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En rebajas, con todo el derecho

Establecer un límite de gasto, sopesar las compras caras y conocer los derechos como consumidor son las claves para sacar rendimiento a las rebajas

  • Última actualización: 6 de enero de 2011
Imagen: Septem Trionis

Las rebajas, o lo que es lo mismo, comprar ropa, calzado, complementos, muebles o electrodomésticos a un precio muy reducido y de temporada, impulsa la actividad económica y resulta útil a muchas personas y familias. Constituyen un acto de aprovisionamiento, pero también un entretenimiento consumista, una liturgia bianual con muchos adeptos; algo tendrán, sin duda, para que tanta gente las espere y disfrute con adhesión inquebrantable. Para sus fieles, son una placentera costumbre; algunos incluso llevan meses ahorrando para tener dinero presto para adquirir ahora lo que a su precio original les resulta prohibitivo o para hacerse con productos del hogar que reducen de manera notable su coste. El discurrir del tiempo, el transcurso de las semanas, ya difuminada del todo la excitación del momento y olvidado el acto impulsivo de la compra, sirve de balanza y revelará si el abrigo o el vestido fueron una buena compra. Una pregunta útil es: ¿hace feliz comprarlo? O, quizá mejor, ¿cuánta felicidad produce comprarlo y cuánto tiempo durará la satisfacción? Los tradicionales indicadores de oportunidad de la compra eran: necesidad que cubre, dinero ahorrado con la rebaja de precio y disponibilidad económica del consumidor para afrontar el desembolso. Todos ellos pueden servir, y todos son compatibles con tomar las decisiones con sensatez y reflexionar cada compra, sobre todo las más caras. Y, por supuesto, conocer los derechos como consumidores y ejercerlos.

La misma calidad a menor precio

A nada que se mantenga la máxima de realizar un consumo razonable, se guarde el equilibrio entre las necesidades o apetencias de cada miembro de la familia y no se supere el gasto fijado como límite, las rebajas pueden constituir una oportunidad de ahorrar dinero, o de gastarlo de la mejor manera posible, según se vea. La razón es que en periodos de crisis como el actual -en que se prevé que el gasto medio por ciudadano sea de 95 euros- las campañas de rebajas se hacen más agresivas; la urgencia de dar salida a los productos que no se han vendido hasta ahora y la necesidad de escuchar la música celestial que proviene de la apertura y cierre de cajas registradoras y tarjetas de crédito en funcionamiento hace que se prevean descuentos que invitan a realizar esa compra del 50%, 60%, 70% y hasta un 80% menos sobre el precio inicial. Si el producto ya ha estado rebajado por alguna promoción, el precio de referencia sobre el que se aplicará el porcentaje de descuento debe ser el que ya ha gozado de bonificación.

La legislación prohíbe de forma taxativa vender artículos defectuosos o con taras durante las rebajas

La normativa vigente prohíbe de forma taxativa vender artículos defectuosos o con taras durante el periodo de rebajas, salvo que se especifique que se trata de esa modalidad de venta. Con ello se busca diferenciar y no dar lugar a equívocos entre estos periodos de precios bajos y otras prácticas comerciales, como los saldos -artículos que por estar deteriorados o ser muy antiguos han perdido su valor de mercado-. Tampoco deben confundirse con las liquidaciones en las que, de forma excepcional y por el cese de actividad o cambio y reforma del local, los productos se venden a un coste inferior al habitual. Conviene fijarse en los carteles del exterior de la tienda, para saber con qué práctica comercial están a la venta los artículos rebajados.

La etiqueta: escaparate del precio inicial y el rebajado

Más allá de los reclamos publicitarios o de las grandes banderolas con los porcentajes de descuentos que acaparan el protagonismo de los escaparates, el lugar en el que la rebaja debe figurar de forma obligatoria es en la etiqueta de la pieza. Si, además, el artículo rebajado es una prenda de ropa, la etiqueta debe incluir instrucciones de lavado y planchado e informar de los materiales de confección, así como de los datos de la empresa fabricante. Por otra parte, es obligatorio que en ellas se refleje el doble precio: tiene que figurar el coste inicial del artículo y el precio actual de rebaja. Hay que estudiar con calma la etiqueta. De inicio, se suele aplicar un descuento mínimo del 20% sobre el importe de temporada alta y, en general, el porcentaje aumenta a medida que pasan los días. En la práctica, algunos establecimientos tachan o cubren con pegatinas el precio anterior. Si se desconfía o se tiene alguna duda, lo mejor es preguntar al personal de la tienda.

Los establecimientos deben asumir que lo ofertado en la publicidad es de obligado cumplimiento y así se incluye en las cláusulas del contrato. No obstante, será el comercio quien decida cuándo finalizan o cambian las condiciones anunciadas mediante la publicidad. Por tanto, antes de lanzarse a comprar, conviene asegurarse de que la oferta continúa vigente.

REBAJAS, PROMOCIONES, SALDOS... ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?

  • Rebajas: se venden, durante un periodo establecido por ley, productos de igual calidad que el resto de temporada, a un precio reducido.
  • Promociones: condición ventajosa de precio respecto a otros periodos, cuyo objetivo es incentivar las ventas. Las puede realizar cada comercio de forma independiente, según su voluntad, al igual que saldos y liquidaciones.
  • Saldos: se comercializan, a precio inferior al habitual, productos con desperfecto, deterioro u obsolescencia.
  • Liquidaciones: ventas de carácter excepcional debido al cese de la actividad del comercio, traslados, obras o similares.

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