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Pilates para el cáncer de mama

El ejercicio suave durante el tratamiento o después de haber sufrido un tumor mamario aporta beneficios tanto a nivel psicológico como en la vertiente física

Imagen: familymwr

El tratamiento de una neoplasia de mama supone un momento delicado en que deben tenerse en cuenta muchos factores, tanto físicos como emocionales. Asimismo, las mujeres que se recuperan se enfrentan a muchos retos, no solo para recobrar su fuerza y energía anterior, sino también, en muchos casos, su autoestima. Hace poco, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) recomendaba incorporar la actividad física en el plan de tratamiento del cáncer. Ahora, el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama va más allá, y señala que un entrenamiento como el que se efectúa con el método Pilates puede ayudar a las mujeres, de forma fácil y suave, a su recuperación.

Actividad física fácil de practicar, beneficiosa y que no causa dolor ni deja sin aliento. Así define el método Pilates el Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), que recientemente ha recomendado esta práctica en mujeres que padecen cáncer de mama. La información se ha publicado en la revista "GEySALUS". Muchas pacientes abandonan su actividad física habitual cuando son diagnosticadas de una neoplasia, situación que mantienen durante el tratamiento e, incluso, cuando se ha superado la enfermedad.

Sin embargo, numerosas investigaciones han mostrado que el ejercicio físico es una alternativa eficaz y segura para mejorar la calidad de vida de las afectadas; además de los beneficios fisiológicos como el aumento de la capacidad funcional, el incremento de la fuerza muscular, la disminución de la fatiga o el mayor control del dolor, conlleva una mejoría emocional. Según el GEICAM, el Pilates es la mejor opción, ya que se adapta a todas las edades y formas físicas y que, incluso pueden practicar personas enfermas o convalecientes.

Además, los especialistas recuerdan que favorece una reducción de la ansiedad y la depresión, mejora la autoestima y provoca una mayor sensación de control y de satisfacción con la vida.

Tonifica, refuerza y aumenta la flexibilidad

La movilidad, el trabajo muscular, la mejora en la flexibilidad, la relajación y la concentración que aporta el Pilates hacen que aporte numerosos beneficios

En general, el método Pilates ayuda a tonificar y reforzar los músculos sin que estos aumenten de volumen. Aumenta la flexibilidad general, fortalece la espalda y ayuda a evitar lesiones, así como perfecciona la postura y los malos hábitos relacionados, y mejora el aspecto físico general y la salud. En términos psicológicos, disminuye la tensión, la fatiga y el dolor, refuerza la capacidad de concentración y el control del individuo. Y también optimiza el rendimiento deportivo.

Fatiga, limitación de la amplitud de movimiento en pecho, hombros y espalda y miedo a mover las zonas doloridas pueden provocar que quien sufre o ha sufrido un cáncer de mama sienta timidez para practicar cualquier tipo de actividad. La recuperación de todos estos factores, no obstante, le garantizan la recuperación del cuidado de sí misma y la reanudación de su vida normal. Otro de los beneficios sugeridos es la prevención de la osteoporosis, enfermedad que desarrollan las afectadas con más frecuencia que el resto de mujeres debido a la propia quimioterapia o por la inducción temprana de la menopausia debido al tratamiento.

La movilidad, el trabajo muscular, la mejora en la flexibilidad, el bienestar, la relajación y la concentración que aporta este método de entrenamiento hacen que, siempre que se practique bajo supervisión profesional, aporte numerosos beneficios a las afectadas.

Una actividad completa

Con el Pilates se logran resultados sin necesidad de practicarlo todos los días, y con un par de horas a la semana ya se notan las mejoras. Además, una de sus ventajas es que incluye muchas modificaciones, de modo que uno puede empezar a practicarlo a cualquier nivel. Muchos de los ejercicios que comprende se realizan desde el suelo, lo que reduce el riesgo de una caída o un sobreesfuerzo. Entre los más habituales está la respiración profunda, que ayuda a reducir el estrés y a trabajar los músculos centrales. También se practica la respiración diafragmática y la respiración lateral.

Los ejercicios simples ayudan a fortalecer los músculos abdominales y favorecen una buena postura de la espalda, lo que se traduce en una mayor estabilidad y libertad de movimiento todos los días. Además, ser capaz de mantener una postura adecuada está relacionado con el nivel de seguridad y autoconfianza de una persona y, por tanto, con su autoestima. Por último, y como requisito previo, se recomienda realizar estiramientos con una buena alineación corporal, que ayuda a las mujeres a recuperar la amplitud completa de movimiento a través del pecho y el brazo.

Recomendación de los expertos

Los expertos de GEICAM recomiendan empezar con dos o tres sesiones con un monitor particular, que estará pendiente de que no se sienta ninguna molestia. Una vez la paciente se haya familiarizado con los ejercicios y posturas básicas, puede incorporarse a sesiones de grupo e, incluso, practicar en casa.

Es importante que el programa de Pilates para la recuperación del cáncer de mama se desarrolle de manera lenta y se asegure siempre que los movimientos son seguros y cómodos para la paciente. La mujer afectada puede desarrollar un instinto de protección, y puede pasar mucho tiempo hasta que se sienta de nuevo cómoda con la espalda recta o haciendo determinados movimientos. Ejercicios simples, como la respiración profunda, pueden reactivar el cuerpo desde el interior, sin causar tensiones indebidas. Este avance lento pero constante puede ayudar a ganar confianza y establecerse de nuevo en su cuerpo.

Deberán tenerse en cuenta también factores psicológicos que pueden aflorar durante la práctica de Pilates: puede provocar algunas emociones y a veces el área del pecho se nota muy diferente de lo que solía sentir por la pérdida de sensibilidad (la paciente puede necesitar tiempo para acostumbrarse).

LUCHAR CONTRA EL LINFEDEMA

Cuando se extirpa total o parcialmente la mama afectada, también se extraen los ganglios de la axila (linfadenectomía) para eliminar del todo posibles células malignas desprendidas del tumor. Pero junto con los ganglios, también se eliminan parte de los vasos linfáticos entrelazados con ellos, que actúan como sistema accesorio para que los líquidos de los espacios intersticiales puedan retornar a la sangre. Aunque siempre se procura no invadir los ganglios y vasos más profundos, a veces no es suficiente. Entonces, la linfa que sube del brazo tiende a acumularse en los tejidos grasos de debajo de la piel, dando una forma de edema con aspecto de una hinchazón blanda.

Es el linfedema, y puede surgir en los meses siguientes a la cirugía, o varios años después. Ocurre en el 10% al 15% de las mujeres que han pasado por una mastectomía. Si bien coger peso con el brazo está contraindicado (cargar bultos, llevar bolsas, arrastrar el carro de la compra o llevar niños en brazos), hay diversas actividades físicas muy indicadas para evitar esta molesta complicación, entre ellas, el Pilates, la natación, el yoga o la gimnasia de mantenimiento. Eso sí, para lograr maximizar sus beneficios, deben practicarse con regularidad.


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