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Intolerancia a la fructosa, ¿dieta sin fruta?

La fructosa está presente en numerosos alimentos, desde frutas hasta legumbres o productos light, y plantea un reto dietético para quienes padecen una intolerancia a este hidrato de carbono

Imagen: zharate1

La fructosa es un hidrato de carbono, un tipo de azúcar que se encuentra de manera natural en las frutas. Sin embargo, está presente en más alimentos y productos de los que se piensa, desde la miel hasta los productos light o ciertas legumbres. Esta situación limita mucho las opciones dietéticas de quienes sufren intolerancia a la fructosa, o malabsorción, ya que lo que sería un consumo normal para cualquier otra persona, genera en ellos molestas reacciones, como dolor abdominal, gases o incluso diarrea. ¿Qué hacer en caso de padecer intolerancia a la fructosa? ¿Tiene tratamiento? ¿Hay que erradicar por completo de la dieta las frutas y los demás alimentos que la contienen? El siguiente artículo se tratan estas y otras cuestiones.

Imagen: stitchik

De las distintas reacciones adversas a ciertos componentes de los alimentos -como el gluten o la lactosa-, las intolerancias a los hidratos de carbono son una de las más comunes. Los síntomas de estas intolerancias van desde el dolor abdominal hasta los gases y la diarrea, se manifiestan tras la ingestión de la fructosa y se deben a que este nutriente no se absorbe como debiera, ya sea por la falta de las enzimas digestivas que los digieren o por fallos en su mecanismo de absorción. En el caso de la malabsorción o intolerancia a la fructosa, un fallo en la absorción intestinal de este monosacárido impide que el organismo procese de manera correcta este hidrato de carbono.

Con frecuencia, el diagnóstico de intolerancia a la fructosa se realiza mediante el test de hidrógeno (breath test), que mide el hidrógeno producido y que es eliminado por el aliento después de la ingesta de una determinada cantidad del carbohidrato en cuestión. El diagnóstico médico y el asesoramiento de un especialista en nutrición es fundamental, no solo para pautar una dieta adecuada, sino para no confundir distintas dolencias como la malabsorción a la fructosa con la intolerancia hereditaria a la fructosa, una enfermedad metabólica que provoca un acúmulo de fructosa en el hígado y riñones, causando hipoglicemia, náuseas, vómitos y dolor abdominal.

Fructosa, más presente en la dieta de lo que se cree

Imagen: natika

La fructosa está presente, sobre todo, en alimentos como la fruta, las verduras y las legumbres. Otro alimento muy rico en fructosa es la miel. El azúcar de mesa (o sacarosa) contiene también fructosa, puesto que se compone de una molécula de fructosa y otra de glucosa.

No obstante, diversos estudios han puesto de manifiesto que cuando la fructosa va acompañada de glucosa, ésta mejora su absorción. Por tanto, la recomendación actual es evitar el exceso de fructosa, es decir, evitar todos los alimentos cuyo contenido de fructosa sea mayor que el de glucosa y, en cambio, potenciar el consumo de alimentos con igual cantidad de fructosa y glucosa. Incluso se sugiere utilizar glucosa para mejorar la absorción de alimentos ricos en fructosa, ya que la mayoría de las personas con intolerancia a la fructosa asimilan bien el azúcar en cantidades moderadas.

Hoy en día, la fructosa se utiliza como ingrediente para conseguir un sabor dulce en algunos alimentos, de forma que deberá consultarse siempre la etiqueta de los productos para estar seguro de que no poseen fructosa. Además, uno de los edulcorantes que más se usan en la actualidad es el jarabe de maíz rico en fructosa, ingrediente que se emplea con mucha frecuencia para dar sabor dulce a bebidas y alimentos y que se obtiene del procesado industrial del maíz.

El sorbitol también parece afectar de manera negativa a la absorción de fructosa, de modo que se recomienda evitar las fuentes dietéticas de sorbitol para mejorar la absorción de fructosa. El sorbitol es un polialcohol presente de forma natural en algunas frutas y verduras, aunque su mayor consumo viene hoy día dado por la ingesta de alimentos light o sin azúcares, puesto que se utiliza como edulcorante artificial en esta gama de alimentos (E-420).

Una dieta controlada en fructosa

Imagen: Shaiith79

El objetivo principal de la dieta controlada en fructosa será evitar todos los síntomas asociados a este tipo de intolerancia, a la vez que se consigue el máximo equilibrio dietético. Sin embargo, es importante recordar que este tipo de alimentación afectará a la ingesta de alimentos tan básicos, necesarios y saludables como la fruta o la verdura, de manera que existe riesgo de que la dieta sea deficitaria en vitaminas y minerales; sobre todo, en vitamina C y en fibra. Antes de retirar alimentos (o grupos de alimentos), o de hacer otras modificaciones, es fundamental consultar a un dietista-nutricionista para asegurar el equilibrio en la alimentación.

Otra cuestión muy interesante es que una dieta controlada en fructosa no significa siempre una dieta sin fructosa. Lo que debe evitarse es el exceso de fructosa, es decir, la cantidad que produce los síntomas y que varía según cada persona. Las pequeñas cantidades de fructosa pueden ser bien absorbidas o incluso bien toleradas sin la presencia de síntomas asociados a su ingesta. Esto significa que realizar la dieta de manera correcta pasa por conocer el grado de tolerancia individual a la fructosa, es decir, la cantidad de fructosa que cada individuo admite sin la aparición de síntomas.

Habitualmente, se comienza realizando una dieta estricta para que desaparezcan los síntomas. Una vez conseguido esto, se van reintroduciendo de manera gradual pequeñas cantidades de alimentos ricos en fructosa hasta conocer la tolerancia individual. En este proceso de reincorporación progresiva de alimentos que contienen fructosa se recomienda empezar por cantidades moderadas y por no mezclar distintos alimentos ricos en fructosa en una misma comida. La idea consiste en probar tan solo un alimento nuevo cada día, un método que permitirá discriminar qué productos y en qué cantidades es posible incluir en la dieta. Registros diarios de la ingesta y de control de síntomas pueden ayudar a establecer la tolerancia de distintos alimentos.

Recomendaciones dietéticas para una dieta controlada en fructosa y sorbitol

Para no tener los síntomas asociados a esta intolerancia se deben evitar las fuentes dietéticas de fructosa y sorbitol. Para ello, como ya se ha explicado, al principio se realiza una dieta estricta -sin fructosa ni sorbitol- y se reintroducen de manera progresiva los alimentos que los contienen hasta averiguar su tolerancia individual. En este sentido es muy importante controlar la ingesta de los siguientes alimentos:

  • Las frutas, puesto que son el alimento con mayor contenido en fructosa. Frutas como la manzana, la pera, el mango, la sandía, el melón, la papaya, los higos, la uva, la granada y las cerezas poseen una mayor carga de fructosa/sorbitol.
  • Las verduras son otro de los alimentos fuente de fructosa, aunque su contenido no es tan elevado como en la fruta. Hortalizas como los espárragos, los puerros o el tomate cuentan con cantidades relativamente mayores que el resto de verduras.
  • Legumbres como los garbanzos, lentejas o guisantes poseen cantidades moderadas de fructosa, por lo que su tolerancia debe ser evaluada, aunque por lo general son bien toleradas en pequeñas cantidades.
  • Azúcares y edulcorantes. El azúcar en cantidades moderadas es bien tolerado. Hay que evitar edulcorantes como la fructosa, el sorbitol o el jarabe de maíz rico en fructosa y leer bien el etiquetado de los alimentos dulces y procesados.

En paralelo, los alimentos que no afectan a las personas con intolerancia a la fructosa son los siguientes:

  • Lácteos. La leche, el yogur y el queso no contienen fructosa ni sorbitol, así que se pueden consumir sin problema. Es preciso observar bien el etiquetado de los derivados lácteos, puesto que pueden contar con la fructosa como edulcorante.
  • Carnes, pescados, huevos y derivados. En principio, no contienen fructosa de manera natural. No obstante, hay que observar las etiquetas de los proteicos procesados (tales como embutidos o carnes procesadas), ya que en algunas ocasiones pueden poseer cantidades, aunque moderadas, de fructosa.
  • Cereales y féculas. No contienen fructosa la patata, los cereales como el arroz, el trigo, el maíz u otros, ni ninguno de sus derivados.

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