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Gratis en Internet

Los opciones básicas de la mayoría de servicios de la Red siguen siendo gratuitos

Variedad de servicios

Sin pagar un solo euro es posible acceder a una ingente cantidad de información, utilizar todo tipo de servicios (correo electrónico, chat, llamadas telefónicas, disco duro virtual…), recursos para crear y mantener páginas web (alojamiento, contadores, estadísticas, promoción, etc.) y descargar programas, música e incluso libros.

Para empezar, es posible conectarse a Internet sin abonar ninguna tarifa por el propio acceso, pagando, eso sí, la llamada telefónica. Los proveedores, como Terra, Ya.com o Tiscali mantienen entre su variada oferta de tarifas planas y alta velocidad un servicio básico por el que sólo hay que abonar el importe de la llamada metropolitana (0,024?/min. de lunes a viernes entre las 8:00 y las 18:00 y 0,0099 ?/min. entre 18:00 y 8:00 horas y fines de semana).

Incluso en estos acceso gratuitos, el usuario recibe además de la conexión algunos servicios, como una cuenta de correo o espacio para la página personal (30 Mb en Jazzfree y 10Mb en Tiscali, por ejemplo). Estos servicios son el gancho hasta que el usuario requiera más prestaciones y le interese pagar una cuota por navegar con tarifa plana o necesite más cuentas de correo o espacio web.

Lo mismo ocurre con otro tipo de servicios, como los de alojamiento y mantenimiento de páginas web, que cuentan con una oferta gratuita elemental que se va haciendo más interesante a medida que el usuario se aviene a abonar una mensualidad. En Internet también vale lo de “nadie regala nada”: al usuario siempre se le pide algo a cambio, aunque no sea dinero.

La fórmula más habitual de ‘rentabilizar’ los regalos es mediante la publicidad. Desde los medios de comunicación hasta los programas que se descargan desde la Red utilizan la publicidad como moneda de cambio: el usuario que no quiera ser bombardeado con banners o pop-ups deberá suscribirse. Al igual que ocurre con los anunciantes que patrocinan en televisión películas sin cortes publicitarios (los ponen, eso sí, antes y después de la película), la revista online Salon regala un pase de 18 horas a su contenido premium al internauta que vea un anuncio determinado.

Otro modelo muy utilizado por los medios online es cambiar contenido gratuito por datos personales. El usuario no deberá pagar nada, pero sí suscribirse ofreciendo su información personal para que pueda ser empleada para colocar publicidad más dirigida, precisa y supuestamente efectiva.

El shareware representa una serie de programas, en principio gratuitos, con funciones limitadas o que dejan de funcionar al de una serie de días. Si el usuario desea la versión completa deberá abonar su precio. En cualquier caso, y frente a otros programas informáticos que se adquieren a ciegas, el shareware es una fórmula muy interesante: permite probar un producto sin pagar antes de adquirirlo, aunque los hay que siguen funcionando a cambio de tener siempre visible una ventana de publicidad. Otros vendedores con menos escrúpulos utilizan el spyware, programas encubiertos que registran los hábitos de navegación de los usuarios para venderlos al mejor postor.

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