Huir para salvarse
El campamento de Yarmouk antes del conflicto era un lugar vibrante, lleno de vida comunitaria, charlas y risas callejeras, ocio y negocios locales. Albergaba la mayor comunidad de personas refugiadas de Palestina en Siria, alrededor de 160.000. Pero, con la violencia, todo desapareció y la destrucción lo arrasó. En este contexto, la realidad de Walaa se convirtió en un infierno y, en 2014, no tuvo más opción que abandonar su hogar junto a sus dos hijas.
Tras huir aterrorizada y sin apenas pertenencias, alquiló una casa pequeña cerca de la zona, pero la tranquilidad no llegó; todo lo contrario. Al poco tiempo recibió la noticia de que su marido había fallecido, lo que agravó los traumas tras el desplazamiento. Sola, sin ingresos estables y ni posibilidades de encontrar un empleo, se enfrentó a incontables desafíos en su día para proteger y sacar adelante a sus hijas.
Sentimientos encontrados al regreso
En 2021, regresó a Yarmouk porque no podía hacer frente a un alquiler. Por una parte, sentía un dolor inmenso al contemplar las ruinas de su hogar y, por otra, sentía cierta alegría por volver a un lugar lleno de buenos recuerdos. “Hemos vuelto a casa, a nuestro campamento”, les dijo a sus hijas emocionada.

Con determinación, limpió y comenzó a rehabilitar una pequeña habitación de la casa dañada para hacerla habitable. Para ella y sus hijas, no era mucho, pero lo sentían su hogar. Juntas pudieron construir cierta normalidad, alivio y rutina, aunque los problemas económicos no habían desaparecido.
Tras la vuelta pidió ayuda a UNRWA y durante mucho tiempo dependieron por completo de la asistencia alimentaria y económica de la Agencia. También recibieron servicios esenciales, como atención sanitaria, y las dos hijas acudieron a la escuela al-Majdal, rehabilitada por UNRWA y donde iban otros niños y niñas refugiados de Palestina que también habían vuelto al campamento. “Sin los servicios de UNRWA, la vida de innumerables familias, incluida la mía, habría sido insoportable”, asegura Walaa.
Programa de reparación de viviendas
La familia también pasó a participar en el programa de reparación de viviendas de UNRWA en el campamento. “Ahora tengo la esperanza de que mis hijas tengan más espacio, más calidad y dignidad de vida. La ayuda de la Agencia no trata solo de reparar hogares, sino de reconstruir vidas enteras”, reconoce.
Además, familias como la de Walaa se están beneficiando de otros trabajos y proyectos de UNRWA dentro de Yarmouk. Los equipos de la Agencia han rehabilitado numerosos espacios públicos, como un centro de salud o un parque infantil. El objetivo es hacer que vuelva a ser un lugar habitable y las familias refugiadas de Palestina puedan vivir con dignidad y estabilidad.

Apoyo a más de 400.000 personas refugiadas
En total, UNRWA apoya a 418.000 personas refugiadas de Palestina en Siria, con atención especial a las familias que se han visto obligadas a volver a las ruinas del campamento de Yarmouk y que se enfrentan a una situación de máxima vulnerabilidad. “Cada refugiado tiene una historia, un sueño, un anhelo de volver a casa, pero no podemos hacerlo solos. Necesitamos a UNRWA y ésta, el apoyo del mundo”, afirma Walaa.
Ella ha conseguido reconstruir su vida junto a sus dos hijas gracias a su determinación. En mitad del infierno que atravesó, siempre tuvo claro quiénes eran, cuál era su historia y cómo querían que continuara. “Una persona refugiada no es solo alguien que ha abandonado su hogar, sino una persona que lleva un hogar en el corazón, recuerdos en los ojos y una esperanza que nunca se quiebra, a pesar de todo lo que ha perdido”, manifiesta.


