La respuesta ha llegado a través de la formación de futuros y futuras docentes de la Universidad del País Vasco (EHU) sobre refugio y desplazamiento forzado, desarrollada en el marco del programa Babesa 4.7 impulsado por ACNUR Euskal Batzordea. Este proceso ha combinado teoría, vivencia y diálogo para convertir el aula universitaria en un verdadero laboratorio de ciudadanía global.
Por qué hablar de refugio en las aulas
La escuela es uno de los primeros espacios donde se construyen las miradas sobre el mundo. En ella aprendemos a interpretar la diversidad, identificar las injusticias y posicionarnos frente a los demás.

Abordar en las aulas el refugio y el desplazamiento forzado no es solo una cuestión de actualidad, sino una oportunidad educativa para promover los derechos humanos y la empatía hacia las personas que se ven obligadas a huir de sus hogares a causa de la guerra, la persecución o el impacto del cambio climático.
El profesorado desempeña un papel clave en este proceso. No solo transmite contenidos, sino también valores, actitudes y formas de entender la convivencia. Por ello, formar a futuros docentes desde una perspectiva de ciudadanía global crítica supone dotarles de herramientas para que, desde su práctica profesional, contribuyan a la construcción de sociedades más justas, inclusivas y solidarias.
Para que este aprendizaje sea verdaderamente transformador, es necesario ir más allá de la teoría e incorporar la experiencia, la emoción y el encuentro con las personas que viven estas realidades.

Los txokos: aprender desde la vivencia
Con esta idea nació la jornada “Rincones de acogida en cruces de caminos”. Esta propuesta metodológica traduce la ciudadanía global en una experiencia compartida, llevada a cabo en la Facultad de Educación de la EHU en Leioa con la participación de todo el tercer curso del Grado de Educación Primaria.
En la actividad tomaron parte alrededor de 90 estudiantes, junto con profesorado de Educación de la EHU, incluyendo docentes que se desplazaron desde Donostia-San Sebastián y Vitoria-Gasteiz. La jornada dividió el aula en pequeños espacios —los txokos— donde grupos de hasta diez estudiantes junto con las personas refugiadas invitadas exploraron el concepto de refugio desde diferentes miradas.
Cada txoko abordaba la temática a través de un lenguaje distinto: la música, el deporte, la literatura, los medios de comunicación o la gastronomía. A partir de preguntas-guía y pequeñas actividades prácticas, el alumnado y las personas refugiadas pudieron reflexionar, experimentar y construir un sentido colectivo en torno al desplazamiento forzado. Juegos cooperativos, microteatro, mapas, collages y dinámicas de rol ayudaban a traducir conceptos abstractos en experiencias tangibles.

Participación de personas refugiadas
El núcleo ético y político de la experiencia fue la participación de personas refugiadas, que no acudieron como meros testimonios, sino como compañeras de diálogo con saberes propios. Su presencia permitió romper estereotipos y generar encuentros horizontales en los que escuchar y ser escuchado formaba parte del proceso educativo.
Se cuidaron especialmente las condiciones de seguridad, dignidad y acompañamiento. Y esto permitió evitar enfoques victimistas o paternalistas y acercarse al refugio desde una narrativa centrada en los derechos, la resiliencia y la capacidad de acción de las personas sobre su propia vida.
¿Qué cambió en el alumnado?
Los resultados preliminares mostraron una alta participación y motivación. Las observaciones del equipo técnico y las herramientas de evaluación evidenciaron una activación del pensamiento crítico y una implicación emocional profunda.
El alumnado no solo comprendió mejor la realidad del desplazamiento forzado, sino que comenzó a reconocerse como futuro profesorado con una responsabilidad social. Muchas personas participantes expresaron compromiso para integrar los derechos humanos y la perspectiva del refugio en su práctica docente. La experiencia les proporcionó herramientas y confianza para trasladar este enfoque a sus futuras aulas, y su impacto positivo llevó a replicar la metodología en la Facultad de Educación guipuzcoana.

La experiencia de los txokos demuestra que es posible construir ciudadanía global desde el aula cuando se combinan conocimiento, vivencia y escucha. En un contexto marcado por la desigualdad y el desplazamiento forzado, una educación basada en la experiencia compartida y el diálogo intercultural se revela como una herramienta fundamental para formar personas capaces de comprender el mundo y transformarlo colectivamente.


