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Metered data: el fin de las tarifas planas

El creciente acceso móvil a Internet y el aumento de las aplicaciones web preocupan a las operadoras, que piden volver al pago por consumo de datos

Imagen: Juan Pablo Olmo

Una de las premisas de la futura tecnología 4G es que tanto la voz como los datos circularán en la telefonía móvil por el protocolo de Internet. De ello se infiere que las operadoras dejarán de cobrar las llamadas por minutos y puede que, incluso, las revendan a servicios como Skype, especialistas en VoIP. La factura del teléfono contabilizará megabits consumidos en lugar de tiempo de llamada. Ahora bien, ¿significa esto que el usuario mantendrá la contratación de una tarifa plana mensual y no pagará nada más? No está nada claro que sea así. Las preferencias de las operadoras apuntan a que se pagará por datos consumidos. Es lo que se conoce en el argot de las telecomunicaciones como "metered data bill" (factura por dato consumido). La razón: aducen que un 1% de los usuarios consumen el 25% del ancho de banda total y colapsan las redes en detrimento del resto de usuarios. Los proveedores de acceso por cable y ADSL también estudian aplicar métodos similares.

Un futuro muy caro

Puede que sea cierto que una categoría de usuarios denominados "heavy users" (usuarios intensivos) "abusen" del ancho de banda comunitario para descargarse todo tipo de archivos, desde películas a música y videojuegos. Pero puede también que sea una información interesada, ya que las empresas repiten una y otra vez el mismo aserto desde hace más de un lustro. Es un dato difícil de comprobar, puesto que implicaría entrar en las comunicaciones privadas de las personas para estudiar quién se baja más o menos archivos, algo del todo ilegal.

Pero con independencia de que haya "abusos" por parte de unos pocos, es innegable que las operadoras de móviles están ante un escenario futuro complicado. Por un lado, el desarrollo de las nuevas tecnologías, y sobre todo en base web, les exige un creciente esfuerzo para proporcionar el ancho de banda suficiente a los usuarios, de modo que disfruten con plenitud de las innumerables aplicaciones y servicios que se desarrollan cada día. Esto supone inversiones millonarias para el despliegue de nuevas antenas acordes con tecnologías como 3,5G, HSDPA o la incipiente 4G.

Lo último que quieren las operadoras de referencia es ser impopulares y perder clientes, pero tampoco tienen claro de dónde sacarán el dinero para seguir el ritmo de la innovación

Estas inversiones aseguran un ancho de banda móvil suficiente para los nuevos mercados tanto de vídeo y música en streaming, como de aplicaciones para los móviles inteligentes ("smartphones") y videojuegos. Esto es: si las operadoras no invierten en infraestructuras, la economía basada en el comercio desde el móvil no despegará. Las presiones son importantes en un momento en el que numerosas industrias, como las culturales y de ocio intentan adaptarse a los nuevos tiempos mientras sus ventas caen de manera estrepitosa.

Por otro lado, la incorporación al mercado de nuevos agentes como los operadores móviles virtuales, con costes a la baja, y las regulaciones de precios que imponen organismos oficiales como la Comisión para el Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) les impiden subir las tarifas, cuando no les obligan a abaratarlas. En resumen, lo último que quieren las operadoras de referencia (Telefónica Móviles, Vodafone, Orange, T-Mobile, AT&T, Verizon, etc.) es ser impopulares y sufrir una sangría de usuarios hacia otras compañías, pero tampoco tienen claro de dónde sacarán el dinero para seguir el ritmo de innovación que les exigen los usuarios y el mercado.

En esto llegó LTE

Para complicar el panorama, los organismos reguladores y los fabricantes de móviles tomaron hace año y medio la decisión de adoptar la tecnología LTE como estándar 4G. LTE proporcionará un importante ancho de banda, pero también implica la conexión permanente a la Red (ahora el usuario se conecta cada vez que quiere acceder a un dato) y que la voz en el móvil pase a procesarse por el protocolo de Internet, VoIP.

De este modo, se abrirá la puerta a que servicios como Skype o Google Voice se instalen en el teléfono y permitan llamar a precios más bajos que los fijados por las operadoras. En determinados teléfonos que usan el sistema operativo Android, como algunos Nokia, e incluso los modelos que corren sobre iPhone OS, ya se pueden utilizar estas aplicaciones en mayor o menor media. Pero el consumo de datos es elevado y el ancho de banda es todavía pequeño, con lo que hay peligro de exceder los límites contratados en la tarifa plana de datos. Si sucediera esto, las llamadas serían demasiado caras.

Con LTE se abrirá la puerta a que servicios como Skype o Google Voice se instalen en el teléfono y permitan llamar a precios más bajos

Con LTE, estos inconvenientes terminarán y los operadores perderán el control sobre los servicios de llamadas. Es muy probable que desaparezcan de las facturas los costes de llamada por minuto y se sustituyan por otros ratios. ¿Cuáles? Es aquí donde se sitúa en la actualidad el debate, ya que las llamadas deberían formar parte de las tarifas planas de datos que se aplican ahora a los "smartphones".

Las operadoras temen que al perder el control sobre el consumo de voz su negocio se desvirtúe y se conviertan en simples proveedores de acceso, obligados a aumentar el ancho de banda y, a la vez, a bajar los precios. También ven con recelo los consumos de ancho de banda móvil crecientes que ya se registran (no sólo desde móviles, sino también desde ultraportátiles y tabletas, lectores de libros electrónicos y "smartbooks") y los negocios que diversas empresas hacen en el espacio que ellos han habilitado.

En febrero pasado en Barcelona, durante el World Mobile Congress, las principales operadoras mundiales anunciaron que crearían una plataforma conjunta de aplicaciones para móviles con el fin de competir con empresas como Apple, Google o RIM, el fabricante de las Blackberry. La intención es obtener beneficios de un mercado que está en continuo crecimiento para compensar las inversiones que deben hacer en infraestructuras. Sin embargo, la casi totalidad de los analistas se muestran escépticos sobre la rentabilidad de la iniciativa, dada la gran cantidad de sistemas operativos que hay y para los que habría que crear una versión de cada aplicación.

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