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Cumplir 18 años

Algunos expertos aseguran que el paso a la mayoría de edad se puede vivir con incertidumbre y ansiedad ante los cambios y responsabilidades que conlleva

  • Autor: Por AZUCENA GARCÍA
  • Fecha de publicación: 24 de noviembre de 2006

En España sólo el 3% de los jóvenes se emancipa a los 18 años. A esta edad la Ley prevé la extinción de la patria potestad y otorga a la persona plena independencia y capacidad jurídica de obrar. Sin embargo, esta libertad, aparentemente muy ansiada por los jóvenes, conlleva a su vez una serie de derechos y obligaciones que pueden causarles ansiedad. A los 18 años, una persona puede votar y ser votada, pedir un préstamo al banco, acceder a empleos públicos, incluso en horario nocturno y, ante todo, es responsable de sus actos. Una serie de cambios importantes que, cuando coinciden con el inicio de la etapa universitaria o laboral fuera del hogar familiar, acrecientan la incertidumbre y plantean serias dudas sobre cómo llevarlos a cabo de manera satisfactoria.

¿Comienzo de una nueva etapa?

Cumplir 18 años implica cambios. Aunque los jóvenes cada vez tienen más cotas de autonomía años antes de haber cumplido esta edad (tradicionalmente ligada a una mayor libertad por parte de los padres), cuestiones como el derecho al voto y a ser votado, la obtención del permiso de conducir, la titularidad de un negocio y el acceso a empleos públicos, peligrosos o con horario nocturno sólo pueden hacerse efectivas con la llegada a esta etapa. Pero ¿cómo lo viven los jóvenes? El profesor Fernando Jiménez, del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento psicológicos de la Universidad de Salamanca, asegura que el joven vive este paso a la mayoría de edad, coincidente en la mayoría del los casos con una nueva etapa universitaria, cuando sale del contexto familiar: los estudios en la universidad, nueva vida, nuevos compañeros en residencia, piso, autonomía propia, nuevas responsabilidades y, todo ello, lejos del control familiar. A su juicio, todos estos cambios no son fáciles de afrontar, por lo que subraya que el joven puede llegar a vivirlos "con preocupación, con incertidumbre y con cierta ansiedad ante los fracasos".

En general, la mayoría de edad ha perdido el significado que tenía. Si cumplir 18 años era sinónimo de 'ser mayor', ahora esta condición parece adquirirse mucho antes. "Prácticamente se ha perdido esa idea de que los 18 años son un sinónimo de mayor libertad. Los jóvenes tienen ahora más libertad desde que ellos mismos tienen la conciencia de que la poseen y dicen hacer 'lo que desean y quieren', se sienten así desde principios de la adolescencia. La coincidencia con los 18 años no es más que un puro azar", dice Jiménez. Hasta hace algunos años, las familias celebraban la nueva edad con la 'puesta de largo' de las chicas y con discursos sobre la importancia de la responsabilidad en el caso de los chicos, unas costumbres que prácticamente han desaparecido hoy en día, cuando los padres aún tratan a sus hijos e hijas como si fueran 'el niño' o 'la niña'. Según Jiménez, "los padres intentan solucionarles todo tipo de problemas hasta que salen de casa para vivir en pareja, estudiar o trabajar, que es cuando toman conciencia de ser responsables y comienzan a ser mayores".

Para el presidente de la Asociación Española de Abogados de Familia, Luís Zarraluqui, "la determinación de la mayoría de edad ha sido siempre un tema importante, sobre todo, en el caso de las mujeres". Según recuerda, el Código Civil ha pasado de establecer la mayoría de edad a los 23 años a hacerlo a los 21 y luego a los 18. "Incluso -rememora- había una situación singular en 1889 en la que, aunque las mujeres fueran mayores de edad, si no habían cumplido 25 años necesitaban licencia de sus padres para una serie de actos y tenían la obligación de vivir en casa". Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) revelan que alrededor de dos millones de españoles han cumplido o van a cumplir 18 años durante 2006.

Alrededor de dos millones de españoles han cumplido o van a cumplir 18 años durante 2006

La actitud de los padres y madres hacia quienes se encuentran en este periodo debe ser la de unos amigos que les escuchan, hablan con ellos y se sientan a comentar los problemas e interrogantes que les plantea esta etapa. "Los padres deben estar atentos a los 'olores' que despiden ciertas preguntas, reacciones o comportamientos de sus hijos, porque cuando esto no es así, cada uno elegirá lo que más le apetece para alimentarse, sin saber si esto es bueno, malo o insulso", reflexiona Jiménez a través de esta metáfora. No se debe confundir, eso sí, la amistad entre padres e hijos con la condescendencia, hay que saber poner límites y discernir cuándo, bajo el pretexto de la libertad que se le presupone a cada edad, los hijos piden a sus progenitores cosas "impensables" en ciertos momentos y circunstancias. "Los límites deben estar claros", sentencia el profesor.

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