Sin clases durante dos años
En la Franja de Gaza, más de 650.000 menores no han tenido acceso a la educación durante más de dos cursos consecutivos por la ofensiva israelí. Esta interrupción ha tenido un gran impacto en su proceso y en su nivel de aprendizaje. Se estima que la proporción de niños y niñas incapaces de leer un texto básico a la edad de 10 años ha aumentado en al menos 20 puntos porcentuales. Lamentablemente, estas consecuencias se extenderán a largo plazo.
Además, el 97 % de las escuelas necesitan rehabilitarse o reconstruirse. Para los menores, ver sus aulas hechas escombros ha tenido un gran impacto. “Me encontré con que toda la escuela estaba quemada y no pude encontrar a mis compañeros de clase”, contaba Joury, una niña de 10 años.

Es fundamental comprender que, antes de octubre de 2023, para los niños y niñas de Gaza, la educación siempre había sido una motivación esencial, porque era su forma de mantener la esperanza en un futuro mejor. Coger su mochila y sus libros e ir a la escuela era su impulso para superar las duras condiciones a las que se enfrentaban. Por ello, tras el estallido de la ofensiva, la imposibilidad de ir a sus aulas fue devastadora para su salud mental. Sus sueños quedaban más lejos que nunca.
Volver a estudiar, un derecho fundamental
Pero fue precisamente su firmeza en alcanzar sus sueños lo que les sostuvo la confianza en que volverían a estudiar. “A pesar del dolor, no hemos olvidado nuestro derecho a la educación”, explicaba Leena, una niña de Gaza de 14 años y estudiante de una escuela gestionada por la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA). “No quiero que esta guerra me quite el derecho a estudiar, ya que me ha quitado a mi padre y mi infancia”, dice Rahaf, otra niña de la misma edad.
UNRWA es el principal agente en materia de educación en Gaza. Por eso, tras el alto el fuego, devolver a los niños y niñas este derecho fundamental ha sido una prioridad para la Agencia.
Rehabilitar las aulas
Los equipos de UNRWA han trabajado sin descanso para rehabilitar espacios temporales de aprendizaje en sus refugios. En total, más de 660 están operativos y acogen cada día a más de 65.500 niños y niñas, incluidos más 1.200 con discapacidad.

Para muchas maestras y maestros de la Agencia, ver estos lugares supone una mezcla se sensaciones. Por una parte, comprenden el inmenso valor que tienen para los menores y su proceso de aprendizaje. Por otro, no pueden evitar sentir dolor al ver las condiciones en las que se ven obligados a enseñar.
“Entrar al aula me entristece mucho. Ahora estoy danto clase a niños que se sientan en el suelo, dentro de una tienda de campaña”, explica Heba, una profesora de primaria de UNRWA. Pero ni el dolor, ni los ataques en curso en Gaza ni el asedio han frenado a los profesionales educativos de la Agencia.
Aparte de los espacios temporales de aprendizaje, 280.000 menores estudian a distancia a través de plataformas y programas online. El objetivo es llegar al mayor número de niños y niñas posible, y que la destrucción, el desplazamiento y la falta de medios no sean barreras.
“La educación en situación de emergencia es un derecho, no una opción. A pesar de las dificultades, profesores y alumnado siguen adelante, ya que invertir en educación protege la dignidad y el futuro de la sociedad”, concluye Omar, un refugiado de Palestina en Gaza.


