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¿Hacen falta más presas?

España necesita 50 presas más, según sus defensores, mientras que sus detractores defienden el derribo de casi 100

Imagen: Macnolete

España tiene unas 1.300 presas y construye otras 36 (es el primer país del mundo por habitante y km2), pero el Comité Nacional Español de Grandes Presas (CNEGP) afirma que hacen falta 50 más. La lucha contra el cambio climático o el abastecimiento de agua y de energía son algunas de las razones utilizadas para defender estas infraestructuras. Sin embargo, diversos expertos y organizaciones ecologistas recuerdan el impacto ambiental de las presas y argumentan que se deberían derribar algunas, como ya se ha hecho en países como Estados Unidos.

Por qué hacen falta más presas

España es el primer país del mundo en número de presas por habitante y por km2 y el quinto en cifras absolutas después de China, EE.UU., Japón e India. Tiene unas 1.300 presas repartidas por todo su territorio, con un volumen de agua de 56.400 hectómetros cúbicos para abastecer a los 45 millones de habitantes y 55 millones de turistas. De este total, 990 entran en la categoría de la Comisión Internacional de Grandes Presas: superan 15 metros de altura o almacenan más de 100.000 metros cúbicos de agua.

Se construyen 36 nuevas presas y dos de las actuales se recrecen para aumentar su capacidad

A pesar de estas cifras, el CNEGP considera que España necesitará 50 presas más para hacer frente a los posibles problemas que pueda ocasionar el cambio climático. Se estima que este fenómeno aumentará el riesgo de precipitaciones más intensas combinadas con periodos más largos sin lluvia. Esta tendencia provocará sequías e inundaciones más extremas y frecuentes. La sedimentación en los ríos, a su vez, ha causado una importante merma en la capacidad real de los embalses, en algunos casos, de hasta el 50%.

Los defensores de las presas aseguran que las últimas lluvias torrenciales registradas en España han demostrado la importancia de estas infraestructuras para paliar ese problema. Gracias a su efecto en la regulación de las crecidas de los ríos, explican, se han evitado importantes daños materiales y se ha reducido el riesgo para los ciudadanos.

La capacidad de almacenar agua, un recurso cada vez más valioso, tanto para consumo humano como para la agricultura, es otra de las principales razones esgrimidas. Se construyen 36 nuevas presas y dos de las actuales se recrecen para aumentar su capacidad. Se estima que tras estas obras la capacidad total de España se elevará hasta 62.770 hectómetros cúbicos, un 11% más que el volumen actual.

Imagen: Bill Ohl

Las grandes presas cuentan además con otra serie de beneficios para la sociedad, según sus defensores. Con ellas se reduce la dependencia de los combustibles fósiles de España, ya que es una fuente de energía renovable que evita al mismo tiempo la emisión de millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2). La tecnología de las centrales hidroeléctricas reversibles permite también aprovechar la energía generada en sistemas eólicos o solares, que no se puede almacenar. El excedente energético es aprovechable para bombear el agua y crear energía hidráulica.

Junto con el aumento del número de presas, sus responsables señalan que es necesario cuidar las actuales. Se recuerda la antigüedad de estas infraestructuras y, si bien se matiza que su seguridad está garantizada, es preciso someterlas a controles exhaustivos.

Argumentos en contra de las presas

WWF reclama el derribo de casi un centenar y señala 20 grandes presas para una primera fase

Los detractores de estas construcciones recuerdan su impacto ambiental y sostienen que en España se deberían demoler algunas. La organización conservacionista WWF, a través de su campaña "Liberando Ríos", reclama el derribo de casi un centenar y señala 20 grandes presas para una primera fase: unas cuentan con licencia caducada, como las de Molló (Cataluña), Bujioso (Castilla-La Mancha) y Barbellido (Castilla y León), otras están en estado ruinoso, como la de A Baxe (Galicia), y las hay que afectan a espacios protegidos, como la de Las Librerías (Castilla-La Mancha).

El informe analiza el estado de las grandes presas en España y más de 7.000 pequeños obstáculos en el transcurso de los ríos, como diques o azudes. Los expertos de WWF identifican las instalaciones que deberían demolerse por estar obsoletas, en ruinas o causar un grave impacto ambiental. De tener que hacer alguna, subrayan, se debería construir fuera de los cauces de los ríos y cerca de los consumidores para su abastecimiento. En cuanto a la posible ampliación del número de presas, sus propios defensores reconocen que los sitios más idóneos están ocupados y habría dificultades para buscar nuevos emplazamientos.

Ecologistas en Acción subraya que estas grandes infraestructuras han afectado al 20% de los espacios protegidos españoles y han causado la pérdida de importantes ecosistemas, pueblos, vegas de cultivo, paisajes singulares y construcciones de alto valor cultural. Al convertir los ríos en meros canales de agua, explican, se han alterado los procesos naturales de autodepuración de las aguas, erosión, transporte y sedimentación, y han provocado la infertilidad de deltas y valles. Desde la asociación Ríos con Vida se afirma que en España no queda ninguno de los grandes ríos como ecosistemas que fueron. Según WWF, la eliminación de presas no sólo posibilita la restauración de hábitats dañados, sino también la generación de empleo sostenible. En la mayoría de los casos, aseguran, es más barato derribar una presa que mantenerla o repararla.

Los críticos recuerdan que en la actualidad se utilizan otras alternativas como sistemas de gestión del agua. En EE.UU. hace tres décadas que ya no se proyectan grandes presas y se han demolido más de 700. Según los expertos de WWF, el objetivo principal es recuperar el equilibrio natural de los ríos y los acuíferos y los servicios ambientales que proporcionan. Recuerdan que la Directiva Marco del Agua, aprobada por la Unión Europea, obliga a eliminar los perjuicios ambientales que se ocasionan en este medio, como el caso del salmón, que no puede alcanzar sus lugares de desove.

Los expertos también destacan que para controlar las crecidas puntuales de los ríos, los embalses no pueden estar llenos. Durante este año se ha tenido que soltar agua de los embalses, de manera que se han provocado algunas inundaciones controladas en los campos de sus alrededores.




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