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La dieta en la enfermedad de Crohn

En España, la incidencia de esta patología se incrementa año tras año y en la actualidad de 35 a 45 personas por cada 100.000 la padecen

  • Última actualización: 1 de diciembre de 2009

La enfermedad de Crohn (EC) evoluciona en brotes (fase activa) de intensidad variable y alterna con remisiones (fase inactiva). Se localiza con frecuencia en la porción final del intestino delgado, el íleon, razón por la cual se le denomina también Ileitis Regional. La inflamación no sólo lesiona la capa interior o mucosa del intestino, sino que se extiende a través de todas las capas de la pared, por lo que se suele asociar con fístulas, abscesos y estenosis (estrechamientos que producen obstrucción de la luz). Puede afectar a cualquier parte del intestino delgado e incluso a cualquier porción del tubo digestivo, desde al boca hasta el ano.


La enfermedad de Crohn se incluye dentro del grupo de enfermedades inflamatorias intestinales (EII), un término que se aplica a un grupo de patologías inflamatorias crónicas de causa desconocida que afectan al tubo digestivo.

Se desconoce la causa de esta enfermedad, si bien se sabe que hay una predisposición genética, un factor infeccioso (bacterias o virus) y un factor inmunológico implicados en su aparición y desarrollo. En este último sentido, investigaciones recientes han mostrado que en la enfermedad inflamatoria intestinal, las defensas del cuerpo actúan en contra de los componentes del mismo cuerpo, que son atacados como si fueran elementos extraños, y esto provoca las lesiones inflamatorias.

Pero también hay distintas situaciones que pueden desencadenar las crisis, tales como el estrés, el cansancio, la ansiedad y diferentes situaciones afectivas más o menos intensas (muerte de algún ser querido, problemas laborales o familiares, exámenes, operaciones quirúrgicas, accidentes, etc.).

Los estudios han mostrado que aproximadamente el 15-20 por ciento de los pacientes pueden tener un pariente con una enfermedad inflamatoria intestinal. Sin embargo, ninguna investigación ha podido describir genes específicos responsables de su transmisión, por lo que no se puede asegurar que se trate de una patología hereditaria.

En España no se dispone de datos exactos sobre el número de personas afectadas. Sin embargo, varios estudios epidemiológicos realizados en la década de los 80, por grupos de gastroenterólogos, han permitido saber que la enfermedad de Crohn afeca a 2 nuevas personas de cada 100.000 habitantes y año; que esta incidencia se incrementa año tras año y que en la actualidad de 35 a 45 personas por cada 100.000 padecen esta enfermedad.

El mayor impulso de las investigaciones patrocinadas por la Crohn's and Colitis Foundation of America, están aplicadas al campo de la inmunología y la microbiologia. Muchos científicos creen que la interacción de un agente externo (tal como un virus o bacteria) con el sistema inmune del cuerpo pueden causar daño a la pared intestinal, iniciando o acelerando el proceso de estas enfermedades.

Los síntomas

Los primeros síntomas suelen ser las manifestaciones intestinales que dependen de la localización y de las complicaciones de la enfermedad: dolor abdominal, evacuaciones diarréicas con o sin pérdida de sangre, fisuras y úlceras o llagas en el ano. El dolor aparece habitualmente después de las comidas. Durante los brotes agudos es común que el paciente tenga fiebre, falta de apetito y pérdida de peso. Si la diarrea es muy intensa puede haber desequilibrios de líquidos y electrolitos.

El comienzo de los síntomas puede ser paulatino o repentino y puede producir síntomas que afectan la totalidad del organismo, tales como inflamación de los ojos, dolor articular, afecciones en la piel, litiasis renal o litiasis biliar. La enfermedad puede presentarse a cualquier edad, pero existen dos momentos en la vida que conllevan un máximo riesgo; entre los 12 y los 28 años y entre los 50 y los 60 años.

¿Existe un tratamiento acertado?

Puesto que se desconocen las causas, el tratamiento no cura la enfermedad, sino que está encaminado a reducir la duración y severidad de los brotes. El tratamiento médico es muy importante, y cada vez son más numerosos los fármacos utilizados. 5-ASA (5 Amino Salicylic Acid) en sus diferentes formas:

Salazopirina ®, Claversal ®, y Lixacol ® . Los corticoides: Prednisona (Dacortin ®, Prednisona Alonga ®) Metilprednisolona (Urbason ®) Deflazacort (Zamene ®, Dezacor ®) se usan en los casos más graves.

De reciente aparición es el corticoide Budesonida (Entocort ®) que tiene mucho menos efectos secundarios. El Flagyl ® es un antibiótico contra parásitos intestinales, pero también va muy bien si hay fístulas anales. Cuando no se puede seguir empleando los corticoides bajo pena de reaparecer el brote se usan los imunosupresores: Azatioprina(Imurel ®) y 6-Mercaptopurina (Mercaptopurina ®) sobre todo la Azatioprina.

La dieta, parte integral del tratamiento

La buena nutrición es esencial en cualquier enfermedad crónica, y especialmente en las aquellas que cursan con pérdida de apetito, mala digestión, mala absorción de nutrientes y diarrea, situaciones que pueden favorecer o agravar el estado de desnutrición, relativamente común en muchos pacientes. En la enfermedad de Crohn es muy probable que se den carencias de determinados nutrientes, ya que es a lo largo del intestino delgado dónde se produce la absorción de todas las sustancias nutritivas que contienen los alimentos para poder ser aprovechadas por nuestro organismo.

Si la lesión afecta a la primera porción del intestino delgado; duodeno y yeyuno proximal, el riesgo de déficit de hierro y calcio es mayor; si afecta al yeyuno (porción que sigue al duodeno), se puede ver afectada la absorción de ácido fólico y otras vitaminas hidrosolubles, y si está lesionado el íleon (porción final del intestino delgado), se ha de asegurar un aporte adecuado de vitamina B12, grasas y vitaminas liposolubles (A, D, E y K).

  • El gasto energético está aumentado por la propia inflamación del tubo digestivo, por la fiebre y la medicación con corticoides, lo que se traduce en un aumento de las calorías de la dieta.
  • La pérdida de nutrientes por mala absorción o mala digestión es elevada, y en función de la localización y la extensión de la enfermedad, aumenta el riesgo de ciertas vitaminas, minerales?
  • Las complicaciones como abscesos, infecciones, fístulas?, suponen una mayor pérdida de energía y nutrientes que es imprescindible reponer para conseguir una rápida recuperación.
  • La alimentación restrictiva en cantidad o tipo de alimentos que siguen muchos pacientes por temor a sufrir un brote, la inapetencia o la intolerancia a ciertos alimentos, hace que el estado nutritivo se vea afectado.

El mantenimiento de un buen estado nutritivo en la persona que sufre enfermedad de Crohn, mejora las defensas de su organismo, la tolerancia a la medicación (en ciertos casos permite reducir la dosis de corticoides), la cicatrización de posibles úlceras y heridas quirúrgicas, posibilita que los síntomas de la enfermedad no se agraven y que la función del intestino se restablezca tras un brote agudo.

Además, llevar a cabo una alimentación adecuada, variada dentro de lo posible y gastronómicamente aceptable, no sólo es beneficioso frente a la enfermedad sino que también contribuye al bienestar físico y mental de la persona, es decir, mejora su calidad de vida.

La valoración del estado nutritivo

Es esencial realizar una valoración nutricional previa al paciente afectado de enfermedad de Crohn para establecer un planteamiento dietético individualizado, ya que cada persona es diferente y por tanto no se pueden diseñar pautas que sirvan para todo las personas que padecen la enfermedad.

Para realizar cualquier tratamiento dietético efectivo se ha de tener en cuenta, entre otros factores: datos relativos a la enfermedad (localización y extensión de la lesión en el tubo digestivo, sintomatología, operaciones previas si las hubiera, tratamiento médico, bioquímica, parámetros inmunológicos); datos referentes a la historia dietética (estado nutritivo e historia del peso, composición corporal, historia de la dieta -todo aquello que tiene que ver con la alimentación habitual de la persona-, posibilidad de que se precise un soporte nutricional artificial, etc.).

Cuando hay diarrea la dieta ha de ser pobre en fibra, baja en lactosa y en grasa. Es frecuente que se produzca intolerancia a la lactosa por lo que habrá que restringir o eliminar los lácteos. El yogur y los quesos suaves, dado su escaso o nulo contenido en lactosa se suelen tolerar bastante bien a medida que van remitiendo los síntomas. Mientras tanto, se ha de vigilar que se tome calcio en cantidad suficiente a través de productos especiales sin lactosa o de soja fortificada (enriquecida con calcio y vitaminas A y D) o bien añadiendo lactasa (enzima que digiere la lactosa) a la leche.

Cuando hay intolerancia transitoria ante la grasa, hay que limitar los alimentos grasos y ser cuidadoso en la preparación de los alimentos.
· Limitar la grasa de condimentación: aceite de oliva y de semillas (girasol, maíz...), mantequilla y margarina, nata y crema de leche, manteca, mayonesa, salsas grasas diversas.
· Preferir los lácteos descremados o bajos en grasa (leche desnatada, queso fresco, etc.)
· Preferir el consumo de pescado blanco (minimo 3-4 veces por semana) frente al de carne.
· Emplear técnicas culinarias que no añadan exceso de grasa al alimento: cocción al agua (cocido, al vapor, escalfado), plancha o parrilla o brasa, horno, papillote, rehogados con poco aceite.

DIETA AJUSTADA

Aunque los alimentos no son causantes de esta enfermedad, puede que las comidas suaves y blandas causen menos molestias que las comidas condimentadas o ricas en fibra (verduras y hortalizas, frutas, legumbres y cereales integrales) cuando la enfermedad está en fase activa. Durante el periodo inactivo de la enfermedad se ha de recomendar una dieta libre que se ajuste al máximo a los patrones de dieta equilibrada y variada. El especialista valorará la necesidad de tomar un suplemento de vitaminas y sales minerales para corregir los signos tempranos de desnutrición, dependiendo de la zona del intestino delgado afectada.




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