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Las nuevas indicaciones de las estatinas

El uso preventivo de las estatinas, concebidas para combatir eventos cardiovasculares, sigue creciendo pese a que su beneficio real aún no se ha establecido

  • Autor: Por JORDI MONTANER
  • Última actualización: 30 de agosto de 2006

Las estatinas, unos agentes diseñados en principio para reducir los niveles de colesterol, llevan camino de convertirse en una de las grandes referencias farmacológicas. Tanto se están ampliando sus indicaciones que incluso se ha propuesto enriquecer el agua corriente de las ciudades estadounidenses con estos fármacos. Su indicación más reciente, el tratamiento antibiótico.

El tratamiento para la prevención de la hipercolesterolemia ha dejado de ser el único objetivo de las estatinas, que son los medicamentos originalmente diseñados con este fin. Expertos españoles han desentrañado su posible eficacia en el tratamiento del VIH.

Los mismos expertos son los responsables del hallazgo de sus efectos anticancerígenos o sus beneficios para reducir diversos trastornos de naturaleza inflamatoria. Estos hallazgos se han ido desprendiendo de las investigaciones realizadas para sacar agua clara de los efectos de estos fármacos. Por ahora, su indicación oficial, según las instancias reglamentarias, se circunscribe sólo a las enfermedades cardiovasculares, no sólo por su capacidad para reducir los niveles de colesterol elevados, sino por su eficacia en prevenir el desarrollo de aterosclerosis, isquemia coronaria y paro cardiaco.

La primera indicación complementaria fue publicada por Steven E. Niessen (Cleveland, Ohio) en la revista New England Journal of Medicine. En su trabajo el investigador señala que estos fármacos ejercen también una acción frente a la proteína C reactiva y la reperfusión sanguínea, factores íntimamente ligados al riesgo cardiovascular. Niessen, que acuñó esta circunstancia bajo la expresión de «efecto pleiotrópico de las estatinas», no hizo sino abrir con desmesurado optimismo una puerta a la especulación sobre el potencial de las estatinas como agentes antiinflamatorios, a la par que cardioprotectores. En la misma publicación se lamentaba de que tanto en Europa como en Estados Unidos, «sólo entre el 30% y el 50% de los pacientes aptos» para el tratamiento con estatinas estuviera recibiendo esta terapia.

Indicaciones paralelas

Entre las nuevas indicaciones de las estatinas destacan su supuesto poder antibiótico y su capacidad para bloquear la infección por VIH

A las primeras indicaciones siguieron estudios sobre eficacia de las estatinas en la prevención del ictus, de la demencia vascular y la enfermedad de Alzheimer; los resultados parecían prometedores. Los oncólogos han empezado a estudiar también a estos agentes, y un trabajo de 10 años de seguimiento publicado hace unos meses en The Lancet confirma efectos anticancerígenos de estos fármacos a largo plazo, aunque los autores reclaman moderación en el optimismo y emplazan a llevar a cabo estudios de mayor tamaño.

Por su parte, la Asociación Americana de Diabetes (ADA) hizo públicas en 2003 unas nuevas directrices clínicas en las cuales se recomendaba considerar el tratamiento con estatinas en pacientes diabéticos para lograr una reducción de su riesgo cardiovascular, incluso cuando sus niveles de colesterol estuvieran dentro de los parámetros considerados normales.

Las recomendaciones emitidas por los expertos estadounidenses se basan en diversos trabajos que habían estado evaluando los efectos beneficiosos de las estatinas en la reducción del riesgo cardiovascular. Entre estos trabajos cabe destacar una investigación británica publicada en The Lancet que fue la primera en oficializar que las personas que toman estatinas disminuyen en un tercio las posibilidades de experimentar un ictus.

Sida e infecciones

Un grupo de investigadores españoles del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado, por su parte, que las estatinas son capaces de actuar también como agentes antirretrovirales e impedir la replicación del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). El estudio, llevado a cabo en colaboración con los hospitales La Paz y Príncipe de Asturias, ambos de Madrid, y el Departamento de Farmacología de la Universidad de Barcelona, apoya la eficacia de las estatinas sobre una muestra estudiada de seis pacientes que no habían recibido hasta ese momento ningún otro tratamiento contra el sida.

Los investigadores identificaron unas puertas en la membrana celular por las que el virus penetra en la célula, y que curiosamente se caracterizan por presentar un gran contenido en colesterol. Asimismo comprobaron que si se elimina el colesterol de estas puertas mediante la administración de estatinas el VIH pierde su capacidad infecciosa. Además de bloquear la infección de la célula, las estatinas impiden el proceso de expulsión de las partículas virales una vez que el VIH ha penetrado, cerrándole la salida y evitando que pueda infectar al resto de los linfocitos, células defensivas del organismo. Los científicos españoles piensan que también se debe evaluar el efecto sinérgico de las estatinas y los antirretrovirales, ya que se plantean que quizá tengan una acción complementaria y su administración conjunta permita disminuir la dosis de antirretrovirales.

Otro hallazgo relacionado con las infecciones es la constatación de que las estatinas reducen hasta en un 19% el riesgo de sepsis en los pacientes cardiópatas. La sepsis no es más que una respuesta inflamatoria generalizada a una infección que, cuando es grave, se acompaña de un fracaso multiorgánico. Los pacientes coronarios son particularmente propensos a este fenómeno, que conlleva un elevado riesgo de muerte.

Parece que son varios los mecanismos que podrían explicar este efecto de las estatinas. En animales de experimentación se ha demostrado que estos medicamentos disminuyen la respuesta inflamatoria y activan las células del sistema inmune. Otra acción suya es la reducción en la superproducción de óxido nítrico, sustancia implicada en la vasodilatación y colapso circulatorio del choque séptico.

Investigadores de la Universidad de Washington adscritos al Howard Hughes Medical Institute estadounidense han sido los primeros en objetivar la eficacia de las estatinas como antibiótico frente a infecciones causadas por Streptococcus pneumonia y Staphylococcus aureus. Los resultados de su investigación aparecen publicados en la última edición de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Sombras sobre los beneficios de las estatinas

El cálculo del riesgo y el beneficio define un cociente que forma parte de toda estrategia de inversión; pero para los productores de estatinas este cociente no sólo es aplicable a las vicisitudes mercantiles, sino también a la salud de los enfermos que están consumiendo estos agentes. El infarto es la causa principal de hospitalización en personas mayores de 65 años, y durante los últimos 20 años esta circunstancia ha supuesto una inversión millonaria en la producción de estatinas con ganancias valoradas en 20.000 millones de dólares al año, lo que las convierte en los fármacos más rentables de la historia de la medicina.

Investigadores de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá) han elaborado un metanálisis reuniendo datos de cinco ensayos independientes de gran envergadura y concluyen, pese a todo, que las estatinas reducen los infartos y los ictus en un exiguo porcentaje (1,4%). Esto significa que de 71 pacientes hipercolesterolémicos tratados preventivamente con estatinas por espacio de cinco años, podría prevenirse un solo caso de infarto o ictus. No es que su tasa de efectos secundarios sea relevante (1,8%). Pero sí que lo es que dicha tasa de complicaciones supere la capacidad para prevenir un ictus o un infarto. No obstante, se debe tener en cuenta que las estatinas no se administran por separado, sino formando parte de un cóctel consensuado por las principales sociedades de cardiología y que eleva el listón preventivo a cifras mucho más respetables.

Sin embargo, no se trata en ningún caso de una panacea gratuita. Peter Langsjoen (Universidad de Texas) ha identificado una relación entre el elevado incremento del uso de estatinas y un aumento en la incidencia de insuficiencia cardiaca congestiva. El experto, que ha llegado a bautizar este fenómeno como «miocardiopatía causada por estatinas», culpa a estos agentes de inhibir la coenzima Q10 y, por esta vía, desencadenar también un infarto. En 1985, Karl Folkers había demostrado que en tejidos infartados había un nivel reducido de coenzima Q10 y que a menor nivel de esta enzima, peor es el infarto. El 5 de septiembre del 2001, una carta de 14 expertos internacionales dirigida a la Food and Drug Administration (FDA) estadounidense rezaba: «Es apremiantemente preciso que la comunidad científica [...] y los organismos reguladores se aseguren de que no estemos creando, involuntariamente, un déficit que representa un peligro para la vida [...] en muchos millones de pacientes». Cinco años después, las estatinas se siguen prescribiendo de forma preventiva en todo el mundo bajo el convencimiento de que el beneficio que proporcionan es muy superior al riesgo que podrían implicar.




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