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La lejía, el desinfectante por excelencia

La lejía es el desinfectante más utilizado en los hogares españoles, pero se debe tener cuidado porque su uso excesivo representa un riesgo para la salud

Imagen: zeth lorenzo

La lejía se usa como principal limpiador, blanqueador y desinfectante en el 92% de los hogares españoles. Su poder se deriva del hipoclorito de sodio, componente activo capaz de eliminar todos los microorganismos y restos de materia orgánica. Sin embargo, esto también genera inconvenientes: su uso con demasiada frecuencia aumenta los riesgos de problemas respiratorios. A la vez, reducir su empleo también es beneficioso para el medio ambiente.

La lejía, el desinfectante más eficaz

La lejía es el desinfectante por excelencia en los hogares españoles (su uso está menos extendido en otros países). El empleo de la lejía no es ni bueno ni malo en sí mismo. Supone algunas ventajas muy importantes, pero conviene tener presentes los riesgos que conlleva, dado que un uso excesivo o inadecuado puede acarrear problemas.

Conocida en otros países como lavandina, cloro o agua Jane, la lejía es un compuesto químico que tiene como ingrediente activo el hipoclorito de sodio. Su uso está muy difundido en virtud de su gran poder de limpieza y desinfección, su capacidad bactericida y para eliminar restos de materia orgánica y su eficacia como agente blanqueador.

El hipoclorito de sodio da a la lejía su potencia para la desinfección, debido a que es un fuerte oxidante. También se utiliza mucho para mantener limpia el agua de las piscinas, donde su aplicación se puede realizar en forma líquida, en polvo o bien por medio de pastillas concentradas.

La lejía elimina las bacterias, virus, mohos, levaduras, esporas, algas, protozoos y cualquier otro microorganismo

La capacidad de limpieza y desinfección de la lejía está fuera de discusión. Bacterias, virus, mohos, levaduras, esporas, algas, protozoos y cualquier otro microorganismo se inhiben o destruyen ante su acción. También se ha comprobado en ensayos químicos que es capaz de eliminar la totalidad de los microorganismos que constituyen los contaminantes fecales, algunos de los cuales destacan por una alta capacidad patogénica.

Aspectos negativos de la lejía

Una de las desventajas más evidentes de la lejía es su olor intenso y desagradable. Este olor, que no llega a ser tan fuerte como el del amoniaco, debido a la costumbre, se asocia a menudo con la sensación de limpieza. En muchos casos, en tiendas y supermercados se comercializan productos que mezclan lejía (su poder de limpieza) con sustancias que otorgan al conjunto un aroma más agradable.

En el mercado se venden mezclas de lejía con sustancias que otorgan al producto un aroma más agradable

Sin embargo, el problema más importante no es el olor. El uso de lejía en altas dosis es perjudicial para la salud, ya que aumenta el riesgo de problemas respiratorios no alérgicos. Así lo determinó un estudio realizado en 2009 por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) y del Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM-Hospital del Mar) de Barcelona. El trabajo analizó a 3.626 personas de diez países de la Unión Europea que usaban lejía al menos cuatro días a la semana para limpiar sus casas.

La misma investigación concluyó, como contrapartida, que la lejía también proporciona una menor sensibilidad a los alérgenos (es decir, las sustancias que, al introducirse en el organismo, lo hacen más propicio al desarrollo de una alergia). Sus efectos, según estos resultados, son casi paradójicos, ya que protegen contra las alergias, pero generan problemas no alérgicos. De todas maneras, los autores del trabajo explicaron que son necesarios nuevos estudios para determinar con mayor grado de detalle los efectos de la lejía.

Una buena medida consiste en reducir su uso: emplearla con menos frecuencia o solo en casos en que no sirvan otros productos menos abrasivos. Cuando se use, se debe mantener el espacio bien ventilado, e incluso, es recomendable el uso de mascarilla.

La lejía y el cuidado del medio ambiente

Respecto a la lejía y, en general, a los productos químicos de limpieza, a menudo se atiende mucho al cuidado de la salud de quienes los emplean y se dedica poco espacio al daño que estas sustancias provocan en el medio ambiente. Todos los productos que se usan en casa terminan en el cubo de la basura o vertidos en la red de desagües, lo que implica que acaben en la naturaleza.

Para cuidar el planeta también al limpiar, conviene prestar atención a algunas recomendaciones:

  • Comprar solo los productos imprescindibles y usarlos en las cantidades mínimas necesarias para la limpieza.

  • Procurar el uso de limpiadores naturales, tales como agua, vinagre y jabón suave, además de esparto como estropajo y, si hace falta algo más fuerte, recurrir al zumo de limón, bórax o bicarbonato.

  • Si es posible, comprar productos en envases elaborados con materiales reciclados o reciclables.

  • Para los detergentes, consultar las etiquetas y prestar atención a que no incluyan fosfatos y, al menos el 90% de sus componentes, sean biodegradables.

  • Siempre es mejor una limpieza frecuente de la casa, antes que dejar pasar mucho tiempo y que sea necesario el uso de limpiadores muy poderosos.


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