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El carril bici del Danubio

Su trazado, perfectamente señalizado, es en la mayoría de los kilómetros una pista llana apta para todo tipo de cicloturistas

  • Autor: Por ROSA CUEVAS
  • Fecha de publicación: 2 de abril de 2009

Atravesar el corazón de Europa

Imagen: megan ann

El bello Danubio, azul o no, no sólo es una pieza clásica de Strauss mundialmente conocida, auténtico "hit" en todo baile nupcial que se precie, sino que además es un verdadero paraíso para los amantes de la bicicleta. Cerca de 1.000 kilómetros de carril bici que discurren paralelos al segundo río más largo del continente europeo, sólo superado por el ruso Volga, y que atraviesan el corazón de Europa Central: Alemania, Austria, Eslovaquia y Hungría. Su trazado, perfectamente señalizado, es en la mayoría de los kilómetros una pista llana apta para todo tipo de cicloturistas, desde los principiantes hasta los más experimentados. De hecho, se puede comprobar "in situ" la diversidad de viajeros que pueblan el carril bici del Danubio: familias con niños pequeños, viajes organizados para jubilados, aventureros de paso, o turistas con ganas de viajar de una forma diferente. Porque el principal atractivo de esta propuesta de viaje es la combinación perfecta que existe entre la belleza de sus paisajes con los excelentes servicios que proporciona a los cicloturistas, a lo que se suma la ausencia "casi" total de tráfico de vehículos.

Preparativos del viaje

El carril bici del Danubio no es precisamente uno de esos destinos archiconocidos para el turista de a pie por lo que la información que hay sobre él escasea, y la que existe tiene el problema añadido de estar en alemán o en inglés. De cualquier modo, vale la pena solventar el obstáculo y bucear por Internet en busca de blogs en castellano en los que los propios viajeros relatan las crónicas de su viaje. A modo orientativo, existen dos páginas web oficiales que recogen información muy útil: la del Donau-Radweg Service, disponible en alemán, inglés y francés, y la de Raderlebnis Donau~Moldau únicamente en alemán. En cualquiera de las dos se pueden encontrar recorridos, propuestas de viaje, información sobre alojamientos y la ubicación de distintas oficinas de turismo, de especial utilidad para reservar el alojamiento o para pedir planos del camino.

La forma más económica de facturar la bici en el avión es embalarla en una caja de cartón, igual que las que se emplean cuando la bici sale de fábrica

Además de recabar información sobre el carril, antes de lanzarse a la aventura del Danubio el viajero debe decidir si le acompañará su bicicleta o si, por el contrario, alquilará una en las numerosas tiendas que a tal efecto pueblan las orillas del Danubio. Ambas opciones tienen sus ventajas y sus inconvenientes.

Bici alquilada o propia

Iniciar el viaje con nuestra bicicleta supone que ésta debe ser facturada para viajar en avión. Para ello, la forma más económica de hacerlo es embalarla en una caja de cartón, igual que las que se emplean cuando las bicis salen de fábrica, y que se pueden conseguir en tiendas de bicicletas o en grandes superficies. Incluso hay algunas aerolíneas que ponen a disposición de los viajeros este tipo de cajas para transportar material deportivo, previo pago de una tasa. En función del tamaño de la bici y de la caja será necesario desmontar alguno de los componentes de la bicicleta que serán puestos en su lugar una vez que se llegue al destino. Conviene ponerse en contacto con la compañía aérea para conocer cuánto costará facturar la bicicleta y para confirmar si disponen de cajas propias de embalaje.

La tarifa media para alquilar una bicicleta ronda los 12 euros diarios

El mayor contratiempo que puede surgir es que, al igual que sucede en ocasiones con las maletas, las bicicletas se extravíen y lleguen con retraso. Por desgracia, no hay ninguna fórmula especial para evitar esta situación excepto confiar en el buen hacer de la compañía aérea. No obstante, viajar acompañado de tu propia bicicleta aporta varios beneficios: es una "máquina" con la que el viajero está familiarizado y cuyo dominio es mayor que el que se puede tener sobre una alquilada. Además, supone un importante ahorro económico pues no hay que desembolsar dinero por el alquiler de una bici. La tarifa media de alquiler ronda los 12 euros diarios, aunque suele haber precios especiales algo más bajos si la bici se alquila para una o dos semanas.

Sin embargo, alquilar una bici en alguno de los puntos del carril bici del Danubio proporciona cierta libertad que no tiene precio. Para empezar, el viaje en avión se hace algo menos complicado, no hay por qué preocuparse sobre si la bici llegará o si lo hará en buen estado. El sistema de alquiler es muy práctico ya que es posible alquilar la bici en cualquiera de las tiendas con la posibilidad de entregarla en otro punto del trayecto.

UN OASIS PARA EL CICLOTURISTA

Uno de los mayores peligros de viajar en bicicleta es sin duda la falta de respeto que algunos conductores muestran hacia los cicloturistas. Nada que ver con la cordial convivencia entre bicis y coches que se vive en países como Alemania, Austria o Hungría. Y el carril bici del Danubio es un perfecto ejemplo de ello. Está bien señalizado con unos carteles en los que se lee: Donauradweg (carril bici del Danubio, en alemán) y que van indicando el trazado. La mayor parte de su recorrido se circula por una pista única para bicis o, en su defecto, por caminos vecinales con apenas tráfico de vehículos. Y no sólo eso. A lo largo de toda la vía, el viajero tiene a su disposición tiendas que alquilan bicis, talleres que las reparan o comercios donde se vende material y recambios para las bicicletas.

Además, la red de alojamientos es amplia y diversa. Desde "zimmers" (habitaciones en casas rurales en las que por 20 euros se puede pasar la noche y desayunar) y hostales o "gasthof", hasta albergues juveniles u hoteles en las poblaciones más grandes, con mayor presencia en las tres capitales europeas en las que el carril hace escala: Viena, Bratislava y Budapest. Su trazado, llano y nada exigente, permite que el viajero tan sólo se tenga que preocupar por contemplar los bellos paisajes del corazón de la vieja Europa. ¿Se puede pedir más?

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