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Javier Candeira, artista multimedia, periodista y ensayista experto en nuevas tecnologías

Internet es un reflejo de lo que somos y lo que nos interesa como especie

  • Autor: Por
  • Fecha de publicación: jueves 28 junio de 2007

Javier Candeira, fundador y editor del blog de nuevas tecnologías, software libre y derechos digitales Barrapunto, ha trabajado como periodista para numerosos medios escritos y ha sido presentador de televisión. Como tal, es un observador privilegiado y uno de los mejores analistas que existen en España en el campo de las nuevas tecnologías. Recientemente, ha profundizado en su faceta de programador y artista multimedia aportando un interesante videojuego a la exposición ‘El rei de la casa’, que propone una reflexión sobre la visión que tenemos los mayores de la infancia y su encaje en el mundo de hoy. La exposición se puede ver en el Palau de la Virreina de Barcelona hasta el 24 de septiembre, y posteriormente viajará a Vitoria. Candeira también es traductor, ensayista y un renombrado activista en favor del software libre.

Usted participa en la exposición ‘El rei de la casa’ con un interesante ‘pinball’ que en realidad es un videojuego metafórico sobre las nuevas tecnologías ¿Qué pretende expresar dicho videojuego?

«‘El rei de la casa’, representa la tensión familiar frente al consumo de medios de los niños»

Andrés Hispano y Marc Roig, comisarios de la exposición, me encargaron representar Internet y los salones de videojuegos (o los cibercafés, que son su equivalente moderno) como uno de los ‘nuevos bosques’, esos lugares donde los padres temen dejar a sus hijos a solas por miedo a los peligros (reales o supuestos) que allí acechan.

El «nuevo bosque de Internet y los videojuegos» sería un videojuego (demostrando que el videojuego es un vector cultural, una forma de expresión artística, política o comercial como cualquier otra) acerca del triángulo que tiene por vértices la infancia, sus tuteladores (los padres, la sociedad), e Internet. Se trata de un pinball con dos niveles; uno ambientado en el mundo real y titulado como la exposición (se llama también «El rei de la casa»), y otro ambientado en un ciberespacio más o menos convencional.

Este segundo nivel se llama ‘¡Presa de la Red!’, y representa una visión de Internet un poco «según Antena 3»: sale el spam, el asesino del Rol, el niño que gana más dinero que sus padres, arneses sado-maso, consoladores… Vamos, todos esos miedos convencionales, y a mi juicio poco justificados, que los medios de comunicación se encargan de amplificar.

«Internet es la visión de la imprenta global: como si Gutenberg no hubiera hecho un invento que hacía libros, sino un invento que hacía imprentas»

‘El rei de la casa’, representa la tensión familiar frente al consumo de medios de los niños: salen los libros, la tele, la escuela, la iglesia… El púlpito es un medio de comunicación de masas como cualquier otro, y si la Iglesia combate los videojuegos, como también lo hacen los informativos de televisión, es por rivalidad. Internet es la visión de la imprenta global: como si Gutenberg no hubiera hecho un invento que hacía libros, sino un invento que hacía imprentas. Los videojuegos son el manual de instrucciones, la novela de aventuras y el patio de recreo virtual del Siglo XXI.

Por profesión y vocación, usted ha sido testigo privilegiado de la irrupción de Internet y las nuevas tecnologías en la sociedad. ¿Cómo glosaría el recorrido de este ‘boom’ desde su inicio hasta hoy?

«Internet ha empapado el tejido social de tal manera que su influencia es visible desde cualquier sitio»

Yo diría que no hay puestos privilegiados, dado que Internet ha empapado el tejido social de tal manera que su influencia es visible desde cualquier sitio. Quizá lo más señalado es hasta qué punto Internet se ha convertido en algo que simplemente ‘siempre ha estado allí’: los niños lo usan para hacer los deberes, los novios para mandarse mensajitos durante la jornada laboral, las parejas para darse recados («¡compra leche!», «¡hoy cenamos con tus padres!»), los equipos de trabajo en sedes alejadas (o trabajando desde sus casas) para coordinarse laboralmente…

Para muchas de estas personas, para gente como yo o probablemente para periodistas como tú, resulta casi inconcebible pensar que antes se hacía de otra manera. Es como el cambio que la telefonía móvil ha producido en la forma que la gente tiene de quedar: antes había que quedar en un sitio, a una hora, o no había forma de encontrarse; ahora la gente sale primero y queda después.

«Quizá lo más señalado es hasta qué punto Internet se ha convertido en algo que simplemente ‘siempre ha estado allí'»En definitiva, Internet permite esta cultura del ad-hoc, de lo que en el software libre se llama ‘consenso débil y código que funciona’: la gente ya no queda, queda en que va a quedar. Esto es algo que se está viendo en la vida laboral y personal, y que en gran manera está viéndose marcado por la facilidad y conveniencia de las nuevas telecomunicaciones.

Si, como dice usted, cada vez parece más claro que Internet va a ser actor principal en el siglo XXI, ¿cómo se explica que todavía tenga tan mala prensa?

«Nos fijamos demasiado en las virtudes de lo que ya tenemos y en los defectos de lo nuevo»

La mala prensa de Internet se explica de muchas maneras, que todas son la misma: nos fijamos demasiado en las virtudes de lo que ya tenemos y en los defectos de lo nuevo. Hace poco Michael Gorman, un editor de la Enciclopedia Britannica, escribió un artículo contra la Wikipedia en el que básicamente la ponía a caer de un burro.

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Clay Shirky le contestó con otro artículo del que sólo hace falta citar el título: ‘Old revolutions good, new revolutions bad’ (Las revoluciones antiguas son buenas, las nuevas revoluciones son malas). Esto es algo que llevamos diciendo, de una manera u otra, muchos observadores de Internet. Cory Doctorow, novelista y editor del popularísimo blog Boing Boing, lo explica diciendo que los libros de imprenta eran peores que los hechos a mano pero que triunfaron precisamente porque ese ‘ser peores’ en lo que los libros a mano eran buenos (de pergamino, grandes, iluminados a mano) les permitían ser buenos en lo que los libros manuscritos no podían serlo: eran pequeños, ligeros y baratos.

La revolución de la imprenta se disparó de verdad el día en que la imprenta de Francesco Griffo publicó volúmenes que cabían en la alforja de un caballo; el libro portátil creó la lectura privada, en silencio (antes la lectura se realizaba en voz alta, en comunidad), y con ello creó el germen del individualismo moderno, de la Ilustración, de todo aquello que hoy disfrutamos aunque lo demos por descontado.

«Internet y las nuevas tecnologías son peores que las antiguas en las cosas en que las tecnologías antiguas eran buenas, pero esto les permite ser mejores en cosas nuevas»

Con Internet y las nuevas tecnologías pasa un poco lo mismo: son peores que las antiguas en las cosas en que las tecnologías antiguas eran buenas. Pero esto les permite ser mejores en cosas nuevas: el correo electrónico no es fetichizable como las cartas de papel (uno no puede guardar unas cartas de amor de la abuela, envueltas en un lazo, con aroma de violetas), pero es más rápido y más conveniente.

Como resultado, ahora la gente se escribe y lee más cartas que en ningún momento desde que se tuvo acceso al teléfono. Lo curioso es que la gente tiende a ser platónica, y a unir en sus cabezas lo bueno (útil) con lo bueno (moral). Yo creo que la mentalidad de ‘horror sin cuento’ atribuida a Internet viene también, al menos en parte, de ese «eso no vale para nada», proyectado al ámbito de lo moral.

Esto tampoco es nada nuevo: Cervantes escribió una fantástica sátira sobre lo malas que pueden ser las novelas, y cómo pueden llevarnos a la locura, y ahora los Ministerios correspondientes nos dicen que por favor, por bien de todos y de nosotros mismos, leamos más. Y todos los ejemplos que nos ponen son de libros de ficción.

«No es de extrañar que ahora digan que los videojuegos sorben el seso, o que Internet es el comienzo de todos los males: es algo tradicional»

En el metro de Madrid hay carteles con comienzos de libros y, por cada ejemplo de ensayo o de poesía, hay diez novelas. Lo mismo con los tebeos («corrompen a la juventud») y con la tele («¡la caja tonta!», «¡telebasura!»), mientras que el cine es ahora el ‘séptimo arte’. Habría que ver qué se pensaba de los cinematógrafos en sus comienzos.

Así que no es de extrañar que ahora digan que los videojuegos sorben el seso, o que Internet es el comienzo de todos los males. No sólo no es de extrañar, sino que era de esperar. No por ello tienen razón en sus quejas, pero sí que tienen una justificación para quejarse: la tradición histórica.

¿Por qué los medios sólo ven la parte oscura de la Red? ¿Es realmente tan grande la proporción de lo malo ante lo bueno de las nuevas tecnologías?

«Como somos primates sociales, hay tres cosas que nos interesan: el poder, el sexo y el peligro»

Los medios de comunicación amplifican esta percepción social por dos razones: La primera es que, por definición, un medio de comunicación es un amplificador social. Un medio de comunicación de masas no puede tratar todo por igual, y amplifica selectivamente: no merecen las mismas líneas (ni columnas) todos los muertos, ni todos los incendios, ni todas las leyes, ni todos los goles.

Y como somos primates sociales, hay tres cosas que nos interesan: el poder, el sexo y el peligro. Los medios de comunicación de masas son una especie de inconsciente colectivo de esta manada de monos de la sabana africana que, unos cientos de miles de años más tarde, leemos periódicos y vemos la tele. Si a esto añadimos esta percepción anterior de que Internet es un peligro, pues es normal que se amplifique mucho más que no la percepción, que también existe, de que Internet es una oportunidad.

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La otra razón es que los medios de comunicación han visto cómo se les arrebataba el monopolio de la comunicación masiva, que ha pasado de ser de ‘uno a muchos’ a ser de ‘muchos a muchos’. Hablando ayer de periodismo científico con Pepe Cervera, llegábamos a la conclusión de en qué había cambiado tras la aparición de los weblogs e Internet. Nótese que en nuestro análisis el periodismo científico es «cómo se informa un ciudadano en su casa», no «lo que hacen los periódicos».

Antes de Internet, un periodista escribe en el periódico: «he leído en Nature un artículo que dice tal y tal», y tú lo lees desde tu casa. «Los medios de comunicación han visto cómo se les arrebataba el monopolio de la comunicación masiva, que ha pasado de ser de ‘uno a muchos’ a ser de ‘muchos a muchos'»Justo en la aparición de Internet y la web, un amigo te cuenta por correo electrónico que «ha salido en Nature un artículo que dice tal y tal», y tú lo comentas con tu amigo desde tu casa.

Ahora, con los weblogs, se produce un cambio espectacular: un científico dice en su blog: «he escrito un artículo en Nature que dice tal y tal», y tú conversas con él en su zona de comentarios, o lees los comentarios de otros científicos hablando con él. Esto, trasladado a todos los demás ámbitos (bueno, no hay muchos futbolistas con weblog, pero ya empieza a haber políticos, escritores hay muchos y cineastas también) hace que los medios se sientan muy amenazados. Antes se definía periodismo como «aquello que hacen los periodistas».

Ahora hay que definirlo como «la forma en que la sociedad se informa de los acontecimientos que la afectan». En esta nueva definición, los periodistas ya no tienen el monopolio de la información pública, sino una porción cada vez menor de un pastel cada vez mayor.

«Antes se definía periodismo como ‘aquello que hacen los periodistas’; ahora hay que definirlo como ‘la forma en que la sociedad se informa de los acontecimientos que la afectan'»

Como aparte, diré que esto es bueno. La gente está, en general, cada vez mejor informada: tiene visiones más plurales, acceso a fuentes primarias, y puede contrastar versiones con mayor facilidad y a menor coste. Para las empresas de medios esto es chungo, pero qué se le va a hacer, yo creo que en este aspecto, al menos, el mundo es un sitio mejor que hace 20 años.

Ya casi nadie discute que Internet y las nuevas tecnologías pueden ayudar mucho a aliviar los rigores de la vejez, y la dependencia y aislamiento que ésta comporta. ¿Pueden resultar igualmente tan positivas para la infancia?

«Una persona entre catorce y dieciocho años es un individuo biológicamente adulto y cuyo único problema es que carece de experiencia»

Por supuesto que sí. Internet permite a los niños y adolescentes funcionar en espacios adultos, probar a ser adultos. Acabo de leer la reseña de un libro, The Case Against Adolescence, que atribuye la mayor parte de los problemas de las personas de esta edad a su sobreprotección.

Entre la educación obligatoria (y la que no lo es pero lo parece, como la universitaria) y las leyes de protección al menor que cada vez son más restrictivas para los menores, la infancia se está prolongando hasta la veintena. Una persona entre catorce y dieciocho años es un individuo biológicamente adulto (aunque conserve una juventud a veces insultante a la que llamamos adolescencia), y cuyo único problema es que carece de experiencia.

«Internet permite que un joven pueda iniciar un negocio, crear un proyecto de software libre o participar en la edición de una enciclopedia»

Sin embargo, la sociedad les niega el acceso a esta experiencia (o lo intenta), con lo que se crea ese extraño limbo de la adolescencia moderna. Robert Epstein, el autor de The Case Against Adolescence, comenta que los adolescentes americanos sufren diez veces más restricciones que los adultos, dos veces más restricciones que los soldados en servicio activo, e incluso dos veces más restricciones que los convictos encarcelados.

Internet permite que un joven pueda iniciar un negocio, crear un proyecto de software libre o participar en la edición de una enciclopedia, algo mucho más fructífero, satisfactorio y, por qué no decirlo, también más educativo que simplemente leer una enciclopedia. Se me pondrá como crítica que los jóvenes que hacen esas cosas son minoría, porque la mayor parte de los jóvenes entran en Internet a chatear sobre sexo, mirar páginas de sexo y a leer sobre fútbol y El Gran Hermano.

La respuesta a esta crítica es fácil: compárenme Internet con el mundo real, no con su utopía. En los institutos los chavales hablan de sexo y de fútbol, y basta encender Antena 3 o Tele 5 para darse cuenta de que eso es también lo que interesa a los adultos, a los anunciantes y a los programadores.

«Los adolescentes americanos sufren diez veces más restricciones que los adultos, dos veces más restricciones que los soldados en servicio activo, e incluso dos veces más restricciones que los convictos encarcelados»

Internet es un reflejo de lo que somos y lo que nos interesa como especie. Sin embargo, y continuando con la comparación televisiva, en la televisión en abierto sólo hay un Redes, y lo ponen los martes de madrugada. En Internet hay montones de weblogs sobre ciencia, historia, cultura pop, y quienes los hacen son esos mismos jóvenes a los que los medios tradicionales no les satisfacen.

La respuesta breve a esta pregunta, sobre todo dirigido a quienes hacen estas críticas desde los medios tradicionales, es «menos lirili y más larala». Que se hable del potencial perversor de Internet desde el mismo medio en que se emite ‘Jóvenes Estrellas’ o ‘EuroJúnior’ es cómico, o lo sería si no fuera trágico.

¿Abordan los niños las nuevas tecnologías con la misma mirada que sus mayores? ¿Son más entusiastas? ¿Más incautos?

«Para mi ahijado y su gemelo, niños nacidos 1992, siempre ha habido móviles con SMS, la tele siempre ha sido en color e Internet siempre ha existido»

Las abordan sin prejuicios. Para mi ahijado y su gemelo, niños nacidos 1992, siempre ha habido móviles con SMS, la tele siempre ha sido en color e Internet siempre ha existido. Son más duchos, porque son más flexibles. Los adultos no están acostumbrados a encontrarse fuera de su zona de confort, así que les da más reparo equivocarse, con lo que prueban menos cosas y cuando se equivocan el refuerzo negativo es más grande, se desaniman antes.

La teoría estándar es que los niños aprenden más porque sus cerebros son más flexibles, y puede que en parte sea cierto; pero yo sospecho que también es porque, cuando se equivocan, siguen intentándolo. En cuanto a si son más entusiastas o más incautos, yo diría que claramente no a lo segundo.

«Los niños desconfían de los extraños, y tienden a investigarlos antes de entablar conversación u otro tipo de relación (intercambio de archivos) con ellos»

Un reciente estudio que pretendía ver las formas de relación de los niños y adolescentes norteamericanos en Internet reveló que los niños raramente daban su nombre y su apellido, y muy muy raramente daban ambos y su ciudad. También se veía que los niños desconfiaban de los extraños, y tendían a investigarlos antes de entablar conversación u otro tipo de relación (intercambio de archivos) con ellos.

Los niños saben cuidarse más de lo que creemos, y de hecho Internet se lo pone fácil: un niño de 12 años no puede defenderse de un adulto en el mundo real, pero con un ordenador de por medio se encuentran casi de igual a igual. Sí que son más entusiastas, porque Internet es para ellos un espacio de libertad.

«Los niños son más entusiastas de Internet porque la Red es para ellos un espacio de libertad»

Un niño no puede irse de vacaciones sin sus padres, ni siquiera cenar a la hora que le apetezca. En Internet, sin embargo, los límites los pone cada uno, y esto es bueno. De hecho, Internet puede servir para facilitar ese paso de la vida llena de restricciones y vacía de responsabilidades a la vida adulta, con restricciones autoimpuestas y responsabilidades por doquier.

¿Cree que los videojuegos son peligrosos para la infancia? ¿O que determinados videojuegos son peligrosos para la infancia?

«Los videojuegos son peligrosos para los programadores de televisión, que pierden audiencia a manos del ocio interactivo, y para los jugueteros, que venden menos juguetes en Navidad»

¿Peligrosos para quién? Son peligrosos para los programadores de televisión, que pierden audiencia a manos del ocio interactivo, y para los jugueteros, que venden menos juguetes en Navidad. Con respecto a los medios de comunicación: libros, televisión, cine, juegos, y los incluyo en el mismo saco, creo que la regla de oro es que si uno tiene curiosidad, es lo bastante mayor. Ver la tele 8 horas al día no puede ser bueno para nadie, o eso es lo que dice el consenso bienpensante. Sin embargo, se considera un prodigio al niño o la niña que lee 8 horas al día. En la moderación está la virtud, y realmente no creo que los videojuegos sean más peligrosos que el ‘Tomate’, el telediario, el teatro o el púlpito. Siempre que sea en moderación, está claro.

Creo que puede haber peligros por el uso de los medios, pero que son peligros cuantitativos (consumir medios, sean los que sean, y no hacer otra cosa), porque no hay verdaderos peligros cualitativos. «Creo que puede haber peligros por el uso de los medios, pero que son peligros cuantitativos (consumir medios, sean los que sean, y no hacer otra cosa), porque no hay verdaderos peligros cualitativos»Existe un mito muy extendido que dice que los videojuegos son más peligrosos que los demás medios porque se consumen ‘activamente’, no ‘pasivamente’.

O sea, si uno ve a Chuck Norris dar una paliza a los malos, o a Stallone atropellar viejecitas, sólo lo está viendo, pero en el videojuego uno es quien realiza las acciones. Esto supuestamente afecta al jugador, sobre todo si es joven y sugestionable. Digo supuestamente porque ningún estudio lo ha demostrado, se trata de un razonamiento mágico más cercano al vudú que a la ciencia. «Se puede argumentar que en los últimos 10 años, los que van de 1996 a 2006, la criminalidad ha descendido, no aumentado, en las principales ciudades de Estados Unidos»

Por ejemplo: frente a los que dicen que juegos como Quake, Counterstrike y Grand Theft Auto generan violencia y delincuencia, se puede argumentar que en los últimos 10 años, los que van de 1996 a 2006, la criminalidad ha descendido, no aumentado, en las principales ciudades de Estados Unidos. Si hubiera la menor correlación con este tipo de juegos, tendríamos que poder verla.

Podría seguir durante páginas y páginas, de hecho he escrito sobre este tema, pero sólo daré una cita más, recordando algo que he dicho antes: en el pasado, ya hubo quien atribuyó la delincuencia juvenil y la moral relajada a los cómics y a la novela, respectivamente. El padre Malón de Chaide escribió en 1588 sobre lo malas que eran las novelas para la juventud: «¡Qué otra cosa son los libros de amores […] puestos en manos de pocos años, sino cuchillo en poder del hombre furioso!». ‘Plus ça change’.

¿Debemos tutelar a los niños en la Red o en el uso de videojuegos? ¿Debe existir alguna regulación en estos campos y quién debe poner las líneas rojas?

«Yo creo que cada uno con sus hijos, que los eduque como mejor sepa, y que es importante que no nos tutelen a todos en nombre de la infancia»

Yo creo que cada uno con sus hijos, que los eduque como mejor sepa, y que es importante que no nos tutelen a todos en nombre de la infancia. Cuando trabajaba en Canal Satélite, una de mis entrevistadas en la calle me dio una respuesta estupenda: era una madre que me contestó algo así como «¡claro que mi hijo juega con juegos sangrientos, le encantan! ¡Jugamos juntos!».

A mí me parece mucho más sana la infancia de ese crío que juega con su madre que no la del que juega solo a juegos ‘para niños’. Otra cosa que hay que tener clara, porque en estos temas a veces se mezcla todo, es que los juegos son como las obras de teatro o como las películas: no todas son para todos. Está bien que haya una autorregulación (que ya existe, por cierto) que ayude a los padres a saber que el juego que están comprando tiene tales o cuales características.

Uno no le regala a su hijo de 9 años o a su hija de 12 el ‘Tito Andrónico’ de Shakespeare, aunque sólo sea porque es una obra en la que se practica el canibalismo, y lo mismo les da ideas… Lo que no me parece bien son iniciativas como las norteamericanas, o la que pretende elevar a ley europea una propuesta alemana, que pretenden prohibir la venta de videojuegos ‘violentos’ a ‘menores’.

«Los chavales y chavalas de 16 años tienen más que de sobra el conocimiento para saber si los medios violentos les gustan, les interesan o no»

Pongo ‘violentos’ y ‘menores’ entre comillas porque los chavales y chavalas de 16 años tienen, como decía antes, más que de sobra el conocimiento para saber si los medios violentos les gustan, les interesan o no, y porque la violencia es algo que se puede juzgar de muchas maneras.

Más cuando se trata de la violencia altamente ritualizada de los videojuegos. Me asusta cualquier cosa que suponga censura, y el control de Internet en nombre de los niños es algo que me parece un disparate. Si dejas a tu niño solo frente al ordenador, asunto tuyo. No me filtres mi Internet porque no sabes educar a tus hijos.

¿Cuál es su videojuego favorito? ¿Contiene violencia o sexo explícito? ¿Se lo prestaría a los hijos de sus amigos?

Ahora mismo mi videojuego favorito es una joya minimalista que se llama Spout, y no, no tiene violencia (es una cosa abstracta de abrirse paso por unas cuevas) o sexo explícito. Pero otro videojuego que me encanta, ‘The Typing of the Dead’, es un juego de matar zombies a disparos modificado para aprender mecanografía (cada zombie lleva una palabra, y muere cuando el jugador la teclea).

Lo estoy buscando para podérselo regalar a los hijos (de 13 y 14 años) de un amigo. En cuanto a juegos más conocidos, el último al que he jugado es Half Life 2: Episode One. Creo que la serie de Half-Life está cerca de la perfección formal, tanto en la vertiente narrativa como en la puramente lúdica. En octubre saldrán Half Life 2: Episode Two y Portal, y estoy que no puedo esperar.

«Me fascina la obsesión de los medios y la gente bienpensante por el sexo en los videojuegos»

De todos modos me fascina la obsesión de los medios y la gente bienpensante por el sexo en los videojuegos. Es como el chiste del tipo que va al psiquiatra, le ponen delante un test de Rorschach, y no ve más que mujeres desnudas, erecciones y coitos. El psiquiatra le dice «tiene usted un problema con el sexo», y el paciente le responde «¡es usted, que no para de enseñarme dibujos guarros!»

¿Debemos educar a nuestros niños no sólo para navegar pasivamente, sino también para participar en el desarrollo futuro de la Red y sus productos?

Claro. Cuando Jimmy Wales habló en el festival Copyleft en Barcelona, en julio de 2005, una mujer del público, profesora de instituto, le preguntó si le parecía bien que sus alumnos usaran cada vez más la Wikipedia, y le entregaran trabajos llenos de errores.

«Lo preocupante puede ser que la gente lea y vea la tele todo el rato: todo el rato consumiendo lo que hacen los demás en vez de hacer ellos»

Lo que le contestó Wales es que lo bueno de Wikipedia es que podían corregir esos errores, y discutirlos en las páginas de discusión, y que era mucho más educativo hacer que simplemente recibir. El software libre, Wikipedia, los weblogs, los concursos de imágenes retocadas humorísticamente…, todos estos son medios participativos.

Hasta los videojuegos suponen interacción con otras personas: un amigo mío es el presidente de una corporación estelar en Eve Online (un juego multijugador masivo de ciencia ficción): desde que juega, su inglés ha mejorado una barbaridad. En ese sentido, lo preocupante puede ser que la gente lea y vea la tele todo el rato: todo el rato consumiendo lo que hacen los demás en vez de hacer ellos.

Por supuesto que esta es una visión extrema, pero sirva como contrapeso de la reticencia hiperadversativa de los enemigos de Internet, los videojuegos y todo aquello que aún no se había inventado cuando ellos cumplieron los 15 años.


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