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La altura de las viviendas tiene un efecto claro sobre el precio de un piso, que sube a partir de la tercera o cuarta planta
- Imagen: Araceli Pulido -
Un primero es muy sucio y soporta muchos ruidos... ¿El sexto? Si se estropea el ascensor, imposible subir con niños o cargados con la compra, por no hablar del peligro que supone para la vivienda las goteras del tejado. No es lo mismo vivir en un primero que en un octavo piso, disponer de un patio interior propio o tener que convivir con el ruido de la máquina del ascensor. Aunque todas las opciones presentan ventajas e inconvenientes, y tienen detractores y defensores a ultranza, los datos señalan que la tendencia general es considerar que cuanto más alto es el piso, mayor es la calidad de vida. Por esta razón, generalmente, la altura -junto al estado de conservación- se ha convertido en uno de los factores clave a la hora de establecer el precio de una vivienda, que -según algunos expertos- puede ser 100.000 euros más barata en un bajo que en un ático del mismo inmueble.
Los carteles que llenan las cristaleras de las inmobiliarias ofreciendo pisos en venta incorporan cuatro o cinco datos por vivienda, y uno de ellos siempre es la altura. Junto a la cantidad de metros cuadrados, el número de habitaciones y la existencia o no de terraza, párking o ascensor, la altura es uno de los elementos relevantes que, en muchos casos, actúa como factor clave a la hora de inclinar la balanza hacia uno u otro extremo. A pesar de que no existe una cuantificación clara y real sobre el aumento del valor económico por planta en igualdad de metros cuadrados, los expertos inmobiliarios señalan que la altura tiene un efecto claro sobre el precio, que sube generalmente a partir de la tercera o cuarta planta.
Aunque por regla general la altura encarece los pisos, en ciudades como Sevilla y Valencia actúa como reductor del precio
Dicho efecto, sin embargo, varía a lo largo y ancho de la geografía nacional. Así, según el quinto "Informe sobre el Mercado de la Vivienda" elaborado por la inmobiliaria Tecnocasa con datos de 2006 y 2007, los gustos difieren en las distintas comunidades autónomas. En ciudades como Zaragoza, Málaga o Alicante, que una vivienda se encuentre en la tercera o la séptima planta no es un elemento relevante a la hora de fijar su precio. Y mientras en grandes ciudades como Barcelona, Madrid y Bilbao, o en Valladolid, la altura marca de manera significativa el aumento del coste de los pisos, en otras como Sevilla y Valencia actúa como "reductor" del precio de las viviendas. Otro dato curioso que incluye el citado informe es que, excepto en Málaga, la existencia de ascensor suele encarecer el metro cuadrado.
Semisótanos, bajos, e incluso antiguos locales rehabilitados como vivienda. Cualquier espacio es bueno para vivir, y no son pocos los defensores de ocupar la planta más baja de un edificio. A la considerable ventaja de un precio generalmente menor por la misma cantidad de metros cuadrados (o incluso mayor, ya que muchos incluyen patio interior propio), vivir en un bajo es cómodo, ya que evita tener que subir escaleras, un aspecto básico para las personas mayores o las que tienen una movilidad reducida. Además, en caso de irse la luz o estropearse el ascensor, no hay que subir andando varios pisos para poder llegar a casa.
Pero tampoco puede obviarse que estas viviendas cuentan con varios inconvenientes, ya que cuanto más bajo es un piso, más acusa el ruido de la calle (aunque este problema se puede solucionar con un buen sistema aislante), además de estar más expuestos a los robos. Ello sin contar con la luz y las vistas; éstas suelen ser más limitadas que en los pisos más altos. En cuanto a la iluminación, suele ser peor cuanto más bajo es el piso, con lo que, habitualmente, los pisos más bajos -hasta la tercera o cuarta planta- son viviendas más oscuras y tienen más necesidad de luz artificial.
Aunque según los expertos la mayoría de españoles prefiere vivir en un piso alto, esta opción también tiene sus contrapartidas. Aparte del curioso dato revelado por un estudio del servicio de Alergología del Hospital Río Ortega de Valladolid, según el cual las personas que viven en pisos altos tienen un mayor riesgo de padecer alergia al polen que las que viven en pisos bajos, vivir en las alturas presenta otros inconvenientes. Entre ellos (el que más parece pesar en el ánimo de los clientes para no comprar un piso alto), la molestia de tener que subir y bajar por las escaleras en caso de que el ascensor sufra una avería.
Pero, además, se trata de viviendas más difíciles de evacuar en caso de emergencia; los edificios altos soportan peor el viento, con lo que a más altura, se producirán mayores oscilaciones horizontales... sin contar con que se sufren los ruidos de más vecinos que quienes habitan en los pisos bajos (pues se padecen los que provocan los de arriba, y los que provienen de las viviendas de abajo).
En el caso de los pisos más altos del edificio, los áticos, suele haber goteras o humedades, ya que son las zonas de la finca expuestas más directamente a las inclemencias del tiempo. También en el caso de los áticos, se suele tener el cuarto de ascensores al lado, ya que la maquinaria tiende a estar arriba, lo que genera un ruido constante.
Luz, mejores vistas, menos ruidos... Las ventajas de vivir en un piso alto son, sin embargo, más valoradas por los compradores. Estas características son las que provocan que, en términos generales, los precios sean más altos en las viviendas que se sitúan por encima del tercer o cuarto piso. Así, quien ocupa un piso alto sufre menos la contaminación acústica de la calle, y dispone de una mejor ventilación. Pero, sobre todo, cuanto más alto es un piso dispone de mejores vistas y la luz solar llega con más facilidad, por lo que es menor la necesidad de utilizar luz artificial.
Vivir en un piso exterior con mucha luz natural es uno de los factores más valorados por la mayoría de compradores, característica que suele encontrarse con más frecuencia en los pisos más altos. Pero, además de la altura, y dependiendo de los gustos, necesidades, presupuesto y capacidad de endeudamiento de cada individuo, existen otros factores que condicionan, y en muchos casos determinan, la elección de una casa:
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