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Los desplazados y apátridas

En el mundo hay 10 millones de personas refugiadas y casi 25 millones de desplazados que no reciben protección ni asistencia

Imagen: E. Zarwan

Están perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, grupo social u opiniones políticas y huyen a lugares del entorno en los que creen que pueden encontrar ayuda. Son las personas refugiadas que buscan asilo fuera de su país. El pasado año casi 10 millones de personas se encontraban en esta situación bajo el mandato del ACNUR y otros 24,5 millones vagaban como desplazados internos. El conflicto de Irak ha agravado una situación de por sí dramática y ha revelado la crisis del derecho de asilo: cada vez hay menos solicitudes y cada vez se conceden menos estatutos de refugiado. De las 5.297 peticiones que se registraron en España el pasado año, sólo se dio el visto bueno a 168. Los organismos internacionales apelan a la responsabilidad de los países firmantes de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Sin embargo, las fronteras se cierran cada vez más ante una sensación de avalancha que no se corresponde con la realidad.

Aumento de personas refugiadas

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 considera como tal a las personas que sufren una persecución por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas. Como consecuencia de esta situación, las personas refugiadas se encuentran fuera del país de su nacionalidad y no pueden, o no quieren, acogerse a la protección de éste. Ni siquiera desean regresar a él por temor a represalias. En su lugar, huyen a los países del entorno para solicitar asilo o se ven abocadas a una situación de ilegalidad obligada porque nadie les concede ese derecho. Según datos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el número de refugiados bajo el mandato de esta agencia aumentó el pasado año por primera vez desde 2002. En concreto, esta cifra se incrementó un 14% hasta alcanzar casi los 10 millones. El conflicto de Irak está en el origen de esta subida, ya que el país cuenta con dos millones de desplazados internos y otros dos millones de personas fuera, en su mayoría, acogidas por Siria y Jordania. "El panorama no es muy alentador. Sigue habiendo conflictos, intolerancia y violencia que provocan el desarraigo de millones de personas en todo el mundo", lamenta la responsable de Relaciones Externas de la delegación en España del ACNUR, María Jesús Vega Pascual.

"Cada vez hay menos refugiados en Europa y cada vez se van recibiendo menos solicitudes"

Por nacionalidades, el mayor grupo de personas refugiadas bajo el mandato del ACNUR el pasado año fue el de los afganos (2,1 millones), seguido por iraquíes (1,5 millones), sudaneses (686.000), somalíes (460.000) y refugiados de la República Democrática del Congo (400.000) y Burundi (400.000). También aumentó considerablemente el número de desplazados internos por conflictos como los de Líbano, Sudán, Sri Lanka o Timor Leste. Según el Centro de Monitoreo de Desplazados Internos del Consejo Noruego de Refugiados, a finales de 2006, el número de desplazados internos en todo el mundo era de 24,5 millones. Todas ellas son personas que no tienen acceso a un sistema de protección ni de asistencia porque no cuentan con un organismo oficial que las proteja y las ONG no siempre pueden llegar hasta lugares remotos para prestarles ayuda. El dato es alarmante: las personas apátridas, aquellas que no poseen ninguna nacionalidad, llegaron hasta los 5,8 millones.

Para Virginia Álvarez, responsable de Relaciones institucionales y Política interior de Amnistía Internacional, lo más preocupante es que, a pesar de estas cifras, "las políticas de países europeos y de Estados Unidos están negando esta realidad, registrándose un descenso del número de refugiados que son reconocidos como tales". Asegura que hay instrumentos suficientes para garantizar la protección de las personas refugiadas, pero que falta voluntad por parte de los Estados para aplicarlos. De hecho, recuerda que la Convención de 1951 fue firmada y ratificada por España, así como por países del entorno europeo, pero que estos recurren a políticas centradas únicamente en el control y obvian que existe una obligación de facilitar este tipo de mecanismos. "Esto se traduce en que cada vez hay menos refugiados en Europa y cada vez se van recibiendo menos solicitudes", precisa.

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