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Enredaderas y plantas trepadoras

Las enredaderas no precisan de ningún tipo de soporte de sujeción artificial, mientras que las trepadoras necesitan tutores, guías, celosías o pérgolas para mantenerse fijas a vallas y muros

Imagen: Roger Kirby

Buganvilla, hiedra, madreselva, bignonias, glicinias, jazmín, etc. Las enredaderas y las plantas trepadoras son la mejor elección para cubrir muros, vallas, troncos de árbol o fachadas de viviendas. Las enredaderas no precisan de ningún tipo de soporte de sujeción artificial, ya que se sujetan y ascienden por las superficies verticales por sí mismas con sus raíces aéreas, tallos reptantes, etc. Las trepadoras, en cambio, necesitan tutores, guías, celosías o pérgolas para mantenerse fijas a vallas y muros. Su verticalidad las hace frágiles a merced del viento y de las heladas, por lo que conviene plantarlas en zonas resguardadas.

Elección y cuidados de las enredaderas y las trepadoras

Trepadoras o enredaderas, con flor o sin ella... Al decidir el tipo de planta, hay que tener en cuenta diversos factores entre los que destaca el clima de la zona. Las posibles heladas y los riesgos de fuertes vientos son determinantes para decantarse por una especie u otra, por lo que es fundamental la zona y la orientación del muro, fachada o valla donde se colocará.

Primavera y principios de otoño son las mejores épocas para plantar trepadoras y enredaderas. Para ello, hay que adquirir los ejemplares en centros especializados y plantarlos a unos 3 metros unos de otros y a unos 50 centímetros del muro o soporte para evitar que se enmarañen.

Las hiedras y parras se sujetarán por sí mismas a la superficie, mientras que los rosales trepadores, las madreselvas, las buganvillas o las glicinias necesitarán celosías, trepaderas o enrejados para poder elevarse del suelo y trepar.

Primavera y principios de otoño son las mejores épocas para plantar trepadoras y enredaderas

No obstante, conviene asegurar y orientar todo tipo de plantas en función de su propio crecimiento, para evitar que tomen una forma o dirección no deseada o que se derrumben por su propio peso. Para ello, se puede recurrir al uso de elementos o sistemas de amarre. A este respecto, hay que tener en cuenta que si se fijan a la fachada de las vivienda de manera inadecuada, pueden llegar a dañar la estructura de la misma.

Otro inconveniente de este tipo de plantas es que son un caldo de cultivo de todo tipo de insectos, por lo que pueden llegar a causar bastantes molestias si se colocan cerca de ventanas o puertas.

Para potenciar su crecimiento, se puede añadir al sustrato una parte de abono orgánico y otra de abono mineral.

Algunos cuidados, como la frecuencia de riego, las necesidades de luz o el tipo de sustrato, dependen de varios factores, como el tipo de planta y la zona donde se encuentra, la época del año o el tamaño del ejemplar, entre otros.

Trepadoras en macetas

Aunque no es la opción más habitual, también se pueden plantar ejemplares de trepadoras en macetas para emplazarlas en terrazas y balcones, en lugar de ubicarlas cerca de los muros exteriores de las viviendas.

Las ramas se guiarán del mismo modo que se hace con las plantas cultivadas en el jardín

En la terraza se puede plantar hiedra, pasionaria, jazmín de invierno, vid americana, buganvilla, guisante de olor o madreselva. Las ramas se guiarán del mismo modo que se hace con las plantas cultivadas en el jardín, con la ventaja de que si el soporte se encuentra integrado o enterrado en la maceta, se podrá cambiar la planta de ubicación siempre que se desee.

Resulta muy adecuado plantar las trepadoras en tiestos para poder desplazarlas y, de este modo, protegerlas de las heladas. Por ello, resultará conveniente reubicarlas en el interior cuando comience el tiempo frío, a finales de otoño o principios de invierno, para volver a sacarlas a su lugar original durante la primavera. No obstante, es necesario cambiarlas de recipiente con regularidad, ya que debido a su rápido y continuo crecimiento necesitan mayores aportes de nutrientes.


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