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El peso en la tercera edad

Tanto la pérdida como la ganancia de peso se asocian con un aumento de la tasa de mortalidad, frente a conservar un estatus ponderal adecuado

  • Autor: Por JUAN REVENGA
  • Fecha de publicación: 25 de enero de 2011
Imagen: alaina buzas

Entre las personas de edad avanzada, la variación del peso es más frecuente que en otras etapas de la vida. Además, estas oscilaciones se relacionan tanto con la ganancia de kilos, como con la pérdida. Según los datos de la última Encuesta Europea de Salud de 2009, se constata que solo entre las personas de más de 75 años se registra un descenso significativo de las cifras concernientes al sobrepeso y obesidad. Al mismo tiempo, aunque menos frecuente, sucede lo contrario: se aumenta de peso y se engorda. Un reciente estudio realizado entre la población anciana europea ha constatado que el mantenimiento de un peso estable en la tercera edad se relaciona con una menor tasa de mortalidad, mientras que tanto la pérdida como la ganancia se asocian con un aumento de la misma.

Situación actual y causas

Las encuestas sobre el estado de salud de la población adulta española muestran un aumento paulatino del porcentaje de sobrepeso y obesidad a medida que aumenta la edad. Ésta es una constante hasta que se considera a las personas de 65 o más años. De esta forma, el grupo de edad de 65 a 74 años alcanza los porcentajes más altos en cuanto a estas variables: el 47,62% padece sobrepeso y el 25,72% obesidad. A partir de los 75 años esta tendencia cambia de sentido y decrece, es decir, aumenta el porcentaje de ancianos con un peso insuficiente. Se pone de manifiesto la ausencia de una correcta alimentación, una característica frecuente en las personas de edad avanzada.

Una de las claves de esta pérdida de peso es la malnutrición, pero influyen otros múltiples factores fisiológicos (mayor número de dolencias o enfermedades, medicación múltiple, pérdida del gusto por los alimentos, disfagia, etc) y sociales (aislamiento, internamiento en residencias), etc. Estos y otros aspectos, en suma, suponen un riesgo mayor de desarrollar un estado depresivo, poco recomendable, ya que se pierde la motivación para seguir una pauta de alimentación adecuada.

El riesgo de perder peso en el anciano

Según un artículo de revisión publicado en noviembre de 2009 en la revista "Journal of the American Dietetic Association (JADA)", la prevalencia de la obesidad entre adultos de edad avanzada ha crecido de una forma importante en los últimos 20 años. Esta situación afecta de manera destacada a la demanda de servicios médicos y de ayuda social.

Las recomendaciones habituales referidas a los beneficios de la pérdida de peso en estas circunstancias no quedan del todo claras entre las personas ancianas, ya que con frecuencia esta pérdida se puede acompañar de una reducción de masa muscular, al tiempo que se agrava la desmineralización ósea propia de estos años.

Se debe prestar una atención especial a una serie de nutrientes cuando una persona anciana afronta un programa de pérdida de peso

En esta franja de edad, numerosos artículos han constatado una estrecha relación entre la pérdida de masa muscular y la consecuente disminución de peso, con un aumento de la tasa de mortalidad por cualquier causa, en especial, cuando esta disminución de la masa libre de grasa se registra de forma rápida y es involuntaria. Tal es así, que en un artículo de 2008 publicado en la revista "The Journal of Nutrition Health and Aging" se advierte de que, con el fin de preservar la masa muscular, las estrategias que persigan la pérdida de peso en este tipo de población anciana no deben contemplarse desde la única perspectiva de la reducción de la ingesta calórica. El artículo publicado en JADA señala que se debe prestar una atención especial a una serie de nutrientes cuando una persona anciana afronta un programa de pérdida de peso.

Respecto a los macronutrientes, es preciso vigilar el aporte de proteínas y, en cuanto a los micronutrientes, hay que atender a la cantidad de vitaminas B12 y vitamina D, sin olvidar en ningún caso la ingesta de fibra, el consumo suficiente de líquidos y la realización de una actividad física adaptada a las circunstancias individuales.

Los siguientes alimentos no deben faltar en los menús diarios de las personas ancianas: carne magra de pollo o pavo, huevo y pescados (blancos y azules) como fuente de proteína de alto valor biológico, vitamina B12 y D, legumbres, vegetales y frutas de temporada, por su contenido en fibra, agua y demás nutrientes reguladores (antioxidantes, vitaminas, minerales).

La importancia de mantener un peso estable

Como en cualquier otra etapa de la vida, también en la tercera edad hay una relación importante entre el peso y los predictores de salud. Así queda reflejado en un artículo publicado en agosto de 2010 en la revista "Journal of Internal Medicine", sobre un estudio de seguimiento realizado entre una muestra europea de personas de más de 60 años. Concluye que en adultos de edad avanzada mantener un peso estable es, desde un punto de vista estadístico, una buena garantía para reducir la tasa de mortalidad. Además, se constata que la pérdida de peso (en particular cuando es involuntaria) se asocia con un aumento de la tasa de mortalidad a corto plazo debido, con probabilidad, a una enfermedad subyacente.

LA PARADOJA DE LA OBESIDAD EN LOS ANCIANOS

Frente a los riesgos sanitarios de mantener un peso elevado conforme a las recomendaciones en todas las etapas de la vida, diversos estudios han señalado la paradoja de la obesidad durante el periodo de la tercera edad. En un estudio de revisión publicado en agosto de 2010 en la revista "Interdisciplinary topics of Gerontology", se pone de manifiesto que a pesar de que el sobrepeso en la tercera edad aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, la tasa de mortalidad por esta patología es menor de lo esperado en virtud de las expectativas.

No obstante, tanto en el artículo mencionado como en otros que abordan el mismo tema, se hace hincapié en los efectos beneficiosos que tendría para la salud la pérdida de kilos de forma adecuada y controlada en las personas mayores con sobrepeso u obesidad. En especial, si ya padecen comorbilidades (otras enfermedades vinculadas con la primera) asociadas a la obesidad, tales como diabetes, enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer.


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