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Sea cual sea el sistema de riego elegido, hay que realizar varias pruebas para combrobar su funcionamiento
- Imagen: Antonio Jiménez Alonso -Cuando llegan las vacaciones, y no hay amigos, familiares o vecinos a quienes encomendar la tarea de regar las plantas, son muchas las personas que se plantean el interrogante de qué hacer con ellas. En estas ocasiones hay que agudizar el ingenio e idear tácticas para que las plantas puedan conservar su humedad y mantenerse vivas mientras se permanece fuera de casa. Hidrojardineras, riego por goteo, automático o por imbibición. Desde los métodos más sencillos a los más sofisticados, solo hay que elegir el sistema que más se adapte a cada caso en concreto.
Una de las fórmulas indicadas para que a las plantas nos les falte agua en ningún momento es el riego por vía capilar. En este caso, hay varios sistemas que permiten que la tierra permanezca húmeda durante un largo periodo de tiempo.
Una de estas técnicas consiste en colocar un gran paño de fieltro junto al fregadero de la cocina. Este debe estar lleno de agua, de modo que se pueda sumergir en ella un extremo del fieltro. Sobre la tela que queda en la encimera se colocan las macetas, y el agua subirá hasta el sustrato por capilaridad.
Otra opción es colocar los tiestos en la bañera. Para ello hay que tapar el desagüe de la misma y proteger el fondo con un plástico. A continuación, se colocan sobre éste unos ladrillos o cualquier otro objeto que sirva de soporte a las plantas. Se llena la bañera de agua hasta cubrir unos 5 centímetros de altura, y se colocan las macetas sobre los ladrillos. La capilaridad hará el resto.
Una opción más sofisticada de riego por capilaridad son las hidrojardineras
Una tercera vía es colocar los tiestos alrededor de un cubo lleno de agua, y conectar ambos recipientes con unas mechas de algodón o fieltro por las que el agua pasará a la tierra.
Una opción más sofisticada de riego por capilaridad es el uso de hidrojardineras. Estos recipientes son una especie de maceteros que incorporan una rejilla separadora que forma el depósito del agua, unas mechas conductoras que se sumergen dicho depósito, un tubo de llenado y otro con un respiradero en el que se indica el nivel de agua, que se debe encontrar siempre en una posición intermedia, entre el mínimo y el máximo. Al igual que en los casos anteriores, el tejido se empapa y el agua sube al sustrato por capilaridad, lo que permite que las plantas tengan agua durante un mínimo de tres semanas.
Para llevar a cabo este sistema se necesita un recipiente que pueda albergar todas las plantas, un plástico y turba.
El proceso es sencillo, solo hay que forrar dicho receptáculo con el plástico, llenarlo de turba y saturar esta última de agua. Por último, se entierran las macetas en dicho sustrato hasta el borde para que la tierra pueda absorber la humedad de la turba.
Una forma sencilla y económica de realizar un sistema de riego por goteo casero radica en llenar de agua una botella de plástico de, hacerle un pequeño agujero en el tapón con un alfiler y colocarla boca abajo sobre la planta para que reciba poco a poco la cantidad de líquido que necesite. El único requisito a tener en cuenta para emplear este sistema es hacer pruebas para controlar durante cuánto tiempo se puede mantener húmeda la planta, y así usar una botella de mayor o menor capacidad.
Una variante de este sistema consiste en enterrar la boquilla de la botella, quitarle la base y llenarla de agua para que sea la propia tierra quien vaya cogiendo el líquido a medida que lo necesite.
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