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Menores extranjeros no acompañados

Las ONG denuncian las dificultades que se ponen a su regularización y aseguran que las repatriaciones no se realizan con todas las garantías

Imagen: Faraz Usmani

Es difícil calcular cuántos menores inmigrantes no acompañados residen en España. Las Organizaciones No Gubernamentales hablan de algo más de 3.800, pero las cifras deben tratarse con tacto. La movilidad geográfica es una característica habitual de este sector que por miedo a la expulsión se desplaza de una provincia a otra y llega a identificarse con varios nombres para despistar y evitar la repatriación. Es una manera de ganar tiempo. La Administración cuenta con un plazo de nueve meses para regularizar la situación de los menores no acompañados y concederles el permiso de residencia o devolverles con sus familias. Sin embargo, en la práctica, muchas asociaciones denuncian las dificultades que se ponen a la regularización y las condiciones en las que se lleva a cabo la repatriación, "generalmente de noche y sin dar tiempo para avisar a las familias".

Principales características

Los menores extranjeros no acompañados son los que aún no han cumplido 18 años y se encuentran, generalmente en un país que no es el suyo, separados de ambos padres. Se calcula que en España hay algo más de 3.800 menores en esta situación, "aunque es difícil obtener datos oficiales", según explica la responsable del programa de menores extranjeros no acompañados de Save the Children , Almudena Escorial. "Estos menores tienen mucha movilidad; pueden llegar a un centro de protección, inscribirse con un nombre, y después ir a otro centro y dar otro nombre", aclara. Su llegada a la península y, cada vez más a las islas, se produce durante todo el año, aunque es en verano cuando las cifras se incrementan debido al buen tiempo y la entrada de un mayor número de pateras. No obstante, su modo más frecuente de llegar a España se produce a través del puerto de Tánger, donde aprovechan para esconderse en los bajos de los camiones y cruzar así la frontera. "También pueden llegar acompañados de una persona adulta que, en teoría, se responsabiliza de ellos, pero al llegar a la península cada uno sigue su camino", apunta Escorial.

"Son chavales que no vienen por gusto ni de excursión, sino en busca de unas condiciones de vida dignas, de un futuro"

España es uno de los países con mayor número de menores extranjeros no acompañados. La mayoría son chicos marroquíes entre 14 y 17 años, con distintos perfiles sociales. Un informe de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía sobre la situación familiar de origen de los menores que emigran desde Marruecos a España (de junio de 2006) detalla que el 40% de los "candidatos a la emigración" son menores que tienen dificultades en su escolarización y una primera experiencia de trabajo. Son jóvenes que viven en un ambiente familiar estable, pero con dificultades económicas. El colectivo con menos posibilidades de salir del país es el que está compuesto por menores escolarizados cuya familia cubre las necesidades básicas (10%), seguido de quienes "han hecho de la calle su modo de vida" (15%). Este último dato, según la asociación, pone de manifiesto que no son los menores -a priori más problemáticos- quienes emigran principalmente a España, como nos lo presentan los discursos catastrofistas de los medios de comunicación y de las autoridades públicas.

En cuanto al lugar de origen, además de Marruecos, otros puntos importantes son países del África Subsahariana y, en menor medida, de Europa del Este. La mayoría huye de la pobreza y la marginación de su país, con el objetivo de encontrar un empleo que les permita ayudar económicamente a sus familias. Una vez en su destino, recurren a sus compatriotas para encontrar alojamiento y un modo de buscarse la vida. No tienen miedo a la movilidad geográfica y son, en palabras de Paloma Hermoso, técnico de Infancia en dificultad y coordinadora de programas de menores inmigrantes no acompañados del departamento de Intervención Social de Cruz Roja Española, "como bandadas de peces, que se van moviendo por las provincias españolas intentando estabilizarse en alguna de ellas". "Son chavales que no vienen por gusto ni de excursión, sino en busca de unas condiciones de vida dignas, de un futuro", añade. De hecho, en su mayoría son menores que no cuentan con el apoyo expreso de la familia, sólo con un apoyo tácito de sus padres, según revela el informe de la APDHA, "que se sienten impotentes ante las pocas perspectivas de futuro que se ofrecen a sus hijos".

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