonos con posición “T”.

Por otro lado, si hay una estancia que requiere especial atención es el aseo. Las reglas básicas exigen que los suelos sean antideslizantes, que el interior permita un giro de 360° para personas en silla de ruedas y que los cerrojos, accesorios -toalleros o dispensadores de jabón- y aparatos -secadores, botones- se coloquen a una altura adecuada (entre 80 y 120 centímetros) para estos mismos usuarios o personas de talla baja.

Prestar una atención personalizada

Cada persona tiene unas necesidades concretas. De hecho, “las necesidades de una persona no tienen por qué ser iguales a las de otra por el hecho de tener aparentemente la misma discapacidad”, reconoce Flujas Leal. Por este motivo, se debe actuar “con naturalidad y sentido del humor”. “Lo normal será tratarle con la mayor normalidad posible”, puntualizan desde el Real Patronato sobre Discapacidad.

“Lo normal será tratarle con la mayor normalidad posible”

Cuando se establece comunicación con una persona con discapacidad, no deben existir palabras tabúes o que se tengan que eludir -excepto las expresiones discriminatorias o términos peyorativos-, aunque no es discreto indagar acerca de la enfermedad o deficiencia que presenta. Respecto a la ayuda, antes de prestarla hay que preguntar a la persona si la precisa y, en caso afirmativo, escuchar sus instrucciones para ser realmente útil.

  • Discapacidad visual

Las personas con esta discapacidad presentan diferentes grados. Puede ser que distingan pequeños detalles o que su campo visual sea más amplio. En cualquier caso, siempre se debe saludar claramente a la persona, incluso, si es necesario, tocándole el brazo o la mano para que sepa que nos dirigimos a ella. Además, siempre hay que identificarse, aunque se conozca a la persona de otra vez anterior, prestarle atención, tener en cuenta los obstáculos físicos a la hora de darle indicaciones y no ausentarse sin avisar ni entrar en un recinto sin saludar.

  • Discapacidad auditiva

También en este caso, cada persona tiene un grado determinado de deficiencia auditiva. No obstante, en ningún caso es necesario gritar. Algunas personas sordas pueden leer los labios, por lo que conviene hablar de frente y con un ritmo medio, vocalizar correctamente pero sin exagerar, utilizar frases cortas o sencillas, no dar la espalda, girar la cabeza o agacharse y, si es necesario, pedir ayuda a un intérprete de lengua de signos para mejorar la comunicación con la persona sorda.

  • Sordoceguera

La sordoceguera requiere servicios especializados, métodos especiales de comunicación que se realicen, básicamente, a través del tacto. Hay que utilizarlo “olvidándose de prejuicios”. Según advierte Flujas Leal, “el grupo de personas sordociegas, aunque no es muy numeroso, es muy heterogéneo y complejo”. A partir de ahí, se debe tener en cuenta el grado de pérdida de cada uno de los sentidos (vista y oído) y actuar en consecuencia: Hablar en un tono normal, despacio y vocalizando, mirar de frente si la persona tiene resto visual y adoptar una actitud comprensiva y paciente hacia las dificultades que pueda presentar en el habla, la escucha o la visión.

  • Discapacidad física

En este caso, la discapacidad puede afectar a las extremidades superiores, inferiores, a su totalidad o a determinados movimientos. Incluso es posible que la persona tenga los miembros amputados. Por ello, se debe actuar según la condición de cada persona. Algunas reglas básicas son: Ajustar el paso al de la persona con discapacidad, facilitar el alcance de objetos de uso frecuente y situarse, en la medida de lo posible, a la altura de los ojos de la persona en silla de ruedas, cuando se habla con ella.

  • Discapacidad psíquica

Ante todo, la persona se tiene que sentir incluida en el grupo con el que se relaciona. Para ello, hay que emplear las palabras adecuadas, que le permitan entender cualquier comentario, utilizar un lenguaje sencillo, evitar situaciones de estrés, adoptar una actitud comprensiva y paciente y, si se dan instrucciones de funcionamiento de cualquier instalación o instrumento, recurrir a mensajes cortos y fáciles de recordar.

    Necesidades dietéticas especiales

    Es posible que, durante la celebración de un congreso, se organice también una comida para todos los asistentes. Cuando ocurre esto, deberían preverse las necesidades dietéticas especiales que algunas personas puedan requerir, ya sea por motivos médicos, culturales, éticos o religiosos.

    Deberían preverse las necesidades dietéticas especiales que algunas personas puedan requerir por motivos médicos, culturales, éticos o religiosos

    El “Manual para la organización de congresos y ferias para todos”, editado por la Plataforma Representativa Estatal de Grandes Discapacitados Físicos (Predif), con la colaboración de la Escuela Universitaria de Turismo de Asturias y patrocinado por la Fundación ONCE y la Fundación ACS, asegura que la posibilidad de asistir a un evento congresual o ferial “puede verse condicionada por la capacidad de los organizadores para proveer de una alimentación acorde a las necesidades” de cada persona. “Incluso en algunos casos este tipo de problemas pueden hacerles renunciar a asistir a los mismos”, advierte. Si se prevé un encuentro gastronómico, hay que estar preparados para atender cualquier necesidad dietética especial: Dieta blanda, hipocalórica, baja en colesterol, baja en sodio o sal, sin lactosa, vegetariana, ovo-vegetariana o cualquier menú vinculado a orientaciones religiosas (vegetariana asiática, musulmana, judía e hindú).

    Ferias y congresos para todos

    Cuando María José Flujas Leal se planteó editar un “Protocolo Accesible para Personas con Discapacidad” su principal objetivo fue “cambiar la idea que asocia accesibilidad con grandes inversiones”. Además, también se propuso “quitar el miedo” a las relaciones con personas con discapacidad y animar “a dar un paso hacia la integración y normalización”. Conseguir pequeñas conquistas que provocasen un “efecto tirón”. Y es que, a pesar de que existen ayudas ópticas, ayudas para escribir y leer o sistemas de transmisión de sonido, no siempre se cuenta con ellas en los actos.

    Algunas entidades ceden material de apoyo, pero es necesario realizar las gestiones con antelación

    Algunas entidades ceden material de manera gratuita, aunque es necesario realizar las gestiones con antelación. Se facilitan sistemas de trascripción a braille, rampas provisionales e, incluso, cada vez hay un mayor número de intérpretes de lengua de signos para personas sordas o sordociegas.

    Medidas de seguridad

    Son obligatorias en todos los actos, pero en aquellos en los que participan personas con discapacidad o movilidad reducida cobran más importancia, si cabe. Además de la normativa que deben cumplir los recintos, hay que prestar especial atención a las vías por las que se desplazan estas personas. El Manual editado por Predif aconseja contar siempre con un plan de evacuación en caso de emergencia y que el personal de seguridad conozca si en el recinto se encuentran personas discapacitadas que necesiten ser auxiliadas en caso de evacuación. Además, es conveniente crear áreas de refugio.