Alimentos funcionales contra Alzheimer y trastornos cardiovasculares

Los expertos atribuyen al colesterol un papel determinante en la aparición y formación de depósitos de beta amiloide, proteína característica del Alzheimer
Por Mercè Fernández 13 de junio de 2006

Un grupo de universidades y empresas españolas trabajarán en un proyecto, que cuenta con un presupuesto de 21 millones de euros y tiene una duración de cuatro años, para diseñar alimentos que reduzcan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y Alzheimer, así como para mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y de sus familiares. El proyecto, liderado por la empresa La Morella Nuts, cuenta con la participación de otras siete empresas y seis departamentos de cuatro universidades y un centro tecnológico: Complutense de Madrid, Autónoma de Barcelona, de Lleida, Rovira i Virgili y el Instituto de Investigación y Tecnologías Alimentarias (IRTA).

Los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares son bien conocidos. Entre los más importantes se encuentran el colesterol, la hipertensión y la obesidad. Evitar esos factores ayuda sin duda a prevenir los trastornos cardiovasculares. Pero ¿se puede prevenir también la enfermedad de Alzheimer? «Se sabe que el colesterol es un factor de riesgo», explica Mercè Unzeta, profesora del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UAB y coordinadora de la parte de la investigación médica en el proyecto. «El colesterol interviene en la aparición y formación de depósitos de beta amiloide características del Alzheimer y que hacen que las neuronas pierdan su funcionalidad».

Es verdad que en el desarrollo de esta enfermedad hay un factor genético determinante que no puede evitarse, y que la enfermedad aparece con el envejecimiento -en una población con mayor esperanza de vida, la incidencia de la enfermedad aumenta. Sin embargo, los investigadores creen que si se reduce diariamente el colesterol se puede retardar la aparición de la enfermedad. «Y quizás se pueda retardar tanto que al final no aparezca o aparezca muy al final de la vida de la persona», afirma Unzeta.

Los responsables del proyecto explican que se trata de una iniciativa «que generará nuevas metodologías productivas», el diseño y validación de los nuevos alimentos, y que «permitirá la aparición de nuevos productos en el mercado». Entre los alimentos funcionales que se esperan desarrollar estarán los que incorporen antioxidantes y los que ayuden a reducir el colesterol. «Cuando la gente es mayor, el estrés oxidativo es más elevado y la capacidad de luchar del metabolismo es menor». Se incorporaran compuestos biológicamente activos beneficiosos (minerales, vitaminas, ácidos grasos o fibra alimentaria), tanto en alimentos naturales como en alimentos manipulados.

De cualquier forma, los resultados no se verán en ninguna publicación científica sino en las estanterías de las tiendas. La razón es que el proyecto forma parte del programa CENIT (Consorcios Estratégicos Nacionales en Investigación Técnica), iniciativa del Ministerio de Industria español con el que se pretende acercar la colaboración entre los centros de investigación y las empresas. Los proyectos están liderados y cofinanciados por las empresas y el objetivo final es que la investigación se traduzca en un producto que llegue al mercado. De ahí que los resultados están sujetos al secreto industrial y que los resultados sean propiedad de las empresas.

La importancia de la dieta

Si se reduce diariamente el colesterol se puede retardar la aparición de la enfermedad de Alzheimer, y quizás se pueda retardar tanto que al final no aparezca

La influencia de la dieta en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares es incuestionable. En EEUU se ha visto cómo una muy elevada tasa de obesidad ha dado lugar a una también muy alta incidencia de enfermedades cardiovasculares. En cambio, son más recientes y menos obvias las evidencias de su papel en el desarrollo de demencias. Se cree, por ejemplo, que la falta de algunos micronutrientes, como por ejemplo la vitamina E, podrían estar en relación con el desarrollo de Alzheimer. La vitamina B (folatos y vitamina B12 y B6) serían protectores. Pero no todos los micronutrientes serían protectores. Se cree que la alta afinidad de la proteína amiloide hacia los metales (hierro, aluminio y zinc) podría favorecer la formación de depósitos de beta-amiloide. El colesterol y el sobrepeso se consideran también factores de riesgo.

Un trabajo reciente en esa línea fue el realizado por un equipo de la Universidad de Logan (Utah, EEUU), que monitorizó durante 18 años a un grupo de 392 mujeres. De entre ellas, aquellas que desarrollaron Alzheimer a la edad de 80 y tantos, la gran mayoría había tenido sobrepeso a los 70 y tantos. Para establecer esa correlación, midieron el índice de masa corporal. Las mujeres que desarrollaron demencia tenían un índice de 28 de media, bordeando la obesidad (el índice normal es de entre 18,5 y 25). Con cada punto adicional en el índice de masa corporal, explican los investigadores en el trabajo, «se incrementa el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer en un 36%».

Se calcula que la demencia senil, cuya forma más habitual es la enfermedad de Alzheimer, afecta a 18 millones de personas en todo el mundo. No hay cura y la posibilidad de resultar afectado por Alzheimer se incrementa rápidamente con la edad. Por otro lado, la incidencia de las enfermedades cardiovasculares las ha llevado a ser la primera causa de mortalidad a nivel mundial, con más de 17 millones de muertes anuales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La misma organización alerta de la creciente obesidad y sobrepeso en todo el mundo: hasta 1.000 millones de personas con sobrepeso en 2005, cifra que, de seguir la tendencia, subirá a 1.500 millones en 2015.

DIETA MEDITERRÁNEA Y PRECAUCIÓN

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La dieta mediterránea, con abundancia de fruta, vegetales, aceite de oliva y pescado, y poca carne y lácteos, podría reducir el riesgo de sufrir Alzheimer, según diversos trabajos. Se apunta que la dieta juega un papel en esta reducción, pero no está claro aún qué alimentos o sustancias resultarían claves. Se ha hablado de la importancia de los ácidos grasos del pescado azul, de las vitaminas E y B, de los antioxidantes…

Quizá no sea una sola cosa sino varias y un tipo de dieta. Eso es lo que se ha planteado Nikolaos Scarmeas, neurólogo de la Universidad de Columbia (Nueva York), que ha seguido la alimentación de más de 2.000 personas de Manhattan durante cuatro años. Todos los participantes del estudio de Scarmeas tenían unos 77 años. Cada 18 meses los participantes rellenaban un cuestionario sobre los alimentos que habían consumido y la frecuencia. En total, 262 de los participantes desarrollaron la enfermedad de Alzheimer.

El trabajo, que se ha publicado en la revista Annals of Neurology, revelaba que la tercera parte de los participantes que tenían una dieta más cercana a la mediterránea tenían entre un 40% menos riesgo de desarrollar Alzheimer que el resto. Para los autores, el resultado es una «pista» sobre los beneficios de la dieta mediterránea. Sin embargo, Nikolaos Scarmeas es cauto. «Es prematuro recomendar nada, ya que los hallazgos necesitan ser contrastados con otros estudios».

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