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La relación entre grasa abdominal y cáncer de colon

Investigadores alemanes han recurrido a la mayor base de datos sobre nutrición y hábitos de vida para buscar indicadores del riesgo de padecer cáncer de colon y recto

Imagen: Malingering / Flickr

El índice de masa corporal (IMC) es una medida antropométrica utilizada para relacionar el peso de una persona en relación con su altura. A pesar de que no hace distinción entre los componentes grasos y no grasos de la masa corporal total, éste es el método más habitual para calcular el grado de riesgo asociado con la obesidad, y sólo predice el riesgo de padecer cáncer de colon en hombres. Pero un estudio reciente ya corroboraba la relación entre un exceso de cintura y los problemas cardiovasculares. Quizás los paradigmas estén cambiando; un estudio llevado a cabo por investigadores alemanes sugiere que también podría existir una relación entre la existencia de grasa acumulada en esta parte del organismo y la aparición de ciertos tipos de cáncer.

¿Cómo afecta la dieta en el cáncer? ¿Puede prevenirse el desarrollo de tal o cuál cáncer comiendo determinados alimentos? Son preguntas 'del millón'. Dado que tanto los tipos de cáncer como los alimentos son muchos, y que en esta enfermedad intervienen además otros factores ambientales y por supuesto genéticos, la única manera de que la investigación entre cáncer y dieta arroje resultados válidos es disponer de una muestra muy amplia. De ahí el estudio EPIC (siglas en inglés de Investigación Prospectiva Europea sobre Nutrición y Cáncer), con datos de 521.000 personas en diez países europeos: Alemania, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Italia, Noruega, Reino Unido, Países Bajos y Suecia.

Se espera que los mejores resultados de EPIC aparezcan dentro de unos años, pero ya hay algunas conclusiones. Una de ellas fue publicada hace unas semanas por un grupo alemán y hace referencia a la relación entre la medida de la cintura y el cáncer de colon: a mayor obesidad abdominal, mayor riesgo de cáncer de colon. Los autores del trabajo, del Instituto Alemán de Nutrición Humana Postdam Rehbrücke (DIfE), analizaron la relación entre diversas medidas antropométricas y el riesgo de cáncer de colon y recto en 368.277 participantes en el estudio EPIC. Durante los seis años de seguimiento realizado a estas personas, 984 de ellas desarrollaron cáncer de colon, y 586 de recto. Sus conclusiones, publicadas en Journal of the National Cancer Institute (5 de julio), indican que «no hay relación entre las medidas del organismo investigadas y el riesgo de cáncer de recto». Sí las hay, en cambio, para el cáncer de colon.

Entre la cintura y la cadera

Los investigadores hallaron que la medida de la cintura en relación a la de la cadera (WHR, siglas en inglés) sirve como indicador del riesgo de cáncer de colon tanto en hombres como en mujeres. Las mujeres con un WHR superior a 0,85 tenían un 52% más riesgo de desarrollar cáncer de colon que aquellas con un WHR inferior a 0,73. En hombres los resultados eran similares: el riesgo era 51% mayor en aquéllos con un WHR alto. El WHR se halla dividiendo la medida de la cintura (en cualquier unidad) entre la de la cadera.

La obesidad masculina se asocia a una mayor incidencia de anomalías metabólicas

Sin embargo, curiosamente, el Índice de Masa Corporal (IMC), que es la magnitud habitualmente empleada para medir la obesidad y que no tiene en cuenta dónde se acumula la grasa, sólo predice el riesgo de padecer cáncer de colon en hombres, no en mujeres. Los hombres con un IMC superior a 29,4 tienen un riesgo 55% superior de desarrollar cáncer de colon que los hombres delgados, con un IMC inferior a 23,6%. En mujeres, el riesgo aumenta en sólo un 6%. El IMC se halla dividiendo el peso en kilos por la talla en metros elevada al cuadrado; un IMC entre 20-25 se considera normal.

«Nuestros resultados apoyan la hipótesis de que la grasa abdominal es especialmente importante para el desarrollo del cáncer de colon», declara Heiner Boeing, coordinador del proyecto EPIC en Potsdam. «Esto coincide con nuestra observación de que el IMC es bastante inapropiado para predecir el cáncer de colon en mujeres. Esto podría deberse a que los hombres ganan peso principalmente a base de acumular grasa en la zona abdominal, mientras que las mujeres la acumulan también en otras partes del cuerpo», añade el experto.

Hombres y mujeres

Es sabido que hombres y mujeres difieren en su composición corporal. En hombres la grasa representa por lo general un 20% del cuerpo masculino, mientras que en mujeres la cifra asciende al 30%. La relación entre el peso corporal y la distribución de la grasa también varía en ambos sexos. En mujeres hay más tejido adiposo en glúteos y piernas, mientras que en hombres un mayor peso se asocia con más grasa en la mitad superior del organismo. Este tipo de obesidad masculina ya se ha asociado a una mayor incidencia de anomalías metabólicas.

Pero se desconoce el motivo de la relación entre grasa abdominal y cáncer de colon. Boeing lanza una hipótesis: «La obesidad abdominal se asocia a la resistencia a la insulina, que redunda en más insulina circulando en la sangre. Esto podría jugar un papel». Los investigadores han vuelto ahora a la base de datos de EPIC para investigar el posible rol de la insulina y otras hormonas. Sospechan también, explica Boeing, de la leptina y la adiponectina. La leptina es una hormona inhibidora del apetito que segregan las células de grasa; tiene un papel importante en la regulación del metabolismo de la grasa corporal y estimula el crecimiento de las células epiteliales del colon. La adiponectina también es una hormona segregada por las células de grasa; tiene actividad antitumoral e inhibe el crecimiento de vasos sanguíneos.

Otro resultado de este trabajo es que las personas altas, tanto hombres como mujeres, también tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de colon. Una posible razón, apuntan los investigadores, es el mayor número de células: cuantas más células, más posibilidad de mutaciones. Además, los altos están probablemente más expuestos a hormonas reguladoras del crecimiento, como la propia hormona del crecimiento o la insulina, que se sabe están relacionadas con el desarrollo del cáncer.

RESULTADOS EPIC

EPIC es el mayor estudio jamás emprendido para relacionar dieta, estado nutricional, estilo de vida y factores ambientales con la incidencia de cáncer y otras enfermedades crónicas, como la diabetes o las cardiovasculares. Los factores genéticos también están siendo incluidos en EPIC, a medida que se avanza en su conocimiento. EPIC recoge datos de unos 521.000 europeos de 10 países, de más de 20 años.

El reclutamiento de los participantes se realizó entre 1992 y 1999. Se les realizaron detalladas encuestas sobre hábitos nutricionales y estilo de vida, y se les tomaron medidas y muestras de sangre, posteriormente preservada en nitrógeno líquido. Se espera que este estudio proporcione una gran cantidad de información sobre el efecto de la dieta en la salud a largo plazo. Hasta el año 2004 (incluido) se habían dado 26.094 casos de cáncer en la población EPIC.

Entre los resultados obtenidos hasta ahora por EPIC cabe destacar los relativos al cáncer de colon, mama y próstata, los tres más frecuentes. Así, se confirma que comer mucha fibra y mucho pescado (factores independientes entre sí) reduce el riesgo de cáncer colorectal; por el contrario, comer mucha carne roja y procesada aumenta el riesgo. «La combinación de estos cuatro factores dietéticos -fibra, pescado, carnes rojas y procesadas- juega un papel principal en la etiología del cáncer colorectal, además de la ingesta de alcohol, la obesidad y la poca actividad física», se afirma en las páginas de EPIC. En cambio en los cánceres de mama y próstata no se ha encontrado ninguna relación con el alto o bajo consumo de frutas y verduras.




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