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Perder la memoria

La pérdida de memoria, uno de los primeros signos de la enfermedad de Alzheimer, es un proceso irrecuperable aunque existen medidas que ayudan a enlentecerlo

  • Autor: Por CLARA BASSI
  • Última actualización: 13 de septiembre de 2012
Imagen: Sergei Krassii

El declive de la memoria se puede ralentizar. Enlentecer la pérdida de esta función cognitiva es posible incluso en el caso de la enfermedad de Alzheimer, donde el deterioro de la memoria es el síntoma más evidente. Ésa es la buena noticia que la neuróloga Isabel Hernández ha apuntado en su charla «Cuando el cerebro deja de recordar», perteneciente al ciclo de conferencias Visiones de la Ciencia, celebrado en Barcelona. Aunque los milagros no existen, la memoria puede ejercitarse.

Hay un olvido sano y otro patológico. El olvido sano es aquel que «nos resguarda de recuerdos vergonzosos y dolorosos», según Isabel Hernández, responsable clínico de la Unidad de Diagnóstico de Trastorno Cognitivo y de la Conducta de la Fundación ACE. Pero este tipo de olvidos y la pérdida de memoria es algo muy diferente. Para mantener una buena función de la memoria es importante mantener tres hábitos: seguir una dieta sana y variada, hacer ejercicio físico y, por supuesto, ejercitar la memoria con una actividad mental que cada persona debe escoger en función de sus necesidades e inquietudes.

Por lo tanto, además de hacer gimnasia mental y mantener hábitos saludables, es crucial evitar ciertos enemigos de la función de la memoria. Entre ellos figuran el alcohol, que puede influir en el sistema nervioso y causar deterioro cognitivo. De hecho, existe una demencia provocada por el consumo de alcohol, denominada demencia alcohólica. También pueden ser perjudiciales para la memoria algunos fármacos ansiolíticos (benzodiacepinas como alprazolam o diazepam).

La demencia y la alteración de la memoria son factores de riesgo la depresión o el aislamiento social. Hay que mantenerse activo y sociable, ha destacado Hernández. Al envejecer, se deteriora el funcionamiento de la memoria, pero no la memoria en sí y, por lo tanto, se puede mejorar con estimulación cognitiva. La enfermedad de Alzheimer es una de las principales causas de pérdida de memoria, pero en sus fases iniciales (no en las moderadas o graves) es posible ralentizar este deterioro de la función, según ha explicado la experta.

Alzheimer y memoria

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa en la que se destruyen neuronas. El cerebro humano pesa alrededor de un kilo y medio. Pero en las fases terminales de esta patología, ese cerebro que se ha ido atrofiando, ya sólo pesa un kilo. El diagnóstico definitivo de la enfermedad actualmente sólo puede realizarse post-mortem puesto que es necesario analizar el tejido cerebral. Las lesiones cerebrales características que se observan y que se asocian a la desaparición de las neuronas son placas seniles, formadas por depósitos de la proteína beta-amiloide, y anillos neurofibrilares.

Gracias a fármacos y a estimulación cognitiva, con talleres de memoria y ejercicios, es posible enlentecer entre dos y tres años la pérdida de memoria

No obstante, se están realizando avances en el diagnóstico de esta enfermedad. Ya es posible estudiarla mediante técnicas de neuroimagen, aunque son muy caras y por el momento sólo se están empleando en investigaciones experimentales. El Alzheimer es la demencia senil más frecuente, pero también puede presentarse en etapas jóvenes de la vida. De hecho, Alois Alzheimer describió el primer caso hace cien años, en 1907, en una paciente joven. La pérdida de memoria es uno de los síntomas distintivos de esta enfermedad, a diferencia de otras demencias, que se caracterizan por otros síntomas.

Señales de alarma

En la enfermedad de Alzheimer se puede recordar bien el pasado lejano, pero no los sucesos recientes. Que un anciano explique hechos del pasado una y otra vez, sus batallitas, es un ejercicio sano. Pero que una persona pregunte «¿qué día es hoy?», reciba una respuesta, y al cabo de pocos segundos vuelva a preguntar lo mismo es una señal de alarma, según Hernández. Habitualmente, las personas con Alzheimer no consultan por sí mismas al médico, sino que son sus familiares, preocupados por sus problemas de memoria o por su conducta alterada, quienes lo hacen.

La enfermedad puede afectar a tareas de la vida diaria, como olvidar poner una lavadora, hacer la compra o el control del dinero. Una característica de estas personas es que tienen dificultades con las monedas pequeñas y para evitar confundirse comienzan a pagar con billetes de alto valor e, incluso, con la tarjeta de crédito, lo que puede suponer un fuerte golpe para sus finanzas. Identifican mejor los billetes y, en cambio, tienden a acumular las monedas en el monedero.

Esta tendencia a acumular también se observa con las compras, ya que suelen adquirir las mismas cosas y almacenarlas. En cuanto a la desorientación típica de la enfermedad, Hernández explica que precozmente tienden a perder la orientación temporal, es decir, tienen dificultades para saber en qué día se encuentran, pero tardan algo más de tiempo en perder la orientación espacial.

Compensar la pérdida de memoria

Actualmente, no es posible restaurar la memoria perdida. Pero el declive de esta función se puede enlentecer entre dos y tres años, gracias a cuatro fármacos autorizados para tratar el Alzheimer y a la estimulación cognitiva. Cuando nace, el ser humano tiene unos cien mil millones de neuronas. Las que se van perdiendo a lo largo de la vida ya no se recuperan. Pero gracias a la estimulación cognitiva, mediante talleres de memoria y ejercicios, como los que realiza la Fundación ACE, es posible crear nuevas conexiones neuronales, lo que se conoce como plasticidad neuronal.

Esta estrategia combinada con la terapia farmacológica permite retardar los efectos del Alzheimer. Asimismo, se proporciona a las personas afectadas una serie de prótesis para que puedan desenvolverse con la mayor autonomía posible en su vida diaria. Entre ellas figuran agendas, listas recordatorias, avisos y recordatorios (tipo post-it) que se les colocan en distintos lugares.

Pero lo más importante de todo es diseñar específicamente para ellas una rutina diaria, con unos horarios y actividades muy bien establecidas, sin improvisaciones, a fin de que puedan saber más fácilmente qué les toca hacer en cada momento y favorecer su socialización. La planificación rutinaria de la vida diaria es esencial porque, aunque se le dé a la persona una agenda como ayuda, no es seguro que se acuerde de mirarla. En cambio, si se le crea una rutina diaria, según la cual debe consultarla a una hora determinada, es más probable que la utilice, según la neuróloga.

EL APRENDIZAJE PROTEGE

El Journal of Neuroscience ha publicado este año una prueba científica según la cual el aprendizaje retrasa la formación de las lesiones cerebrales típicas del Alzheimer. El experimento, realizado por investigadores de Neurobiología y Conducta, de la Universidad de California y del Centro Médico Montefiore, de Nueva York (EEUU), se llevó a cabo en ratones transgénicos (modificados genéticamente para desarrollar Alzheimer). La prueba consistía en dejarlos en un tanque de agua del que no podían salir a menos que descubrieran una plataforma en la que podían hacer pie y descansar.

Un grupo de animales fue entrenado cuatro veces al día durante una semana. Mientras que al grupo control sólo se les permitió nadar una vez antes de examinar sus facultades mentales y su cerebro. El resultado fue claro: los animales del primer grupo fueron capaces de recordar más fácilmente dónde estaba la plataforma de descanso y su cerebro tenía menos lesiones que los del segundo. El estudio sugiere que el aprendizaje y las actividades mentales (como la lectura o hacer crucigramas en el caso de los humanos) ejercerían un efecto protector para evitar el Alzheimer.




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