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El Ministerio de Alimentación pone en marcha una iniciativa para revertir las actuales cifras del despilfarro de alimentos, que casi alcanzan los 8 millones de toneladas anuales
Imagen: Wesley Nitsckie
En diciembre fuimos testigos -y, quizá, también protagonistas- de la generosidad de las personas con el Banco de Alimentos. Estas acciones son necesarias y suman, aunque no excluyen un reto pendiente: reducir las cantidades de alimentos que se tiran. Esta otra realidad, cuantificada en casi 8 millones de toneladas al año, plantea cuestiones éticas, económicas, sociales, nutricionales y ambientales. Para analizar en profundidad las causas del despilfarro y así frenar la tendencia y comenzar a disminuir las cifras, el Ministerio de Alimentación ha puesto en marcha una estrategia. El siguiente artículo explica en qué consiste esta iniciativa, de la que EROSKI forma parte.
La primera pregunta que responde el informe es semántica. No es igual hablar de pérdida que de desperdicio, despilfarro o residuo, si bien, a la hora de cuantificar, todos suman. Para no perderse en la filología, el informe distingue entre pérdida y desperdicio.
Imagen: CONSUMER EROSKI
Parte del desperdicio se puede reducir y la sociedad tiene la oportunidad de lograrlo. Lo primero que tiene que hacer es tomar conciencia de que se están descartando alimentos que son comestibles pero que, a falta de darle uso, se eliminan. Por eso, hay que tener presente que los desechos pueden ser:
La pérdida de alimentos, es decir, los alimentos que no se aprovechan durante la producción y el procesamiento, es propia de los países del hemisferio Sur, o de países con poca distribución de riqueza. Sin embargo, los desperdicios por hábitos de consumo inadecuados se producen en los países occidentales y en países emergentes con cotas de riqueza alta. Al saber esto, se ha concluido que es fundamental acometer el problema de las pérdidas y el desperdicio con un concepto global de cadena alimentaria, pero teniendo en consideración las circunstancias específicas de cada una de sus fases. En nuestro país, la solución está en el cambio de hábitos de los consumidores y la restauración. La conclusión es así de contundente.
Imagen: CONSUMER EROSKI
Los datos apuntan a que en los hogares, si se adquirieren buenos hábitos a la hora de planificar y hacer la compra, si se logra una gestión adecuada de los alimentos y se presta atención a acciones como la presentada por EROSKI a principio de diciembre, se podrían evitar cantidades importantes de desperdicios.
Por otra parte, el informe que enmarca la estrategia 'Más alimento, menos desperdicio' señala que es necesario incidir en la información de las etiquetas en cuanto a la conservación o caducidad de los productos, ya que su aspecto y claridad es muy mejorable.
Los estudios, como el último que realizó la Confederación Española de Cooperativas de Consumidores y Usuarios (HISPACOOP), indican que en Europa se desperdician unos 89 millones de toneladas de alimentos (7,7 millones en España). Para lograr una disminución drástica de estas cifras, la hoja de ruta de la estrategia marca varias actuaciones y traza ciertos objetivos.
Imagen: CONSUMER EROSKI
Promover la realización de estudios y generación de conocimiento para conocer el cuánto, cómo, dónde y el porqué de las pérdidas y desperdicio alimentario. El objetivo es conocer en qué etapa y procesos se producen las pérdidas a lo largo de la cadena de producción, su cuantificación y valor, su impacto económico, social, nutricional y ambiental, y cómo se valorizan o reutilizan actualmente las pérdidas y desperdicios.
Diseñar indicadores de evaluación para medir las actitudes, percepción, prácticas y comportamientos de las empresas y ciudadanía en materia de prevención, reutilización y revalorización de los desechos alimentarios y evaluar el impacto real de las medidas emprendidas tanto sectorialmente como territorialmente.
Imagen: CONSUMER EROSKI
Divulgar y promover buenas prácticas y acciones de sensibilización para elaborar y difundir entre los agricultores, empresas y operadores de la cadena guías de buenas prácticas, que faciliten el conocimiento de los problemas existentes y promuevan la adopción de medidas correctoras.
Desarrollar campañas de información dirigidas a consumidores y a la restauración, que mejoren el conocimiento de las prácticas para la conservación de alimentos y la importancia de la reducción del desperdicio alimentario.
Los responsables se han dado un tiempo de dos años para poder concluir. Mientras se alcanza el punto de llegada, se ha elaborado un Decálogo de Buenas Prácticas que antecedan y refuercen el éxito.
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