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Operadores de telefonía en España

Claroscuros en la liberalización de las comunicaciones

La liberalización del mercado de las telecomunicaciones ha provocado la aparición de nuevos operadores, un aumento de la competencia y una rebaja de precios. Sin embargo, el mercado padece todavía una excesiva dependencia de Telefónica, que mantiene intacta la ventaja de su red de cobre (la de toda la vida) relanzada con el ADSL. La competencia se divide entre los que tratan de sobrevivir revendiendo la línea de Telefónica y los operadores de cable, que sólo con una fuerte inversión en infraestructura pueden hacer frente al ex monopolio. Para las asociaciones de consumidores la competencia no ha redundado en una mejora de la calidad, y la diversificación de la oferta ha derivado en desconcierto para el usuario, ejemplificado en los números de información telefónica, o en el fraude en la preselección de operador.

El ex monopolio de Telefónica

En 1924, bajo el reinado de Alfonso XII, nace la Compañía Telefónica Nacional de España para unificar las distintas redes de telefonía que hasta entonces operaban en España. Pero no fue hasta 1945 cuando el Gobierno nacionaliza Telefónica adquiriendo las acciones en poder de ITT y comienza a operar como monopolio estatal. Desde entonces ha llovido mucho sobre un mercado de telecomunicaciones en vertiginoso desarrollo, marcado por la liberalización, el imparable crecimiento de la telefonía móvil, la irrupción de Internet y, últimamente, la voz sobre IP
(llamadas de teléfono a través de Internet).

El principio del fin del monopolio de Telefónica comienza en 1991, fecha en la que le correspondía firmar su tercer contrato. En medio de las quejas de los usuarios por la mala calidad del servicio, Telefónica eleva las tarifas y en los años siguientes empieza a acometer fuertes inversiones para modernizar infraestructuras, con la vista puesta en la cercana liberalización. Hasta 1997 el Estado no se desprende totalmente de sus acciones en la teleco española por excelencia.

En 1994 Telefónica recibió el primer ‘aviso’ con la liberalización de la telefonía móvil, que se materializa un año después con la concesión de la licencia GSM a Airtel Móviles (ahora Vodafone), que empieza a ofrecer servicios de telefonía móvil en octubre de 1995 tras firmar un acuerdo con Retevisión para utilizar su infraestructura y servicios técnicos. A su vez, Retevisión (ahora Auna) consigue en 1996 la licencia de segundo operador de telefonía básica.

Ese año comienza un proceso imparable: la Comisión Europea solicita al Gobierno español la liberalización del sector de las comunicaciones a partir de enero de 1998 y que se otorguen las licencias a los nuevos operadores durante el primer semestre de ese mismo año. En 1997 entra en vigor la Ley de Liberalización de las Telecomunicaciones (que modifica la Ley de Ordenación de las Telecomunicaciones de 1987 y la Ley de las Telecomunicaciones por cable de 1995) que crea el organismo regulador: la Comisión de Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), entre cuyos objetivos prioritarios estará fomentar la competencia, traducido en parar los pies al operador dominante y hasta entonces único para que no asfixie a los entrantes.

En 1998 la Ley General de Telecomunicaciones nace para regular este nuevo mercado en libre competencia y garantizar el servicio universal. También llega el tercer operador de móviles, Retevisión Móviles (Amena), y el tercer operador de ámbito nacional de servicio telefónico básico, Lince Telecomunicaciones (Uni2), cuya entrada rompe el ahora duopolio formado por Telefónica y Retevisión.

Por fin, el 1 de enero de 2001 se completa la liberalización de las telecomunicaciones. Telefónica pierde el monopolio de uno de sus principales negocios: las llamadas locales. Debe facilitar el acceso de sus competidores al bucle local, el último tramo que llega hasta el domicilio del abonado. A cambio, las operadoras entrantes pagarán un alquiler fijado por el Gobierno. Éstas parten desde cero contra la omnipotente Telefónica, que entra en el mercado libre con todos los clientes y todas las infraestructuras. Precisan invertir en redes o alquilarlas al ex monopolio, junto a otros lastres como los prefijos que deben utilizar sus clientes para utilizar sus servicios.

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