El tiempo enfermo

Si las olas de calor aumentan, el riesgo de enfermedades graves crecerá, sobre todo para las personas de edad avanzada y los sectores más pobres de los territorios urbanos
Por Jordi Montaner 14 de febrero de 2007

Que el clima afecta a la salud es una cuestión conocida. Sin embargo, todavía no es posible establecer todos los mecanismos asociados aunque si se sabe de las alteraciones que sufrirá la Tierra debido al cambio climático y de la posible influencia en la aparición de epidemias. Los científicos advierten de que aumento global de la temperatura traerá consecuencias nefastas, sobre todo y con toda su implicación, a las zonas agrícolas.

¿Se exagera en los malos augurios que tienen que ver con el cambio climático? Es posible, pero la evidencia científica anuncia oscuros nubarrones que no va a llover, precisamente, café en el campo…El mundo agrícola es el más comprometido y castigado por la sentencia que expertos internacionales reunidos en París acaban de consensuar. La atmósfera padece una fiebre relacionada con la mala gestión que los seres humanos han hecho de los recursos naturales. En los últimos cincuenta años, la humanidad se ha multiplicado por dos sin que la Tierra haya crecido. Somos, por tanto, demasiados… ¿Qué cabe esperar de un calentamiento progresivo de la atmósfera?

La relación del clima con la salud fue el punto de partida de un jugoso debate de médicos y científicos, el pasado enero en Barcelona, en el que Pau Amat (alergólogo), Rafael Bulbena (psiquiatra), Xavier Rodó (biólogo) y Jordi Sunyer (especialista en salud pública) reconocieron que las cosechas de muchas regiones meridionales van a verse arruinadas, lo que empeorará todavía más la geografía de la hambruna.

Sunyer recordó que la temperatura puede subir entre cuatro y siete grados a lo largo de este siglo en todo el territorio español, «suficiente como para que enfermedades tenidas siempre por tropicales, como la malaria, empiecen a ser un problema en pleno primer mundo». El hecho de que en EEUU exista un grado de cohesión social muy por debajo del umbral europeo, «según han puesto en evidencia algunos episodios como el huracán Katrina», llevó a Sunyer a predecir un mayor peligro epidémico de malaria en el sur de aquel país que en las regiones mediterráneas.

Amat reconoció que las alergias en su conjunto van a más, y Bulbena asumió que hay trastornos del estado del ánimo influenciados por la poca o mucha luminosidad atmosférica, así como por la temperatura ambiental. «Estadísticamente se identifican más casos, pero las neurociencias no han sido todavía capaces de explicar por qué mecanismos influye el clima en los trastornos mentales». Por su parte, Rodó criticó el tono apocalíptico que los medios de comunicación emplean para referirse al cambio climático. «El clima siempre ha estado en transformación y, aun cuando los cambios apuntados estén científicamente versados, se producirán a muy largo plazo y no hay motivo para tanto alarmismo».

El Niño ha demostrado que los efectos de un aumento en las olas de calor suelen verse exacerbados por una mayor humedad y contaminación del aire urbano

La OMS advierte

Para la Organización Mundial de la Salud está más que claro que si el clima enferma, nosotros enfermemos con él. Los efectos del cambio climático sobre la salud de las poblaciones, explica la OMS, pueden ser tanto directos (como un peor rendimiento de los cultivos en respuesta a temperaturas o precipitaciones desacostumbradas) como indirectos (daños causados por una mayor frecuencia de las inundaciones costeras). La buena salud de la población, dicen los expertos, depende cada vez más de que los sistemas ecológicos, físicos y socioeconómicos de la biosfera se mantengan estables y en correcto funcionamiento.

«El sistema climático mundial es parte integrante de los complejos procesos que mantienen la vida», suscribe la Organización en su comunicado oficial. El cambio climático global representa un nuevo reto para las actuales iniciativas encaminadas a proteger la salud humana, y son cada vez más las regiones que dan muestras de vulnerabilidad, susceptibilidad al deterioro, incapacidad para afrontar los efectos adversos del cambio climático, incluidos la variabilidad climática y los fenómenos extremos.

El Niño avisa

Los cambios estacionales en cuanto a olas de calor y frío extremas, las inundaciones y sequías más frecuentes, irán previsiblemente acompañados de modificaciones en cuanto a concentración de alergenos y contaminación atmosférica, que afectarán directamente a la salud de la población. Son aún pocas las pruebas científicas de que el cambio climático perjudique a la salud, debido a que la mayoría de los problemas de salud de los seres humanos dependen tanto del clima como del entorno socioeconómico y demográfico. Tal vez, lo más estudiado por los científicos hasta hoy sea el impacto para la salud de la variabilidad interanual del clima relacionada con el ciclo de El Niño, en el Océano Pacífico, que ha proporcionado ya dignas pruebas acerca de la sensibilidad de la salud humana al cambio climático, particularmente en lo concerniente a aquellas enfermedades de las que son portadores los mosquitos.

La combinación de los conocimientos existentes basados en la investigación, la comprensión teórica resultante, y los resultados obtenidos con modelos pronósticos permiten sacar varias conclusiones. Si las olas de calor aumentan en frecuencia e intensidad, el riesgo de muerte y enfermedades graves aumentaría, principalmente para los grupos de personas de edad y los sectores más pobres de los territorios urbanos. El Niño ha demostrado que los efectos de un aumento en las olas de calor suelen verse exacerbados por una mayor humedad y contaminación del aire urbano.

Los mayores aumentos en el estrés térmico se pronostican para las ciudades de latitudes medias a altas, sobre todo en poblaciones o barrios con una arquitectura no adaptada ni acondicionada en términos de ventilación y acondicionamiento del aire limitado. Pese a que las autoridades estadounidenses parecen ignorar el mensaje, los expertos prevén que las olas de calor que afectarán a varias ciudades de EEUU se saldarán a partir de ahora con varios cientos de fallecimientos adicionales cada verano. Es cierto que los inviernos más cálidos y con menos periodos de frío reducirán también la mortalidad relacionada con las bajas temperaturas en muchos países de zonas templadas. Pero las proyecciones estadísticas subrayan que el menor número de muertes durante el invierno se verá abrumado por un número significativamente mayor de muertes en el verano.

CLIMA Y SALUD

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Todos los series vivos (y no somos la excepción) ven su salud influenciada por las condiciones ambientales y meteorológicas del nicho biológico que ocupan. Una temperatura alta, por ejemplo, disminuye el metabolismo y puede propiciar la aparición de trastornos digestivos. La temperatura baja, por contra, activa el metabolismo pero acarrea problemas respiratorios; se tiende a hacer menos ejercicio y a comer más, lo que trastorna muchas veces el peso corporal.

Se conoce que la lluvia empeora los problemas reumáticos y que la sequedad ambiental propicia un aumento de las infecciones. En las regiones costeras, la presión atmosférica es más baja y la tensión sanguínea tiende también a disminuir. La luz del sol combate las depresiones, la osteoporosis y el raquitismo. De manera contraria, los días fríos, húmedos o nublados propician la aparición de trastornos nerviosos, suicidios, crisis epilépticas, insomnio y embolias. La niebla, además, agudiza las bronquitis aunque mejora el asma.

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