Entrevista

Miquel Barceló, editor de ciencia ficción

Temas que eran de ciencia ficción hace cinco o seis décadas hoy forman parte de la vida cotidiana
Por Amaia Uriz 4 de mayo de 2009
Img miquel barceloportada
Imagen: CONSUMER EROSKI

Miquel Barceló es catedrático de Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Politécnica de Cataluña, doctor en Informática y diplomado en Energía Nuclear. Y es nombre de referencia para todo lector aficionado a la ciencia ficción. Editor, traductor y escritor especializado en el género, a él le debemos la colección Nova, próxima a los 150 títulos, y el acreditado Premio Internacional UPC de novela corta de ciencia ficción.

Barceló es el ejemplo de la profundidad que alcanzan algunas colecciones a las que se les ha negado el prestigio. Una literatura que «ha madurado y debe exigírsele lo mismo que a cualquier obra artística», pero sin embargo la crítica -no los lectores- le da la espalda. Tal vez por «la pereza intelectual de la mayoría de los críticos literarios».

¿Qué le llevó a convertirse en editor de literatura de ciencia ficción?

Como en tantos casos, la casualidad. Cuando el grupo Zeta adquirió Bruguera, mi amigo Carlo Frabetti (que asesoraba a Bruguera en ciencia ficción) se marchó a Madrid y, por dos caminos muy distintos, a quienes estaban montando Ediciones B les llegó mi nombre como aficionado al género y me llamaron. Y la curiosidad me impide decir no cuando me proponen algo que todavía no he hecho.

¿Por qué ese compromiso de prologar los libros que edita?

Editar ciencia ficción era, ha sido y es como un hobby en mi caso: lo hago por gusto y eso es todo

No me gano la vida como editor. Vivo ahora de mi sueldo como catedrático en la universidad y antes vivía de compartir la docencia universitaria con mi actividad como ingeniero de sistemas en una multinacional informática. Editar ciencia ficción era, ha sido y es un hobby: lo hago por gusto. Eso es todo. En mi bisoñez de cuando empecé (era el año 1986 y, a excepción de un fanzine, no había sido nunca editor…) me pareció justo contar a los lectores por qué había elegido tal novela y no otra para publicarse en “mi” colección NOVA. Al empezar era muy prudente con presentaciones de una o dos páginas, pero después me fui animando y mis presentaciones han crecido en extensión, tal vez incluso demasiado…

¿Es la ciencia ficción un género en sí mismo?

Sí, creo que sí. Aunque con la peculiaridad de que temas que eran de ciencia ficción hace cinco o seis décadas hoy forman parte de la vida cotidiana: ordenadores, teléfonos móviles, resonancias magnéticas, etc.

¿Por qué arrastra la etiqueta de clase B?

Me gustaría poder encontrar en muchos otros best-sellers al uso la calidad literaria y narrativa de algunos autores actuales de ciencia ficción

Por la escasa calidad literaria (muy pocas figuras estilísticas, por ejemplo) de la ciencia ficción de las primeras décadas del siglo XX. Pero hoy esa imagen es falsa. Me gustaría poder encontrar en muchos otros best-sellers al uso la calidad literaria y narrativa de algunos autores actuales de ciencia ficción como, por ejemplo, Dan Simmons, Joe Haldeman, Neal Stephenson, Connie Willis, Sheri S. Tepper, Greg Bear, Robert J. Sawyer, y tantos y tantos autores modernos que, aun con buenísimos temas de ciencia ficción, cuidan mucho más la forma. Otra razón es la pereza intelectual de la mayoría de los críticos literarios, pero ése es otro tema.

¿Hasta qué punto hay que tomársela en serio?

La ciencia ficción nos advierte de los peligros en que podemos caer por culpa de un mal desarrollo tecnocientífico

Creo que es la narrativa que hay que tomar más en serio: nos advierte, por ejemplo, de los peligros en que podemos caer por culpa de un mal desarrollo tecnocientífico. Como define Isaac Asimov, la ciencia ficción sería esa “rama de la literatura que trata de la respuesta humana a los cambios en el nivel de la ciencia y la tecnología”. Y eso nos hace hoy mucha falta.


Al fin y al cabo, el ritmo de cambio de nuestra civilización es tal que ahora sabemos que viviremos en un futuro del que sólo podemos decir con certeza que será distinto del pasado que hemos vivido y del presente que vivimos. El único aprendizaje válido que conozco para vivir en ese futuro “distinto” es entrenarnos a contemplar sus muchas posibilidades con la ayuda de la ciencia ficción.

¿Qué requisitos literarios, formales y estructurales, cumple una buena obra de ciencia ficción?

Primero que sea correcta y válida en su género narrativo: buena novela, buen poema, buena obra de teatro, buena película, etc. Hace muchas décadas, la riqueza de las ideas de la mejor ciencia ficción podía soportar una trama enclenque, unos personajes irreales y desvaídos, unas escasas figuras estilísticas. Sin embargo, eso ya no es así. La ciencia ficción ha madurado y debe exigírsele lo mismo que a cualquier obra artística. Además de ello, la ciencia ficción ha de tener su acostumbrada riqueza de ideas, preguntarse ¿qué ocurriría si…? y ahí imaginar una hipótesis de algo que todavía no es real (o que, tal vez, no lo sea nunca…) como elemento base para una especulación inteligente y coherente.


Pero si no hay una buena trama y unos personajes interesantes, no hay narración, no hay historia, sólo hay aburrimiento del lector o del espectador. Estoy convencido de que, para hacer una buena narración, hacen falta historias y personajes. La narrativa experimental siempre es una posibilidad (la ciencia ficción tiene algunos ejemplos brillantes), no obstante el grueso de la narrativa se debe basar en historias y personajes.

¿Debe ser la estructura de la obra también diferente a la realidad?

Es muy difícil describir un futuro “distinto” con términos actuales
No necesariamente, aunque la ciencia ficción se presta como pocos géneros al experimentalismo literario. Que conste que es muy difícil describir un futuro “distinto” con términos actuales, que son los únicos que conoce el lector o espectador de hoy. Imaginemos que alguien hubiera escrito una narración hace 100 años usando palabras entonces sumamente “raras” como ordenador, ecografía, televisión, láser, Internet; muchos lectores no hubieran entendido demasiado de todo ello.

¿Importa más lo que se cuenta que el cómo se cuenta?

En la vieja ciencia ficción, sí. A veces era su único y gran soporte: las ideas. Pero ya he dicho que las cosas han cambiado. Hoy, al menos en la ciencia ficción, el cómo se cuenta es tan importante como lo que se cuenta.

¿Sus grandes autores obtienen su merecido reconocimiento de la cultura literaria?

Los críticos literarios se han olvidado de la ciencia ficción. No han sabido dar muestra de inteligencia interesándose sobre sus nuevas formas y planteamientos

No, simplemente no. Los críticos literarios, sabedores de que la vieja ciencia ficción de Asimov, Clarke, etc. tal vez no resistía la crítica literaria al uso, se han olvidado de la ciencia ficción. No han sabido dar muestra de inteligencia interesándose sobre sus nuevas formas y planteamientos. Una verdadera lástima, pero ellos se lo pierden.

Muchos de los autores de ciencia ficción han surgido como algunos grandes escritores del siglo XIX: con entregas en revistas. ¿Siguen siendo lanzaderas?

No. Antes las revistas publicaban relatos de larga extensión que permitían a los autores escribir tramas de un centenar de páginas, pero ahora ya no ocurre. Esas historias podían unirse después en un libro o novela en un procedimiento muy típico del género llamado “fix-up”. Así nacieron clásicos indiscutibles como la Fundación, de Asimov, o Dune, de Herbert. Ahora las revistas ya no promocionan esa extensión y esas entregas en revistas han desaparecido excepto en casos especiales, como podría ser la revista estadounidense “Analog. Science Fiction Science Fact” y, todo hay que decirlo, el Premio Internacional UPC de ciencia ficción que promueve la Universidad Politécnica de Cataluña.

De Julio Verne a Isaac Asimov, de Arthur C. Clarke a Don Simmons, ¿cómo ha evolucionado el género literario?

Julio Verne, allá por los años 60 del siglo XIX, quería escribir la que él llamaba la “novela de la ciencia”

Julio Verne, allá por los años 60 del siglo XIX, quería escribir la que él llamaba la “novela de la ciencia”, en la que la ciencia y la tecnología tuvieran ya el papel esencial que empezaban a jugar en la sociedad occidental. Su visión (al menos en sus primeros años) era más bien optimista, en contraposición con la visión del socialista fabiano que fue Herbert G. Wells, quien tuvo la ventaja de poder “inventar” la mayoría de los temas típicos de la ciencia ficción: el viaje en el tiempo, el viaje por el espacio, el ataque de extraterrestres, etc.


Asimov y Clarke representan la ciencia ficción típica de mediados del siglo XX, con una narrativa literariamente escasa en figuras estilísticas y en estructura novelística (los cortos capítulos habituales en Clarke son emblemáticos en este sentido), pero con una gran riqueza de ideas, que han definido lo que llamamos la “Edad de oro” de la ciencia ficción.


La ciencia ficción ha mejorado estilísticamente sin perder su riqueza ni la capacidad de sugerencia de sus ideas

En los años 70 del siglo XX, tan “movidos” en todos los aspectos, surge un movimiento para mejorar la calidad literaria de las narraciones de ciencia ficción y sus resultados son evidentes: nuevas autoras como Ursula K. Le Guin, Connie Willis o Sheri S. Tepper y nuevos enfoques como los que vienen a representar hoy autores atrevidos y de gran calidad como Dan Simmons, capaz de afrontar versiones “de ciencia ficción” de temas clásicos de la literatura universal como son los Cuentos de Canterbury de Chaucer [“Hyperion”] o la Iliada de Homero [“Ilion” y “Olympo”].


Con todo ello, la ciencia ficción ha mejorado estilísticamente sin perder su riqueza ni la capacidad de sugerencia de sus ideas. Y algunos autores “clásicos”, como el mismo Isaac Asimov o Joe Haldeman, Robert Silverberg y tantos otros, mejoraron el nivel estilístico de su narrativa.

¿Cuándo aconsejaría comenzar a leer ciencia ficción?

Hace falta una cierta agilidad mental y una disposición alerta de la curiosidad que aleja a lectores perezosos

Es más fácil si se empieza a leer de joven ya que, como todo género, la ciencia ficción tiene convenciones narrativas que conviene conocer. Por otra parte, el lector ya habituado al “mainstream” se siente un tanto desamparado cuando un buen narrador de ciencia ficción le describe un futuro, un mundo, una sociedad o unos personajes intrínsecamente distintos de los que el lector conoce. Hace falta una cierta agilidad mental y una disposición alerta de la curiosidad que aleja a lectores perezosos.

Pero, ¿hasta qué punto es necesario tener conocimientos profundos para entender las líneas argumentales o fundamentos de las teorías que se presentan?

Mis estudios de ingeniería aeronáutica nacieron de mi afición casi infantil por la ciencia ficción

No creo que haga falta. Si la narración es buena se centrará en personajes y tramas que, aunque movidas por temas especulativos (sobre ciencia y tecnología, pero también sobre economía, historia, sociología, psicología y un largo, larguísimo etcétera), han de mantener interés por sí mismos. Y si el narrador es bueno contará de manera adecuada (sin predicar ni dar clase) todo lo que haga falta para que un lector lego en un determinado tema pueda entender lo que haga falta para apreciar la novela.

¿Puede despertar la curiosidad por la física y las matemáticas y sus aplicaciones, como la informática y la cibertecnología?

Estoy seguro de que, al menos en algunos casos, es así. Mi padre era de los pocos que leían ciencia ficción en España en los años 50 y siempre he creído que mis estudios de ingeniería aeronáutica nacieron de esa afición casi infantil (en aquellos años, sin televisión en casa, ya empecé a leer novelas de ciencia ficción a partir de los 9 años, tras haberme “comido” casi todo Julio Verne).


En mi caso funcionó, pero que conste que me parece una ingenuidad pensar, como se hizo en la Unión Soviética en los años 50 y 60, que leer ciencia ficción protagonizada por científicos e ingenieros podía desarrollar en los jóvenes el interés por estudiar en carreras tecnocientíficas. Suelo poner el ejemplo de mi hijo que, cuando era niño, decía que estudiaría para ser como Indiana Jones el día de mañana, y ahora es bioquímico y se dedica a estudiar el cerebro humano…

¿Cuál es la principal diferencia entre la fantasía y la ciencia ficción?

La buena ciencia ficción busca especulaciones que hagan pensar mientras que la fantasía busca buenas aventuras que proporcionen antes que nada diversión

Esta pregunta es difícil… En la ciencia ficción hay una cierta voluntad explicativa como hace la ciencia, mientras que la fantasía se maneja mejor en el misterio. La ciencia ficción recurre a presuntas explicaciones basadas en la tecnociencia, mientras que la fantasía recurre a la magia.


En realidad, si se piensa con un poco de detenimiento, “La guerra de la galaxias” (con la “fuerza” y todo eso) es más fantasía que ciencia ficción (pese al decorado tecnocientífico) como puede comprobar todo aquél que la compare (personajes incluidos) con Willow. Un amigo mío, el gaditano Rafael Marín, dice que todo es cuestión del decorado.


Yo pienso que la buena ciencia ficción busca especulaciones que hagan pensar mientras que la fantasía busca buenas aventuras que proporcionen antes que nada diversión. Aunque hay casos mixtos muy brillantes, como “El árbol familiar”, de Sheri S. Tepper, una especie de novela ecologista de ciencia ficción con un ropaje de fantasía.


Por eso la pregunta es de difícil respuesta. Tanto como lo es definir la misma ciencia ficción.

¿La ciencia ficción debe ser creíble o posible para ser una buena ciencia ficción?

El tema en sí no tiene por qué ser creíble (por ejemplo, yo no creo que se pueda viajar en el tiempo y “Cronopaisaje”, de Gregory Benford, o “Las naves del tiempo”, de Stephen Baxter, son novelas excepcionales), pero si no son creíbles los personajes, la situación o la trama, la novela deja de ser creíble.

Especula con realidades coherentes y escenarios futuros, ¿cómo es la respuesta del ser humano al enfrentarse a esos nuevos escenarios, aunque sea mentalmente?

La ciencia ficción nos advierte de peligros que nos aguardan en el futuro para que podamos evitarlos

Ésa es la idea de la definición de Isaac Asimov antes citada, y de ahí el valor de la ciencia ficción como “aprendizaje del futuro”.


David Brin suele decir que la ciencia ficción es, también, una profecía autoexcluyente, en el sentido de que nos advierte de peligros que nos aguardan en el futuro para que podamos evitarlos. Incluso una vez, casi haciendo broma, dijo que nuestro 1984 real no fue como el descrito en la novela de George Orwell precisamente porque Orwell nos había advertido de ese peligro en 1948, cuando escribió la novela “1984”. No creo que sea para tanto, pero la idea, en general, puede tener sentido.

¿Cuánto de la ciencia ficción que se ha escrito, de la buena, tiene de apocalíptico? Mantiene que “Un lógico llamado Joe”, el relato de Murray Leinster, es hoy Internet. ¿Qué hay escondidas en las páginas que todavía no se ha hecho realidad, pero tiene mucho fundamento que llegue a serlo?

Tiene más atractivo narrativo un robot o una inteligencia artificial que se rebele contra los humanos (como los Terminator o como Matrix) que sí actúan sólo como nuestros compañeros-ayudantes. Por eso, y para advertir de los peligros que nos aguardan en el futuro, la ciencia ficción tiende a ser apocalíptica.


Pero también proporciona alternativas distintas nada apocalípticas (el Apocalipsis llegará si no cambiamos…) como suelen hacer hoy en día muchas narradoras que, por decirlo de manera un tanto eufemística, imaginan sociedades en las que el reparto de poder entre los géneros no esté tan sesgado como ocurre en nuestra sociedad.

¿Hasta qué punto debe prevalecer la ética actual en la presentación de un futuro? Precisamente, en “Inteligencia Artificial” se rozaba un tema: si a un robot le programan sentimientos, ¿puede un ser humano hacerle daño, aunque no sea su igual?

Conviene recordar que todavía no somos lo suficientemente éticos con todos los humanos

Si se cambia la palabra “robot” por la palabra “humano” en las Tres Leyes de la Robótica de Isaac Asimov, se obtienen tres reglas de comportamiento ético de las que sólo cabría discutir su orden de precedencia.


El problema implícito en la pregunta reside en decidir a quién consideramos “humano”. Y ese concepto ha evolucionado con el tiempo. Hace años los esclavos no eran considerados humanos, las mujeres y la gente de color no tuvieron (hasta hace muy poco) los mismos derechos que los varones blancos o los terratenientes. Los niños no tuvieron derechos hasta que se promulgaron hace unos 50 años y ahora hablamos de los derechos de los grandes simios. Posiblemente un día, si los robots o las inteligencias artificiales se comportan como humanos, no haya nada de extraño en que tengan derechos éticos y legales como los humanos.


Pero conviene recordar que todavía no somos lo suficientemente éticos con todos los humanos (todos los que viven hoy y los que van a vivir en el futuro) y que nuestro proceder socioeconómico no es equitativo ni justo: nuestro sistema de desarrollo no es hoy sostenible. La primera responsabilidad ética reside ahí.

¿Por qué la atmósfera es siempre tan “Blade Runner”, tan gris? ¿Nos tiene que dar miedo el futuro que estamos creando o proyectando?

Mucho del cine de Hollywood (“Titanic” incluido) es antitecnológico

Que conste que la película de Ridley Scott (quién siempre se negó a leer la novela original) describe un futuro muy distinto del que se ve en la novela y, además, evita hacer referencias a la religión del mercerismo (basada en la empatía), uno de los temas más interesantes de la novela original de Philip K. Dick.


En la película el tono gris, la superpoblación y algunos detalles más son, básicamente, gadgets cinematográficos en favor del dramatismo. Y, tal vez, apuntarse a esa idea del futuro apocalíptico. Mucho del cine de Hollywood (“Titanic” incluido) es antitecnológico.


Y sí, para la mayoría de la gente, el futuro que se nos depara da miedo. No sabemos cómo será, lo imaginamos muy complejo y nos sentimos como si no estuviéramos preparados para poder hacerle frente.


Suerte que tenemos la ciencia ficción para ir entrenándonos como sea para poder vivir en el futuro desconocido que nos aguarda. Y siempre tenemos la gran capacidad adaptativa del ser humano y, sobre todo, pensar que el futuro lo construimos nosotros y que es nuestra responsabilidad hacerlo mejor.

El premio UPC reconoce la escritura de ciencia ficción. ¿Qué tal es el nivel? ¿Ha cambiado desde que comenzó a leer originales, allá por 1991?

Se premió a una interesantísima novela escrita por dos españoles que trabajan al alimón uno desde Almería y el otro desde Mataró gracias a Internet

Diría que el nivel es muy aceptable. Hubo unos años, cuando en Estados Unidos se publicaban novelas cortas en torno al centenar de páginas, en que concurrían escritores profesionales de todo el mundo (al premio se puede concurrir en español, catalán, inglés y francés). Ahora este tipo de participantes, aun cuando permanecen, se ha reducido, lo que permite encontrar nuevos e insospechados valores. En 2008 premió a una interesantísima novela escrita por dos españoles que trabajan al alimón uno desde Almería y el otro desde Mataró (Barcelona) gracias a Internet.

Nuestros lectores pueden ser padres y madres, profesorado que tal vez esté ‘pez’ en esto de la ciencia ficción… ¿Podría apuntar algunos títulos que pueden tener en cuenta para llevar a la biblioteca de un estudiante de Primaria y de otro de Secundaria?

Para jóvenes y adolescentes, lo mejor ha de seguir siendo “El juego de Ender”, de Orson Scott Card, o clásicos indiscutibles como “Fundación” de Asimov, “Dune”, de Herbert, o “Pórtico”, de Pohl (¡cuidado!, todos dan lugar a largas series).


Pero que conste que hay que pensar en cada lector por separado. Las mujeres preocupadas por su género encontrarán maravillas en “La mano izquierda de la oscuridad”, de Ursula K. Le Guin, o “La puerta al país de las mujeres”, de Sheri S. Tepper. Los interesados en la informática pueden leer a Neal Stephenson (“Criptonomicón”, “La era del diamante”, etc.) y los interesados en la cultura se maravillarán con Dan Simmons (“Hyperion”, “Ilion”, “Olympo”, por ejemplo). Y así, ad infinitum…

Aunque no es objeto de esta entrevista, no puedo resistir preguntarle. ¿La energía nuclear de fusión es el futuro? ¿Va a llegar?

Como se ha visto, casi todo es objeto de esta entrevista tan y tan larga (que los lectores me disculpen…). Y sí, cuando consigamos dominar la energía de fusión (la que existe en el núcleo del Sol), tendremos toda la energía que queramos. Aunque me temo que ha de ser terriblemente difícil hacerlo. Ahora la energía de fusión que manejamos es la de la Bomba “H” (de hidrógeno), una bomba de fusión que sólo sabemos hacer estallar con la energía que proporciona una bomba atómica digamos que “normal” (de las de fusión basadas en el uranio y plutonio).


Personalmente creo que, mientras tanto, podríamos empezar a plantearnos si es necesario gastar toda la energía que consumimos ¿no podríamos intentar ahorrar algo de energía?

Sigue a Consumer en Instagram, X, Threads, Facebook, Linkedin o Youtube